La "Biblia" latinoamericana

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, que tomó del checo Jan Neruda el apellido del pseudónimo que le sirvió para ocultar a su padre sus precoces actividades poéticas -sólo desde 1946 se llamó oficialmente «Pablo Neruda»-, nació en 1904 en Parral, en el lluvioso y frío sur de Chile, y se crió en el centro provincial, Temuco, donde su papá, enviudado, se casó con la que el poeta recordaría cariñosamente en el Memorial de Isla Negra con el chilenismo de «mamadre». Las más claras estampas de la niñez del poeta están en «La frontera», de «Yo soy», final del «Canto general»; «Mi infancia son zapatos mojados, troncos rotos / caídos en la selva, devorados por lianas / y escarabajos, dulces días sobre la avena, / y la barba dorada de mi padre saliendo / hacia la majestad de los ferrocarriles». El padre, maquinista de un tren de reparaciones, sería recordado también como el que llevaría al niño el primer hálito de la lucha contra la miseria, algún día raíz de la poesía social de Neruda. Para su amigo Mikis Theodorakis, «el Canto General es La Ilíada, la Biblia de Latinoamérica». Cuenta el músico griego, que fue invitado oficialmente a Chile, por el entonces presidente Allende y en Valparaíso «escuché una versión musical del Canto General. Los versos de Neruda impresionaban muy profundamente a la gente. Esa fue para mi la inspiración inicial. De manera que fui donde mis colegas y les dije: `He decidido componer mi propia versión del canto General`. » Al día siguiente, Theodorakis fue invitado a una comida con Salvador Allende, a quien le contó su proyecto. «De inmediato fue a su biblioteca -cuenta Mikis-, tomó dos libros del Canto, me leyó varios pasajes, escribió una dedicatoria y me los regaló. Volví a París y comencé a musicalizar el texto desde el principio». *

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