Un gato sobre el teclado
La piba muy joven, estudiante de Ciencias de la Comunicación, apenas que vio al viejo escribidor le hizo la pregunta. Y el que te dije quedó sorprendido ante la duda de su vecinita. «Dígame don Luis ¿antes sólo había tango en Montevideo?» Y aún reconociendo su metejón con el dos por cuatro, la memoria compañera le contó a esa muchacha de otros ritmos y orquestas que también enloquecieron a los montevideanos por la mitad del viejo siglo.
Cuando la Radio América hacía sus famosos «Concursos de Estrellas» auspiciados por los populares Waffles Delta. Esa fonoplatea vibraba con música de todos los pelos. Como era un certamen para aficionados cada uno hacía lo que mejor le salía. Imitadores de Bing Crosby, de Lois Armstrong y no faltaban los seguidores de los Lecuona. El ritmo caribeño al compás de congas y charangas también tenía sus fanáticos en esta tacita del Plata. Las salas de baile además del canyengue comenzaban a meter fuerza con otras músicas. Y los intérpretes eran orquestas uruguayas muy entusiastas como la del recordado Johnny que con la voz de la espléndida rumbera Virginia Raymond te hacían mover el esqueleto de lo lindo. Por Constituyente y Yaro en la pista del llamado «Club de Artistas» ¡cómo vibraban aquellos vecinos! Desde el pequeño escenario aparecía un negrito con su clarinete y todo era aplausos. Era el querido Santiago Luz que con su quinteto de jazz le rendía culto al swing. Hasta los más tímidos se animaban a saltar y reír en aquellos entreveros danzantes que fueron los bailes del recordado «Club de Artistas». La música del Mississippi y de Nueva Orleans también tenía sus seguidores.
Estaban los muchachos de la orquesta de jazz llamada «Indiana Pal’s» que recorrían todos los rincones del viejo Montevideo. También desde el Carnaval aparecían conjuntos que luego seguían de largo y actuaban todo el año en clubes sociales y salones de baile. Así fue la historia de «Los Trovadores de América», un trío vocal que gustaba mucho primero en los esquineros tablados y luego en la fonoplatea de la Radio Nacional. Cuando querías «sambar» como si estuvieras en Río de Janeiro no quedaba otra que contratar a los alegres muchachos de la orquesta «Brasil Pandeiro». Las músicas hispánicas tenían sus baluartes populares en el Club Sevilla y en el Campo Español. Los candombes de Carmelo Imperio, Yorio y Gavioli junto a los de Lalo Echegoncelay hacían retumbar los tambores en el «Agrícola Italiano» de 8 de Octubre y Propios. Así fue que junto con el tango, rey de la noche, también convivieron otros ritmos que con mucho entusiasmo hicieron bailar a los montevideanos de antaño. Y como al compás de aquel popular fox-trox de los años 50 titulado «Un gato sobre el teclado», así surgieron estos picaditos y saltarines recuerdos.
Con más estampas del ayer y toda la música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad