Niñeras eran las de antes
El aviso de marras fue publicado el pasado domingo como destacado, en la sección trabajos pedido del suplemento de clasificados del diario El País. No es extraño hallar entre la multitud de avisos de uno u otro tipo que aparecen cada domingo, las más inusuales solicitudes, o las más llamativas condiciones. Que el mercado laboral se ha vuelto bastante complejo no es novedad para nadie, así, futuros empleadores, sean estos empresas o particulares, van estampando sus exigencias en las breves líneas de que disponen para dar a conocer su pedido.
En este aviso que nos ocupa, se requiere una «niñera» para un «importante establecimiento rural de larga trayectoria en Piriápolis». Allí se puede leer: «Señora sola para integrar a la familia, de confianza, de 40 a 55 años, con cama. Muy buenas referencias, mucha experiencia con niños y buena cocina. Que no fume. Si no es afectuosa y con valores de antes, por favor no llame», y sigue número de teléfono celular. Resultaría un ejercicio interesante, imaginar a las postulantes que llamarían al teléfono celular aparecido al pie del clasificado, intentando explicar que poseen «valores de antes». ¿Cuál sería la medida o el patrón aplicable por parte del futuro empleador?
Lo deseable y lo posible
Una persona interesada en cubrir la vacante se comunicó al teléfono cuyo número aparece en el aviso. Una voz femenina le respondió casi con lujo de detalles, que todavía «no tomamos a nadie, estamos haciendo las entrevistas». Cuando la interesada hizo referencia a las premisas del aviso, la mujer expresó que para ellos, «valores de antes son la honestidad, la simpleza y la franqueza; no es fácil definir la expresión ‘valores de antes’, pero necesitamos a una persona correcta al momento de actuar y que maneje las situaciones con equilibrio». Mientras la señora interesada prestaba oídos, la representante de la familia que solicitaba los servicios proseguía con sus definiciones: «Somos una familia muy tranquila, casera; estamos criando nuestros hijos en el campo porque nos parece lo mejor, entonces queremos una persona simple, así como la gente de campo, para quienes las cosas son blancas o negras». Finalmente, la voz del teléfono dijo que pagaban «5 mil pesos líquidos, con cama adentro y un día libre a la semana». La Maestra Fanny Feldman del Instituto mexicano de Psicoterapia Cognitivo Conductual, dice en el Nº 43 de la Revista Liberaddictus, que «toda sociedad guarda y transmite un conjunto de valores estrechamente vinculados a las creencias, principios éticos y propuestas normativas que han configurado su particular manera de pensar y vivir». Los «valores de antes», pueden representar cosas muy diferentes, tanto para quienes colocan un aviso clasificado con tales pretensiones, como para las eventuales interesadas. Es casi un lugar común decir hoy que «los jóvenes presentan crisis de valores», o que «han perdido sus valores», «ya no tienen los valores de antes», pero tal vez deberíamos tener en cuenta que los valores son conceptos abstractos, y si no los «vemos expresados en acciones concretas, no quiere decir que han desaparecido». Hasta el hombre común lamenta la pérdida de los valores «de antes» y piensa que ahora vivimos una «crisis de valores».
No siempre tenemos una idea clara acerca de los valores. Sin embargo, el hombre no puede vivir sin ellos, pues, de alguna manera, constituyen una orientación para su vida y el sentido para sus acciones. También es oportuno recordar el filme «Diario de una camarera», dirigido por Luis Buñuel en 1964, basado en la novela de Octave Mirbeau.
Allí se relata la historia de la sirvienta de una gran casa en la cual es testigo de las excentricidades de sus habitantes. Celestine, la empleada, ha encontrado un nuevo trabajo en casa de los Lanlaire y decide utilizar su belleza para seducir a un hombre rico y retirarse, trasponiendo los límites difusos que separan a oprimidos y opresores.
Nos quedaremos con la duda de quién obtendrá el empleo del aviso, y cuáles serán los «valores de antes» que se conjugarán entre empleada y empleadores, pero sí sabemos que el aviso en sí, es una señal de los tiempos que corren. *
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