El bloque regional es la única forma de negociación equilibrada con los actores económicos internacionales

Los impactos de una gira presidencial

Escrito por: ENRIQUE RUBIO (*)

Martes 09 de mayo de 2006 | 3:03
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La compleja trama de las relaciones internacionales ha enfrentado cambios sustanciales que determinan nuevas realidades. En el mundo de la globalización, terminada la bipolaridad EEUU-URSS dando paso a una unipolaridad cuestionada, convive toda clase de procesos: la agresiva política imperial de los EEUU, la consolidación de grandes bloques económicos regionales, el crecimiento vertiginoso de China y la India, el formidable despliegue de las empresas transnacionales, el desarrollo de una pujante sociedad civil internacional, las discusiones mundiales entre países ricos y pobres o en crecimiento acelerado, los debates globales acerca de cuestiones sistémicas como la energía, el ambiente o las vulnerabilidades financieras y sanitarias, y el acceso al gobierno de los progresismos latinoamericanos. En este mundo es imprescindible participar en un buen espacio regional como un componente estratégico de una inserción internacional diversificada.

Como sustuviera el doctor Carlos Abin en 2004, la inserción internacional progresista debe respetar principios básicos. El principio de realidad, que implica el reconocimiento del mundo tal cual es. El principio de soberanía, del que derivan los de igualdad de todos los estados, de autodeterminación de los pueblos, de no intervención, de equidad en las relaciones internacionales. El principio de la vigencia efectiva del derecho internacional: si los estados son esencialmente iguales, soberanos, independientes y autónomos, los pactos constitutivos del derecho internacional deben ser cumplidos con integralidad. Por último, el principio de integración. Nuestra voluntad de integración regional es parte del legado artiguista y tiene rango constitucional.

 

Reformular el Mercosur

Vemos al bloque regional como la única forma de negociación equilibrada con los actores económicos internacionales. Queremos un proyecto que se apoye en la integración comercial pero apunte a lograr infraestructuras integradas, desarrollos zonales, cadenas regionales, coordinación de políticas y desarrollo de instituciones comunes. No hemos perdido la vocación de integración regional, máxime en la hora de cambios políticos progresistas, pero sabemos que en un proceso de integración se verifican marchas y contramarchas. No alcanza con la voluntad; un punto de partida y un potencial económico desigual, el peso de intereses internos, e incluso las distancias culturales y las historias particulares, dificultan los avances.

Hasta el presente y en lo sustancial el Mercosur no ha pasado de una zona de libre comercio parcial, de importante alcance. Parte de sus logros son políticos, pero es notorio el estancamiento en que estamos, a lo que se suman en perjuicio del país los cortes de puentes y la negativa argentina a la convocatoria del Consejo del Mercosur. Algunos de los problemas de la coyuntura expresan el resurgimiento de nacionalismos estrechos, como parte de la ola reactiva frente a las políticas neoliberales, y también cálculos electorales que procuran réditos de las euforias patrioteras. Por otro lado, nuevos socios, con heterogéneas realidades solicitan ingresos o procuran acercamientos.

Ante esta realidad, el Mercosur debe reformularse. Adaptarlo a esta nueva situación sudamericana, fortalecerlo y ampliarlo, con mayor flexibilidad comercial y proyectos comunes en otras áreas. Menos ambicioso en compromisos comerciales para habilitar que se integren nuevas realidades; pero más dinámico en los grandes proyectos de integración física, financiera, tecnológica, social, cultural, militar o política, priorizando el apoyo a los más débiles. A la integración se llega desde la soberanía de sus componentes, preservando identidades, tiempos y diferencias. La integración es una apuesta ambiciosa para revertir la balcanización política sudamericana que se produjo post independencia, una fragmentación de la cual no estuvieron ajenos los imperios de la época, y que sería imperdonable repetir 200 años después. A Uruguay, que es la sede del Mercosur, le cabe un papel protagónico en el futuro del bloque. De lo que se trata es de construir los grados de libertad requeridos de acuerdo con las posibilidades de inserción que el Uruguay tiene, logrando a la vez mantener el estatuto actual.

