MEVIR BAJO FUEGO EN SARANDI GRANDE

Viviendas incendiadas por cortocircuito provocan alarma entre los vecinos

Y en los últimos seis meses dos hogares de Mevir, en Sarandí Grande se han incendiado a consecuencia de cortocircuitos. La investigación de LA REPUBLICA ha arrojado luz sobre un tercer caso de Mevir en la zona rural cercana a nuestra ciudad: un cortocircuito dio inicio a un foco ígneo que fue apagado de inmediato. Los accidentes involucran a tres construcciones de Mevir en poco tiempo. Es mucha coincidencia, dicen los vecinos. Es mucho siniestro, dicen los perjudicados.

El primer caso tuvo trascendencia a partir de beneficios organizados para favorecer con dinero y útiles a la familia Correa  Imbert, la que felizmente ya ha reanudado su vida normal. Sufrieron el incendio, y lo superaron.

Pero el viernes de la Semana de Turismo nada hacía presagiar la tragedia en la vivienda de Adriana Valdez, en Mevir Sarandí Grande.

«Eran las 12.30 más o menos de la noche y el incendio se originó a partir de un cortocircuito, eso nos dijeron los Bomberos en su informe. También nos dijeron que la instalación está toda mal hecha, y ese informe ya fue a Mevir». Las palabras pertenecen a la acongojada Adriana Valdez, madre de muchos niños actualmente separada de su esposo.

 

El fuego que todo lo quema

El escenario donde nos cuenta su drama no puede ser peor. La casa chamuscada, los techos quemados, el mobiliario inexistente, las ropas apiladas en un solo dormitorio, el baño negro, todo incinerado. Nada sin quemar.

«Nosotros no habíamos tocado nada, no había nada enchufado en este cuarto en ese momento. Inclusive los chiquilines no tienen Family Game, habíamos puesto la instalación de TV Cable pero nunca la usamos, el único televisor blanco y negro estaba siempre en el comedor, no se usaba nada eléctrico aquí adentro».

El fuego se llevó primero un ropero grande cargado de ropa de los niños, era el mueble más cercano al enchufe donde se originó el problema. «Tomó fuego la ropa de ellos y la mía, la cama de las chiquilinas, el colchón, las frazadas, el techo donde no quedó ninguna chapa, las ventanas explotaron, luego el fuego siguió para el baño donde no quedó nada, reventó el calefón. En definitiva fueron el baño y dos piezas que ardieron en su totalidad, también el techo de la cocina y una de las chapas del comedor».

Lo que lamentan son pérdidas económicas, no hubo que sufrir daños en las personas porque «felizmente en ese momento no había nadie».

En el domicilio de Adriana se amontonan ropas que se salvaron, donaciones de algunas personas que ya comenzaron a ayudar, niños y sufrimientos. Porque a las penurias económicas de la familia, se suma un incendio que arrasó con todo.

En el lugar podemos apreciar los cables chamuscados, el plástico de la instalación derretido, los techos rotos y el cielo que amenaza con llover. Es la hora de la solidaridad. La misma lluvia que cayó y que obligó a la asistencia humanitaria de algunos vecinos. «Nos llevamos a los niños a dormir en otro lugar, porque allí es imposible», dijo alguien que prefirió seguir en el anonimato.

La familia ha obtenido la ayuda de los vecinos en cuanto a ropa, calzados «y después más nada. Preciso cuatro camas, colchones y cobijas, algún ropero para los pequeños».

Como no ha podido realizar trámite alguno, porque «hasta que no venga Mevir no podemos hacer nada, estoy esperando que me digan; llamé enseguida y también llamaron desde Mevir Sarandí pero hasta el momento no he recibido la visita. Quedaron en venir enseguida pero nada».

Los antecedentes indican la solidaridad de Mevir en caso de incendios por cortocircuito, donde el Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural se encarga de la restauración total de la casa-habitación.

El tema de la consecuencia de tantos incendios en Mevir  que ya suman tres si se agrega un cortocircuito en la vivienda propiedad de la familia González, de Mevir rural, en la zona de Piedras Coloradas cercana a la Escuela Nº 86  ha sido tema de conversación entre los vecinos. Si bien este tercer caso no tuvo trascendencia, no figuró en los partes policiales ni de Bomberos, se pudo establecer que existió y que personas allegadas a Mevir tuvieron acceso a la información.

«Pienso que debemos hacer alguna reunión por el tema, supongo que los vecinos estarán a la expectativa», comentó Adriana.

 

Una larga espera

Adriana precisará un lugar donde vivir con sus hijos cuando llegue la ayuda, cuando comience la reconstrucción. Algunas personas ya iniciaron los trámites para que puedan asistirse en el Salón Comunal del Movimiento durante el tiempo que insuman las tareas. Adriana no tiene trabajo, cuenta con la retención del sueldo del padre de sus chicos. «Poco y nada, porque uno debe pagar luz, agua». Tiene un hijo de 3 años, tres nenas de 6, 8 y 9 años y dos varones más grandes, de 11 y de 13 años.

Adriana mira desconsolada hacia las paredes y añora los tiempos en que decoraba los cuartos de sus hijos, los tiempos en que el blanco predominaba sobre los cuadros infantiles, sobre las mantas coloridas, sobre las risas.

A los diez días de haberse producido el siniestro, Mevir no se había hecho presente en el domicilio siniestrado, lo que demoraba a su vez la intervención de UTE. Una vez más, la burocracia prima sobre la necesidad.

Una vez más, una mujer espera una solución. Hoy sus hijos lloran y llora Adriana mientras dice, «solamente espero que a nadie le toque vivir esto, es horrible». *

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