"La emergencia del sistema educativo debe tener a la Universidad como locomotora, no como lastre"
«La Universidad tiene una estructura académica y administrativa federada, basada en las profesiones, consolidada por las leyes de 1908 y 1958. Las pocas modificaciones estructurales introducidas más recientemente creación de áreas, por ejemplo- no han mejorado y hasta han agravado parcialmente la situación», explica en su documento que tiene carácter «resolutivo», Roberto Markarian.
Para el docente la creación de nuevos servicios, en especial aquellos que tienen una estructura de «profesiones» han transcurrido «ignorando el espíritu de unificación disciplinario de las áreas»; mientras eso sucede, «la estructura feudal crece y diversas necesidades fundamentales quedan postergadas en los hechos».
Opina que la institución precisa «un vuelco profundo y veloz de la actual situación» y considera que la Universidad de la República tiene que ser capaz de «plantearle al país los caminos de su transformación».
Dijo el docente, que «el Debate Educativo en marcha y la intención reiterada del actual gobierno de promover políticas de ciencia, tecnología e innovación son buenos alicientes para esta discusión». La opinión de Markarian se centra en que si se quiere emprender de una vez la modificación de la actual estructura universitaria, se deberá analizar el proceso económico, social y cultural que «la justificó» y «conocer otras formar organizativas vigentes».
«Considero que nuestra organización universitaria fue extraordinariamente útil, positiva y progresista, para los momentos en que se consolidó. Las condiciones actuales, mundiales y nacionales, exigen no postergar más los cambios imprescindibles de la estructura y organización del sistema público de enseñanza, y de la Universidad en particular», dijo.
Una segunda reforma
El que Uruguay sea el único país de la región que tenga una única universidad pública es para la directora de la Comisión Sectorial de Investigación Científica, Judith Sutz, una «singularidad prolongada en el tiempo por falta de asignación de recursos y quizá de imaginación y de voluntad política para cambiar».
Por otra parte, Sutz considera que «si el país no cambia, a la Universidad se le va a hacer prácticamente imposible cambiar sustantivamente y en su opinión, «la emergencia de un sistema de educación superior público integralmente diversificado conformado por instituciones de acceso gratuito y sistema de gobierno autónomo debería tener a la Universidad de la República como locomotora, no como lastre».
Por su parte el profesor Rodrigo Arocena, aboga por una «segunda reforma universitaria; la transformación deberá ser más profunda, ante todo porque el conocimiento y la educación juegan hoy un papel todavía mayor que ayer en las relaciones de poder y en la desigualdad social. Y la cuestión no es sólo transformar la universidad sino al sistema educativo en general».
Esa segunda reforma debería de colaborar con la generalización de la enseñanza avanzada y permanente, la cual debe llegar a ser accesible a todos, de maneras diversas que permitan combinar educación y trabajo a lo largo de la vida entera.
Para Arocena, se deberán repensar las conexiones entre enseñanza, investigación y extensión y más aún, conectar de maneras nuevas los mundos del trabajo y la educación. *
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