"Cuando Astori, Mujica o Larrañaga opinan sobre la Universidad, acá hay gente a la que se le paran los pelos"
–¿Cuando asumió el decanato en qué condiciones estaba la Facultad de Derecho?
–La Facultad tiene un problema doble que la singulariza un poco frente a la mayoría de las otras facultades. El primer problema es el de la superpoblación. Por un lado es afortunado, eso significa que cada vez accede más gente al nivel universitario, pero malo para la Facultad, en tanto no venga acompasado de una provisión de recursos, llamémosle presupuestales, que no son suficientes para atender esa cantidad de estudiantes. El segundo problema es el tema presupuestal que no alcanza para cubrir las necesidades del servicio.
–¿Cuál es el presupuesto asignado?
–En realidad, para decirlo de una manera muy global, aproximadamente el tres y «un poquito por ciento» de todo el presupuesto universitario. A pesar de que la sexta parte de los docentes de toda la Universidad están en esta casa de estudios. Entre la cuarta y la quinta parte de todos los estudiantes de la Universidad están en esta casa de estudios. El promedio de nuestros docentes en cantidad de horas retribuidas no llega a diez horas por mes. Esto implica en los hechos un pago efectivo real de aproximadamente unos mil quinientos pesos de promedio para los docentes por mes y por docente.
En otras facultades es muy distinto, por ejemplo en Facultad de Ciencias ningún docente tiene más de treinta y dos horas y tienen alrededor de ciento sesenta docentes en un régimen de dedicación total. Pero además la escala de sueldos es progresiva a partir de las veinte horas, de manera que todo vale más.
–¿Cuáles son las causas de que esta casa de estudios no se encuentre en condiciones parecidas?
–Se debe a muchas circunstancias. En primer lugar hay una causa histórica, originada en que los docentes de esta casa en sus orígenes eran profesionales que ejercían la profesión y como algo residual se dedicaban a la docencia.
Eso poco a poco fue cambiando, y fue acompañado porque la discusión del presupuesto dentro de la Facultad quedó «casi» congelada en porcentajes. En nuestra Facultad no tenemos docentes con dedicación total, que yo recuerde tenemos tres docentes. Tampoco tenemos cómo alentarla, porque si la alentamos, tampoco tenemos cómo pagarla.
–Pero la mayoría de los estudiantes reclama de su decanato, el no haber impulsado nunca la extensión universitaria, ni la investigación.
–Lo que pasa es que la docencia se lleva casi todo. Se ha insistido en que debe bajarse el presupuesto dedicado a toda la gestión académica, sueldos de asistentes académicos, secretarios, pero eso no es así en la Facultad de Derecho. Cada facultad tiene derecho a gastar ciento treinta horas de grado cinco en los cargos de asistentes académicos. Prácticamente todas las facultades emplean ese dinero, pero nosotros no podemos, en esta Facultad sólo tenemos exactamente treinta y cuatro horas dedicadas a la investigación. No tenemos recursos para pagarles. Es así de sencillo. No hay dinero para pagar eso.
–¿Cuáles fueron los logros de esta Facultad en estos cuatro años?
–Primero se logró que «las cosas puedan funcionar». En medio de una terrible crisis como la que sufrió Uruguay y que además incidió muy fuertemente en la Universidad, este cogobierno consiguió que la Facultad de Derecho pudiera seguir adelante con un nivel de normalidad bueno. La tarea de extensión que se hace en la facultad, los llamados Consultorios Jurídicos tienen una importancia muy grande tanto en Montevideo, los barriales y en Salto.
Se ha hecho cuantísimas cosas más, se avanzó mucho en la reorganización docente, se aprobó un nuevo reglamento de concurso y en el caso de la Escuela de Posgrado que, prácticamente no tenía otro fin que dictar cursos para graduados, se aprobaron tres maestrías que hoy están funcionando; y la aspiración de que existan en esta institución docentes con más títulos de posgrados se va concretando poco a poco.
–¿Se insertan con facilidad los egresados de esta Facultad en el mercado laboral uruguayo?
–Yo diría que no es nada fácil insertarse en el mercado laboral. Quizás Traductorado sea la menos difícil, por ahora los técnicos de Relaciones Laborales tienen inserción porque son personas que ya están insertadas y que llegan a completar su formación para mejorar su desempeño. La inserción más complicada se da en Relaciones Internacionales, es más complicada en Abogacía y aun más en Notariado.
El mercado es muy irregular, «hay unos muy pocos que se insertan muy bien y unos muy muchos que se insertan muy mal».
–¿La modificación de un plan de estudios queda para el nuevo Consejo?
–Sí, es la aspiración que todos tenemos, que en estos próximos cuatro años se encare una modificación fuerte de los programas de formación de abogados y escribanos. El intento que se hizo a finales del período anterior al mío, no llegó a concretarse, quizás no fue el momento y falló la metodología para que se discutiera ese plan de estudios, además de la fuerte dosis de conservadurismo que hay en la Universidad. Ese «plan de transformación» quedó absolutamente congelado.
–¿Qué opina sobre el impulso de cambiar la ley orgánica de la Universidad y sobre la discusión que inició el gobierno para una nueva ley de educación?
–La nueva ley de educación no incide en la Universidad, porque entre otras cosas pienso que la Universidad es muy conservadora. Somos tan conservadores que nos vamos a negar a que nos toquen nuestra propia ley universitaria. Tenga la seguridad de que, por lo menos intencional o intencionalmente vamos a poner obstáculos para esas transformaciones, para que se den esos cambios. En la Universidad se da un fenómeno muy curioso y es que nos gusta hablar de la educación en general y participar en la organización de la Educación Primaria, Secundaria, profesional pero nos negamos a que los demás siquiera opinen de nuestra Casa de Estudios. Cuando Astori, Mujica o Larrañaga han opinado sobre la Universidad, acá adentro, a la gente se le ponen los pelos de punta; y yo creo que no debería ser así.
Somos terriblemente corporativistas y parecería que somos muy conservadores, creemos que tenemos algo fantástico, la Universidad tiene cosas muy buenas, pero no tengo ninguna duda de que debería cambiar y abrirse a ese cambio mucho más de lo que lo ha hecho.
–¿Apoya un cambio de la Ley Orgánica?
–El cambio de la Ley Orgánica es inevitable. Tiene que ir acompasando a todo lo demás, no es creíble una Universidad con el tamaño de la nuestra y funcionando como pretende, tiene que haber una fuerte descentralización, pero no sólo territorial, también acá adentro.
No puede ser que cada dedicación total de cada uno de los docentes y cada una de las facultades sea analizada y evaluada por el Consejo Directivo Central (CDC). Todos los funcionarios dependen de una organización central, esto es demasiado grande, se vuelve un poco ingobernable. Se pierden las posibilidades de accionar porque el tamaño lo hace imposible. *
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