Panorama auspicioso
Eso es así y no hay marcha atrás. Después de la conferencia de prensa, no habrá necesidad de que salgan Nin o Brovetto a desmentir, aclarar, rectificar o interpretar declaraciones del Presidente. Acostumbrados como estamos a dichos y desdichos, a ambigüedades, equívocos y aparentes contradicciones, corresponde rescatar alguna certeza como la de que los presidentes se reunieron y acordaron algunas cosas. Pero para que no nos acostumbremos demasiado a las certezas, todavía queda la incertidumbre de si el gobierno quiere o no quiere un te-ele-ce con los gringos, qué va a pasar con el Mercosur, y otras minucias por el estilo.
Lo que importa es que después de la cumbre nos vamos para arriba: incrementaremos lazos comerciales y de amistad con la gran nación del norte. Pero nunca faltan los descontentos de siempre, y empiezo a oír voces destempladas que se alarman por el realismo y el pragmatismo que supuestamente van desplazando de la agenda gubernamental algunos compromisos incómodos y rémoras de viejas consignas. Son los que sostienen que el pensamiento único ha atrapado al gobierno y que éste ha hecho suya la consigna de que lo posible es lo debido; que el mundo camina en cierto sentido y que no hay otra alternativa que seguir la senda trazada por la globalización. No entienden que tenemos que atraer inversiones y lograr nuevos mercados, y para eso, el mejor camino –el único posible– es un tratado de libre comercio con el gran patrón. Y si ese tratado implica la ruptura con el bloque regional, mala suerte: renunciaremos al estatus de miembro pleno para pasar al de estado asociado. ¡Qué tanto amolar!
Claro que en tren de asociarse, más valdría ser un estado libre asociado pero no al Mercosur sino directamente a EEUU. Y de ese modo nos vendría de perillas el poema de Nicolás Guillén referido a Puerto Rico: «Â¡Qué suave honor andar del brazo, brazo con brazo del Tío Sam!»… Y encima tendríamos ciertas ventajas sobre Puerto Rico, porque los uruguayos tenemos un color de piel mucho más cercano al blanco que el de los mestizos y zambos de la isla caribeña, y nuestros representantes en el Congreso estadounidense no desentonarían con los caucásicos.
Pero en fin, no quiero soñar y prefiero abandonar las utopías para centrarme en la realidad de hoy. Estamos en camino de aumentar nuestras exportaciones cárnicas, lácteas, textiles y de software, según se desprende de los resultados de la cumbre. Sería para tirar cohetes si no fuera que el senador Eleuterio Fernández nos advierte en su contratapa de ayer de que se nos agota el stock bovino. Entonces uno tiene derecho a preguntarse si definitivamente dejaremos de comer carne de vaca, sea porque el precio se multiplicará o porque directamente volveremos a la vieja práctica de las vedas. En fin, el pragmatismo nos aconseja aceptar mansamente las cosas como son y regocijarnos porque los sufridos y abnegados frigoríficos exportadores incrementarán sus ganancias; es ahí que se origina la riqueza, y no en las aulas, las comisarías o los hospitales, ¿no es así, Danilo? Alguien se tiene que joder, y lo mejor es que se jodan los más jodidos; total, ya están acostumbrados.
Pero no nos tomemos las cosas a la tremenda, que no todo son espinas: algunas rosas hay. Por ejemplo, podremos exportar software, una exportación no tradicional emblemática si las hay. Todavía no pude enterarme de la cotización internacional de este producto, pero calculo que con la sequía que estamos padeciendo, el precio FOB de la tonelada de software andará por las nubes porque las cosechas no fueron buenas; es una ley económica, ¿vio? cuanti más escasea, más caro hay que pagarlo.
Me dijeron, también, que Bush estaría dispuesto a comprarnos todas las bicicletas que no pudimos colocar en Argentina.
Pero creo que lo más estimulante es la posibilidad de exportar no sólo jugadores de fútbol (una práctica comercial de larga data) sino, además, directores técnicos, dirigentes, árbitros, contratistas y barras bravas. Dicen que quieren aprender a jugar al fútbol y a manejarlo como en Uruguay, cuatro veces campeón mundial y con el antecedente de Maracaná por si fuera poco…
Como contrapartida por este favor que les hacemos a los gringos, Bush se comprometió con Tabaré a gestionar ante la Unesco el reconocimiento oficial de la nacionalidad uruguaya de Gardel; será un durísimo golpe a Kirchner y la prepotencia piquetera contra las plantas de celulosa.
Por eso le digo, amigo lector: festejemos, uruguayos, festejemos, que después de hablar con Bush, nos vamos para arriba y no nos para nadie. *
(*) Periodista
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