Los grados de libertad comercial se los tomaron por su cuenta, como fruto de la imposición argentina, los dos grandes cuando sacudieron el tablero acordando el 1° de febrero último Mecanismos de Adaptación Competitiva por los que condicionan absolutamente el libre comercio interno (arts. 16 y 17). Se debe tener en cuenta que en el camino Argentina se desindustrializó, y pretende revertir el proceso, y que Brasil se agropecuarizó. Los chicos y los nuevos también demandaremos mayor margen de maniobra interno y externo. A veces los intereses coinciden o no con las afinidades ideológicas, pero si concuerdan dan frutos complementarios: pregunten a Norteña, Ancap, Funsa o Cofac.

 

La negociación con EEUU

En este contexto, la política a seguir por Uruguay debe continuar explorando caminos complementarios, y administrar las tensiones entre los mismos: por un lado, preservar el espacio privilegiado del Mercosur, como base de un regionalismo abierto, no excluyente; por otro, desarrollar un bilateralismo múltiple con acercamientos comerciales a todos los rincones del mundo, para aumentar y diversificar las exportaciones, y de esta manera disminuir nuestra vulnerabilidad. Dentro de este esquema es que se inscribe la gira presidencial a los EEUU. Es el paso inicial de una negociación interesante con la mayor economía del mundo. Es un esquematismo inadmisible verlo como la alternativa TLC sí o no; Mercosur sí o no. El punto clave en una inserción diversificada es que unos acuerdos no invaliden otros acuerdos. Por eso fue que se demandó y obtuvo un cambio en el tratado de protección de inversiones negociado que garantizó esa compatibilidad. En el plano estrictamente comercial, hay muchos avances posibles antes de un TLC, en el supuesto de que fuera conveniente para Uruguay y compatible con el Mercosur, y a su vez que EEUU estuviera dispuesto a levantar barreras comerciales que actualmente impone a la mayor parte de los rubros exportados por Uruguay. Si se consigue, más modesta y realistamente, una ampliación de cuotas y mejores condiciones de acceso para nuestra producción será un avance muy significativo. La gira presidencial ha sido fructífera. En octubre, cuando se cierre la negociación, evaluaremos y decidiremos. En relación con EEUU, China u otros, lo que importa no son los nombres sino los contenidos (lo que se incluye y lo que se excluye). De concretarse, este estrechamiento de los vínculos comerciales en nada cambiará el rechazo a la agresividad de la política exterior norteamericana.

 

El efecto indirecto

La gira realizada debe verse como una contribución al desarrollo de una política internacional de relacionamiento multipolar capaz de compatibilizar la integración regional con una inserción internacional y comercial que abarque el mundo entero. Tuvo un importante componente comercial, pero no agotó allí su utilidad. Los que miran octubre sin considerar los 90 días iniciales del Tribunal de La Haya ignoran en qué mundo vivimos. También los que no se dan cuenta de que para reformular el Mercosur hay que jugar fuerte. Tabaré consiguió reposicionar a Uruguay, revirtiendo el impacto negativo (más el intangible que los millones de dólares ya perdidos) de la agresión argentina y el efecto que esta actitud tuvo en la confiabilidad del país frente al mundo de los inversores (¿para invertir en Uruguay hay que pedirle permiso a sus grandes vecinos?). El Presidente reflotó Urupabol, luego se reunió con la “primera división” en lo internacional, d
efendió la justa postura nacional, fue claro y el resultado para el Uruguay fue muy satisfactorio, ya que los contactos realizados lo fortalecen en el conflicto con Argentina, en la OEA y en lo que sigue en Europa. En contraste a la posición de Kirchner, quien efectivamente impidió dramáticamente que Lula o Chávez intervinieran, la actitud de nuestro Presidente fue razonable, reflexiva y de diálogo franco. *

(*) Senador de la República

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