EL "WHORING" SE HACE MODA EN EL MUNDO

¿Usted le pagaría a su mujer para tener mejores relaciones sexuales?

La traducción del término inglés, es algo así como «puteando», aunque en una acepción más vinculada al comercio carnal, que al placer o a la promiscuidad.

La tendencia, nacida en Estados Unidos, expandida ahora en Europa, y llegada hasta donde es dable saber a Buenos Aires, se resume al axioma, sexo por dinero aunque dentro del matrimonio.

¿Pagaría usted por tener sexo con su esposa? ¡Un momento! No es una broma. Es decir, ¿pagaría usted por tener una buena sesión de sexo con su esposa con niveles de aceptación de roles o acciones del nivel que es posible alcanzar con una prostituta? Por supuesto que parece bastante más complejo. Pues de eso se trata. Por supuesto que este planteamiento no alcanza al común de los mortales, y tal vez, menos aún a los que tienen sexo como Dios no manda en casa, placer de inmortales, si es que los hay.

La experiencia estadounidense, que ahora los sociólogos comienzan a estudiar y sobre la que los sicólogos ya dan respuesta, tiene como base indudable el afán monetarista de estos tiempos. Según los testimonios, el origen de la cuestión está en la aparente imposibilidad para buena parte de las mujeres de congeniar el agobiante ajetreo diario, con relaciones sexuales satisfactorias para sus esposos. Más aún, con el correr de los años el deterioro natural del compartir físico lleva a muchas a negarse sistemáticamente a tener sexo con sus esposos, o a hacerlo de manera tan conformista que ellos comienzan a optar por otra cosa. ¿Cómo alguien descubrió la posibilidad de estimular la iniciativa sexual de su esposa mediante dinero? Vaya uno a saberlo. Lo concreto es que el acuerdo marital en que la mujer recibe dinero, u otros estímulos materiales, a cambio de sexo como el hombre quiera  o hasta donde ambos acuerden  funciona en el hemisferio norte, con tal expansión que las publicaciones comienzan a ocuparse del asunto en forma masiva.

 

¿Y en Uruguay?

Aunque el cronista confiesa públicamente tener tan buen sexo con su mujer como es posible, a lo que se suma después de esta confesión escrita una cena con mi plato preferido, lo concreto para esta nota es que consideraría imposible pagar. O más aún, tener con qué, pagar por favores de máxima sofisticación, con una idiosincrasia uruguaya de cuna, a la cual el asunto le parece tan disparatado como tal vez le pueda parecer al lector.

En ese escenario, la sicóloga y sexóloga Carolina Villalba, co-conductora del programa: «Por arte de sexo» de TV LIBRE, dijo a LA REPUBLICA que «el whoring es una especie de modalidad de juego sexual que ha surgido últimamente en algunas partes del mundo y parece estar acercándose a el Río de la Plata. En principio podemos considerarlo una práctica donde un miembro de la pareja le ofrece dinero a la otra parte, a cambio de distintas prácticas sexuales. Este juego, daría poder de pedir lo que quiere al que paga, y esto parece ser lo más atractivo de la propuesta».

Acerca del aparente machismo absoluto de la cuestión, y de los límites posibles, la especialista entendió que «en esta modalidad ambos miembros pueden proponer el pago, y los límites seguramente quedarán prefijados de antemano. Podríamos decir que es «el juego de la prostitución», si es que corresponde el término. Consultada sobre eventuales juicios de valor, descartó que «como juego sexual», el asunto tenga aspectos negativos. Para ello entiende sí, como requisitos imprescindibles cinco aspectos: «Primero, que ambos miembros de la pareja estén totalmente de acuerdo en llevarlo adelante. Segundo, que la práctica no se convierta en exclusiva, es decir que si el pago se convierte en excluyente para que se presente el deseo y la excitación, y no se presenta en otras situaciones, configura un problema.

Tampoco debe generar malestar, antes, durante o después del hecho, en algún miembro de la pareja.

Por supuesto que la actividad no debe involucrar a menores o personas que no sean conscientes de sus actos, y en quinto y último lugar que su práctica no provoque problemas laborales, sociales, legales o familiares. En cuanto a la aparente similitud que el asunto parece tener con la prostitución, la sicóloga consideró ello un «tema humano muy problemático, pero más allá de esto, está vinculado en algunas personas a sus fantasías sexuales; algunos pueden manifestarlo y otros no. Es válido que uno con su pareja, en la cama, pueda dar rienda suelta a sus fantasías, jugar a ser bombero, policía, enfermera, mucama o prostituta, en realidad estas son propuestas que muchas veces enriquecen a las parejas que disfrutan de ellas; de hecho, proponer juegos de fantasías es parte de la estrategia terapéutica que aplicamos a los pacientes, ante diferentes disfunciones sexuales en el consultorio. Sería como quienes optan por prácticas como el ‘swinger’ o los tríos sexuales.

En realidad los problemas que pueden generar estas prácticas suceden cuando no se contemplan los puntos que vimos antes, que son ineludibles.

Si esto sucede, pasa que lo que se planteó como diversión, termina siendo un problema, que nada tendrá que ver con el placer. Divirtámonos, pero en un marco de respeto a uno mismo y al otro, y si vamos a jugar atendamos bien las reglas». *

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