"Pampero": "El mar no se sabe qué te puede dar"
«Toda la vida fui pescador y no lo cambio porque el mar me da todo…, tiene su fuerza y también sus virtudes», afirmó Pampero quien fue sometido a una operación en el corazón que lo inhabilitó a pescar por un tiempo. Exactamente desde los 15 años de edad empezó a embarcarse con el permiso de menor. Leonel Alvarez Olivera «Pampero», tiene 57 años y tres hijos e hizo hasta sexto de escuela. «Si hubiera hecho un año de liceo ahora sería patrón de altura porque tengo tantas millas que si las cuento los números no me alcanzan. Pero para ello precisaría saber matemáticas y ortografía… usted estaría hablando con otro hombre», afirmó. Siempre vivió en La Paloma, departamento de Rocha y le gustaría escribir sus experiencias; «El mar y la dictadura siniestra» sería el título del libro con sus asombrosas historias en el océano.
– ¿Cuándo empezó su vínculo con el mar?
– Me crié junto al agua. Desde que tengo razón empecé a juntar caracoles. Mi mayor emoción era encontrar un caracol difícil. Alcancé a tener una colección de 2.350 -queda pensativo-; y un día la vendí por 33 mil pesos uruguayos.
– ¿Cómo es un día en el mar?
– El viaje a alta mar suele ser de 15 días. Los primeros tres y cuatro días se vive para el «juguete», chistes, risas…, después se empieza a extrañar y a quedar solitario, pero la amistad sigue igual. Se va pescando…, se sacan cuatro mil cajas de pescado que contienen entre 25 y 30 kilos cada caja. Un día antes de llegar al puerto se limpian las cajas. Después tenés la pesca artesanal de costa o la de palangre -cada palangre tiene cien anzuelos-, se coloca a la 1 de la mañana y se vuelve a las 9 horas del otro día. Allí sacamos entre 1.000 y 1.800 kilos de pescado. Aunque la pesca es un trabajo muy arriesgado porque de pronto pescás bien y otras veces no.
– ¿Tiene alguna anécdota de su travesía en el mar?
– Muchas…, le cuento la de la «Andariega», una barca de nueve metros con motor gasolero, que podía cargar hasta once toneladas. Viajábamos ocho, más el capitán -que no servía para nada-. Llevábamos catorce mil kilos de tiburones. En ese momento pensábamos en toda la plata que íbamos a ganar. Enseguida se levantó un viento bravo. El agua nos llegaba hasta los tobillos y no queríamos ver que el motor en vez de chupar gasoil, chupaba agua. Seguía soplando fuerte, el motor se apagó y tuvimos que tirar todo al agua para quedar livianos a la deriva.
– ¿Tenían radio para pedir auxilio? ¿Tenían miedo?
– No teníamos radio porque al apagarse el motor se jodió la batería. Pasaron las 12 primeras horas y nada; estábamos tranquilos a pesar de que veíamos que el barco se adentraba cada vez más en el océano. Luego no habían pasado dos días para que la tripulación destituyera al capitán que nos había hecho tirar como veinte veces el ancla, cuando la profundidad no daba.
– ¿Contaban con agua y alimento?
– La comida que habíamos llevado dio sólo para un día al igual que el agua, lo peor de todo era el hambre y la sed. Nos parecía que nos encontrábamos en Brasil luego de cuatro días. Empezamos a ver un arco iris delante de los ojos y después nos dijeron que era natural cuando había hambre. Mientras tanto dormía en un rincón del barco. Hasta que al sexto día vimos tierra, incluso antes nos cruzamos con un barco que nos vio y no hizo nada por nosotros. Luego me acordé de algo que había visto y prendimos el motor que nos arrimó a la costa. Empezamos costeando hasta llegar al muelle de La Paloma, pero creemos que era del lado brasileño y seguimos hasta llegar a tierra.
– ¿Había andado tan lejos alguna vez?
– Anduve cerca de las Malvinas en busca de merluza, muchas veces nos encañonaban los ingleses para asustarnos. No podíamos pasar del paralelo 39 para abajo. Incluso nos quisieron poner una multa de un millón de dólares. Además de encontrar estrellas de mar y caracoles encontramos muertos, la Policía y Prefectura decían que eran chinos. Pero no tenían nada de chinos, si eran parecidos a nosotros.
– ¿De dónde venían?
– Los tirarían los milicos en la costa argentina o en ésta, y el mar los traía; fueron más de cien cuerpos. Medían entre 1,70 y 1,80, traían las muñecas atadas y los miembros quebrados. Otros tenían separada la cabeza del cuerpo. Todos presentaban síntomas de tortura; uno después de verlos quedaba mal.
– ¿Qué pasaba con esos cuerpos?
– La gente avisaba a Rocha y los venían a buscar, los envolvían en una lona y los llevaban. No sabemos si los enterraban o no, pero lo que estaba claro es que a las autoridades no les interesaba que estuviéramos al tanto.
– ¿Cuando venían los policías a retirar los cuerpos, los interrogaban a ustedes?
– No, levantaban los cuerpos y se iban. Si no preguntaban es porque sabían de dónde salían, supongo. Cada ocho o nueve realizaban un parte: «En la playa apareció un chino», o «en la costa se encontró un coreano», cosa que no era cierta, sino que eran torturados desde Argentina y los tiraban al mar y después la corriente los traía para acá.
– Cambiando de tema, ¿cómo ve La Paloma hoy en día?
– Ha cambiado en un 90%, se está explotando la pesca por barcos chinos que están desde 2004, tanto en verano como en invierno. El ex presidente Jorge Batlle dijo en ese entonces que existía un convenio entre los países del Mercosur por eso también vemos barcos de Brasil. De esta forma se están destrozando los pisos marinos. A su vez, la pesca artesanal se está terminando. Esto se debe a que los pisos del mar se rompen por las grandes redes, estropeando los comederos de los peces, es su alimento y por eso se aleja el pez. También cambió el lugar geográfico, el paisaje, ya que hay más casas y menos árboles. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad