El aislamiento cultural
El mundo está lleno de pueblos que viven en el aislamiento cultural. Esos pueblos piensan que son los únicos que padecen los problemas que hoy acosan a la gran mayoría de la humanidad.
Se pueden utilizar ejemplos de cualquier naturaleza: hambre, pobreza, privatizaciones, inflación, huracanes, guerra, insurgencia, corrupción, pésimo fútbol, militarismo, politiquería, mala cocina. La lista podría ser larguísima.
Pero hoy se puede hacer un importante anuncio mundial: todos esos problemas tienen solución. Increíble pero cierto, como usted lo lee, aunque no lo crea, de Ripley. La lista se puede resolver rápido y ni siquiera hay que gastar plata.
Como el agujero del mate, alguien tuvo que inventarlo primero. Ese pobre tipo debe haberse pasado años mirando la pequeña calabaza por todos lados hasta que, eureka. Desde ese día le copiamos todos, en segundos. Pero si nunca hubiésemos visto un mate, seguro que nos pasábamos los mismos años para inventarlo.
La siguiente historia también es verídica. En un pueblo perdido de la costa pernambucana, un forastero conoció a un pescador que se pasaba largas horas mirando el horizonte. El forastero le preguntó por qué miraba tanto el mar abierto. El viejo pescador respondió: «Olha aquí, cara, a dos metros de la costa, la gente pisa el fondo sin problemas. A diez metros, también pisa el fondo pero un poco más profundo. A cincuenta metros, igual. Yo pienso que el mar deber tener fondo hasta que se pierde la vista.»
Según como me lo contó el forastero, éste le explicó al pescador que, correctamente, había fondo hasta en la parte más profunda del océano y que después el fondo empezaba a subir hasta que del otro lado del mar, aparecía otro país. Y le mostró libros con dibujos y fotos.
Más tarde el viejo pescador se empezó a interesar por otros problemas del lugar. Por ejemplo, el precio que pagaban los intermediarios por el pescado y, ya que estaba, porque la alcaldía estaba siempre manejada por la misma gente. Un día el viejo pescador apareció con un agujero en el mate y la historia cumplió así una vuelta completa.
Algunas soluciones son difíciles de encontrar: dependen mucho del conocimiento. Otras dependen solo de los intereses creados. Ahí está el meollo del asunto.
Muchos años después se estableció en el pueblo una gremial de pescadores y cuando se hablaba de cooperativizar la pesca, el mundo se globalizó. De pronto, se instaló en el puerto local una empresa multinacional que creó empleos, pagó bien, trajo escuelas, bancos, financieras e impuso condiciones. No hubo más remedio que adaptarse.
Pero la historia del viejo pescador sigue sirviendo. Cada uno propone soluciones de acuerdo a su conocimiento y sus intereses. En el pasado esos intereses se resolvieron con un palo y sin inteligencia.
Uruguay se autoincluyó entre estos últimos y el sistema no solo trajo su aislamiento con el mundo, sino del mundo con Uruguay. El estancamiento continúa aún hoy, a veinte años de la vuelta a la democracia. Como decía el tango: «Que veinte años no es nada» .
Durante ese período Uruguay mató el diálogo político entre sus sectores y cortó de raíz su relacionamiento con el mundo en lugar de buscar soluciones duraderas de acuerdo a los intereses de la población. No basta con saber dónde pueden estar las soluciones. Hay que convencer a la gente de cuál es el camino a seguir, con argumentos.
Dentro de los cientos de países que comprenden las Naciones Unidas es posible encontrar ejemplos de los mismos problemas, algunos bien solucionados otros mal. Con la información de internet al toque ya no tenemos excusa: está al alcance de todos.
En Rusia, Argentina y el Reino Unido, algunas privatizaciones se hicieron mal, otras bien. Hay que ver porqué. También hay otras naciones para el estudio: Suecia, Finlandia, Nueva Zelanda, Lituania, Polonia, Ucrania, Cuba, Estados Unidos, Nicaragua, Brasil, Venezuela, Bolivia, Chile, Irán, Israel. Hay que estudiar todo. Hay que saber todo. Hay que leer todo. No hay que tenerle miedo a nada.
También está el caso de Irlanda que con poca plata pero mucha inteligencia encontró un camino propio. Su comercio y su industria turística están hoy en auge. Bastaron solo tres cosas bien vendidas para atraer visitantes a la isla: la cerveza negra Guinness, la danza tradicional modernizada Riverdance y, por último, las ventajas impositivas para cualquier empresa internacional que buscase una base sin problemas y con buen estilo de vida.
En Africa están Zimbabwe y Sudáfrica, como dos ejemplos opuestos; al norte, Tunisia y Marruecos. En Asia, están Malasia, China, Vietnam, Hong Kong. Hay un mundo de ejemplos. Algunos buenos, otros no tanto.
Si hay algo para aprender de todos ellos, hay que saberlo enseguida. Un pueblo con inteligencia y sensibilidad no le tiene miedo a nada. El verdadero problema no está en las soluciones sino en el tipo de sociedad que se busca: desarrollo con justicia social, libertad con independencia, progreso con responsabilidad, solidaridad.
Uruguay tiene un desarrollo atrasado acumulado de cuarenta años. Ahora llegó el momento de la verdadera discusión comunitaria realista, transparente y democrática. Ya no hay excusas: encaremos los temas con un conocimiento cabal de los intereses de cada sector. Se precisan todos los sectores. Hay que acomodarlos a todos. Se llama «comunidad de intereses».
Uruguay va ahora a la búsqueda del gol. Ese será el día que se enterrarán finalmente los fantasmas del pasado. Los fantasmas de la corrupción, la politiquería, la dependencia mental, el militarismo, las injusticias, el palo, la muerte. *
(*) Corresponsal en Londres
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