No va más
Ha llegado la hora: Uruguay tocó por fin varios de sus más vitales límites. Hoy por hoy tenemos toda la carne vendida. Por más que aparezcan nuevos mercados (que aparecen cada día), NO TENEMOS MAS CARNE.
Es más: en estos días se han batido los «récords» de faena en los frigoríficos, llegando a las sesenta y dos mil cabezas por semana. Cuando estábamos en cincuenta mil, como el año pasado, ya caminábamos por la cuerda floja de límites infranqueables para cualquier rebaño que quiera seguir existiendo.
La actual cifra (una hazaña de los trabajadores de la carne) tiene una sola explicación: la sequía en el norte obliga a matar.
Pero ojo, estos son problemas de los buenos: tenemos más clientes que carne. Hay trabajo en los frigoríficos.
Con un procreo de un poco más del sesenta por ciento (lo que es calamitoso en cualquier ganadería seria) la pradera uruguaya, tal como está, llegó a su límite.
Mejorar esa tasa de reproducción es muy fácil pero, además, hay que mejorar el campo para que pueda soportar la carga de más novillos.
Se debe INVERTIR y, como todos sabemos, en Uruguay tenemos una burguesía campestre guapa para el cuchillo pero maula para el bolsillo: teniendo mercado y precio, como tiene, no invierte tres pesos ni que vengan degollando. Prefiere, como siempre, comprar más campo o, si no hay campo, depositarla en el exterior.
En realidad no son empresarios: son burócratas. Una cierta especie extravagante de empleados públicos.
En Uruguay hay más empleados públicos de lo que se cree.
Obviamente, nos estamos refiriendo a los grandes; los medianos y los chicos, endeudados por desgracias pretéritas, necesitan créditos blandos para dar cara a esta brillante oportunidad y a la amenaza de que los grandes se les queden por pocos pesos con el campo. Este es uno de los dramas de Uruguay hoy.
Pero también tenemos vendida toda la leche de Uruguay y, según dicen algunos, por un año y medio para adelante…
El problema es que nos piden más leche (obviamente hablamos de leche y sus productos derivados). Este es otro «lindo problema»: ojalá siempre tengamos problemas así. Nos piden y no hay.
En este caso, para resolverlo, falta tierra: los tamberos uruguayos necesitan más tierra y tenemos que ayudar a dársela.
Pero volviendo al principio, el «límite» más grave de todos es el energético. Nos va la vida en él. Y nos va en muy poco tiempo.
Hemos agotado las grandes posibilidades hidráulicas de generar energía eléctrica (queda disponible mejorar el rendimiento de las actuales grandes represas y la construcción de minirrepresas que, incluyendo la de Centurión en Cerro Largo, no serán decisivas (aunque son importantes) ante el problema que tenemos encima.
Incluso nada de lo anteriormente dicho será posible sin energía. Pero, y aquí está el problema, nada será posible sin energía PROPIA.
No podemos, ni por un minuto más, trabajar como se trabaja para seguir siendo tan dependientes en materia de energía.
En eso no podemos ni debemos ser dependientes de nada ni de nadie en la medida de lo humanamente posible. Las crudas experiencias actuales, que están a la vista, nos lo gritan en la cara. El panorama mundial que se avecina en esa materia será de lucha despiadada. Por lo tanto, el que no se autoabastezca, y mucho más si es chico, quedará al margen… Es decir marginado, excluido, superfluo, sobrante, descartable… Como algunos barrios de San Pablo o algunos países de Africa.
Si optamos por seguir burocráticamente haciendo lo que se viene haciendo, lo más honesto sería que el Ministerio de Industria, Energía y Minería nos propusiera seriamente ser un estado de Brasil o, en su defecto, organizar nuevamente, pero por otros motivos, el Exodo del Pueblo Uruguayo, esta vez a Barcelona. En realidad ya se viene haciendo «por la libre»: nosotros propondríamos en el caso que venimos analizando hacerlo OFICIALMENTE.
Irnos al ostracismo hacia tierras de maná, leche y miel.
Irnos con el gobierno y con la oposición y con todo. Nos vamos hasta con Larrañaga de a caballo, muy organizadamente, negociando los pasajes y otros menesteres al por mayor.
Dejarnos, por fin, de joder con la pretensión de seguir siendo una nación con país y con Estado: optando por ser una nación sin territorio y sin Estado como los gitanos y los hutus, y tantas otras muy respetables etnias. Volver a ser nómades como los charrúas y como los uruguayos y a vivir en tolderías como en los asentamientos. Sólo que, para no ser menos, a nivel universal: acampar en Sydney, en Brooklyn, en Vancouver, en Gotemburgo, en Vallecas, en Roma… Exijamos en la FIFA ser una selección extraterritorial (como ya lo somos cuando lo somos), tipo zona franca.
Vivimos momentos revolucionarios y convulsivos. El precio del petróleo, en su tendencia alcista, irá despertando miles de demonios. En nuestro muy concretísimo caso como país la principal fuente de energía PROPIA (salvo la nuclear) será la TIERRA.
No habrá otra. Y si bien ello apunta soluciones también exige serias precauciones.
Uruguay necesita un urgente debate sobre energía. No se debe descartar en él la consideración de la energía nuclear. En realidad no se debe descartar nada.
Debemos apelar a todas las fuentes de energía conocidas (y a conocer), pero poniendo énfasis primordial en las sustentables y en las nuestras: las que nos garanticen la máxima independencia posible.
Lo mismo con relación a todas las tecnologías actuales o futuras de acumulación de energía.
En ambos casos, comenzando el trabajo desde la escuela primaria. Se deben tomar medidas muy severas de eficiencia energética pero PARA SIEMPRE. De ninguna manera sólo en el caso de crisis puntuales. La crisis mundial llegó para quedarse. Hay que cambiar el modo de construir las casas y de usar el transporte. Se requieren cambios REVOLUCIONARIOS. Esto no se arregla con parches.
La consigna debe ser diversificar y DESCENTRALIZAR. Lo LOCAL pasa a ser decisivo.
Este es un problema de Seguridad Nacional por lo que integra un Capítulo vital de la Defensa Nacional. Toda la Potencia Nacional disponible debe ser movilizada y puesta en la batalla para resolver este problema gravísimo.
La tierra destinada a producir energía (sin olvidar la fotovoltaica, la eólica, la térmico-solar, la geotérmica proveniente de las aguas termales, debe ser definida y priorizada en un Plan Nacional de Ordenamiento Territorial que, como se ve, debe ser la expresión de hondas consideraciones estratégicas.
No deben escapar a ese plan las aguas fluviales, lacustres y marítimas ni las instalaciones de todo tipo que puedan radicarse en ellas.
Por lo tanto, parece obvio, que de ahora en adelante no puede ser enteramente libre la exportación de recursos energéticos. Por lo menos cabe pensar que ella sólo podrá realizarse cuando se hayan cubierto las necesidades propias. *
(*) Senador de la República.
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