EL DESAFIO DE NACER EN EL URUGUAY DEL SIGLO XXI

Ya no vienen con un pan debajo del brazo

En mutualistas y sanatorios privados de nuestro país nacen cerca de 33 mil niños por año, registrándose, hasta 1999, una tasa de mortalidad de 10 niños por mil nacidos vivos, según datos extraídos del libro «Informe de lo realizado en el período 1995/1999, por el Departamento Materno Infantil del Ministerio de Salud Pública». Mientras que en las maternidades de los hospitales públicos con atención gratuita, los nacimientos ascienden a 23 mil niños, como resultado de una tasa de mortalidad de 19 bebés por cada mil nacidos vivos; estos nacimientos corresponden a las madres provenientes de las franjas más pobres y desprotegidas de la sociedad oriental. La tasa bruta de natalidad es de 18 por mil y la tasa media de crecimiento entre censos de población -1985-1986-, se sitúa en 6,4 por mil habitantes. La tasa global de fecundidad fue de 2,3 hijos por mujer, para el período 1990-1994.

Ya en 1994, según el Instituto Nacional de Estadística, el 12,8 % de los hogares en la Capital del país, vivían por debajo de la línea de pobreza; y en el Interior esa cifra aumentaba a 15,7 %. En los últimos años, en el período 2002-2003, se estima que debido a la gran crisis que sacudió al Uruguay esas cifras se han duplicado.

La reproducción de la población en Uruguay, aún en 1995, descansaba en una gran proporción en los sectores más pobres, los que carecían de sólidos sistemas sociales de protección y apoyo. Estos grupos tenían una tasa de natalidad mayor que la media nacional, pero a la vez una tasa muy superior de mortalidad perinatal y neonatal.

 

Las «eternas» diferencias

En 2002, la tasa de mortalidad estaba en el orden de 15,5 por mil. La composición por edades mostraba una tendencia progresiva al envejecimiento, debido al acelerado proceso de transición demográfica experimentado por el país. Las diferencias se presentaban y se presentan en los diferentes niveles de desarrollo económico-social de los habitantes del país. En lo que respecta a la maternidad, por ejemplo, en 1995 la tasa de mortalidad infantil era de 11,7 por mil en los centros hospitalarios privados; en los hospitales públicos de atención gratuita la tasa de mortalidad era de 22,6 por mil. Para el año 2001, estas tasas de mortalidad habían descendido y se estacionaron en 9,9 por mil en las maternidades del sector privado, y en 20 por mil para los nacimientos en los hospitales del Estado, en donde se asisten los sectores más desprotegidos y cadenciados de la sociedad uruguaya. Descendieron las tasas, pero se agrandan las diferencias. En el Hospital Pereira Rossell, el mayor centro materno-infantil del país, las madres que hacia fines del milenio no controlaban su embarazo constituían el 25 % del total; y la captación del embarazo que se realizaba antes de las veinte semanas era solamente de un 44 %. Comparando las tasas de comportamiento y atención previa, se observa que en los centros de salud privados, la tasa de ausencia de control de los niños dentro de los treinta días de su nacimiento es de un 1,2 %, contra un 25 % en los centros de salud pública.

 

El país del mañana

En el Interior, el 48 % de los recién nacidos en los hospitales públicos con menos de 1,500 gramos de peso, nacían y nacen en los niveles inadecuados de prematurez I y II; en tanto que el 53 % de los fallecimientos de niños de menos de 1,500 gramos de peso ocurrían en el mismo lugar donde nacían, donde no cuentan en general con los niveles de asistencia y equipamiento tecnológico necesarios. El transporte de los recién nacidos desde afuera hacia centros de salud más tecnificados, dígase Montevideo, en el 30 % de los casos se realizaba en malas condiciones, y las complicaciones presentadas al llegar a destino guardaban relación significativa con la mortalidad de los niños mal trasladados. A partir de encuestas, se pudo concluir que en el Uruguay, no obstante un extendido conocimiento sobre métodos anticonceptivos en las mujeres de edad fértil, existen comportamientos diferenciales por nivel educativo y posición socioeconómica atribuibles a la diferente accesibilidad a estos métodos. Por ejemplo, el promedio de hijos por mujer, variaba entre 3,3 entre las que no tenían instrucción y 1,5 entre el total de mujeres que tenían educación superior. Como consecuencia de lo antedicho, la reproducción biológica y social hace que el 40 % de los niños nazcan en un medio con necesidades básicas insatisfechas. El Gobierno instalado en marzo de 2005 ha implementado algunas políticas destinadas a revertir esta situación, como el Programa Infancia, Adolescencia y Familia, cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida e inserción social de 200 mil niños, adolescentes y sus familias, en situación de riesgo social. También resulta sintomático en este sentido, el nivel de cumplimiento de los programas del PANES, implementados por el nuevo Ministerio de Desarrollo Social, como el Plan de Emergencia Sanitaria, que ha establecido como prioridad la atención a las personas y hogares en donde la vulnerabilidad social y las dificultades en el ámbito económico, geográfico y cultural son mayores, entregando el carné de compromiso sanitario a 50 mil familias, por medio del cual podrán controlarse los niños menores de 14 años y las mujeres embarazadas. *

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