El tornado "Z"
Días atrás hablaba yo del petróleo y su historia, y ahora, motivado por aquellas referencias y otras que aportaré enseguida, me he sentido tentado a hacer una comparación.
En pleno frenesí por el «oro negro», en su lejana primera época, corriendo 1865, se hizo famosa la ciudad de Phitole, cerca de Titusville. Hubo allí tan grande concentración de individuos con amplia disposición para la joda, dicho castizamente, que un visitante casual dijo: «Aquí huele como cuando todo un cuerpo de ejército tiene diarrea». La especulación era masiva y la ciudad había quedado, literalmente, contaminada por multitudes empeñadas en las más increíbles acciones delictivas que, además, ni se preocupaban de bañarse de tanto apuro por meter la mano en la lata.
Es, en tiempo presente, como si Eduardo Zaidensztat, director de Rentas, se hubiese metido en una suerte de Phitole muy uruguaya, para emerger, casi sofocado por el mal olor, con decenas de delitos tributarios a denunciar.
Todo está tan podrido por acá, que aquella multitud de especuladores malolientes vendría a ser una metáfora perfecta de este ejército de evasores, malversadores y hasta ex funcionarios corruptos que ha venido dañando, por décadas, a la economía nacional y, por tanto, a la sociedad entera.
La sorpresa ha sido general. ¿Quién hubiese imaginado la magnitud de lo que se está descubriendo y la intensidad del mal olor emergente?
El señor Z está trabajando a destajo y sudando como un beduino. Pero lo hace en silencio, golpeando con velocidad y por sorpresa. Hay que dejarlo hacer; siempre habrá tiempo de advertir si se ha pasado de rosca.
Recuerdo ahora, cual vínculo que algo del pasado construye de pronto con esta conducta de Zaidensztat, nada menos que una frase de Rockefeller, el primero -vaya paradoja-, hablando del criticado secreto de sus acciones: «Todo eso es verdad. ¿Pero qué general iba a enviar por delante una banda de músicos a notificar al enemigo que en determinado momento iba a comenzar el ataque?». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad