Uruguay tiene el índice más bajo de muertes por cáncer pediátrico de Latinoamérica
La centralización de los tratamientos oncológicos en el Hospital de Niños Pereira Rossell, donde actualmente el 70 por ciento de los niños que padece cáncer se atiende en esa institución pública, y la atención integral que reciben los pacientes durante ese proceso son para Castillo las claves del bajo índice de mortalidad por cáncer en menores de 15 años.
A éstas se suman «la uniformidad de los tratamientos mediante la participación activa en protocolos internacionales de jerarquía y la infraestructura médica y social con la que cuentan los niños». De esta manera el médico resaltó la importancia del Hogar La Campana, donde se alojan los niños del interior del país que deben someterse a tratamiento en Montevideo.
El 30 por ciento de los niños con patologías oncológicas padece leucemia linfoblástica aguda. Se trata de una enfermedad que afecta a los linfocitos, un tipo de glóbulos blancos. Las células leucémicas se acumulan en la médula ósea, reemplazan las células sanguíneas sanas y se diseminan a otros órganos como el hígado, bazo y ganglios linfáticos. Le siguen quienes padecen tumores en el sistema nervioso central, como la cabeza y médula espinal.
En Uruguay se detectan 130 nuevos casos de cáncer en niños por año, precisó Castillo para luego aclarar que la curabilidad es del 75 por ciento. «Está a la par de los mejores países del mundo».
Lo está también en el índice de mortalidad, en el que Uruguay tiene un promedio anual de tres muertes cada 100 mil niños de entre 0 y 14 años, de acuerdo a un relevamiento de la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Con esta tasa revela el mejor nivel de Latinoamérica. Le siguen Chile y Paraguay, con 3,54 muertes por 100 mil niños, y entre los índices más altos se ubica Colombia a la cabeza (8,45) y luego se encuentran Perú y Bolivia. Lejos de estas cifras, Uruguay compite con países desarrollados como Italia (3,11 muertes cada 100 mil), España (3,66) y Portugal (3,68).
Estados Unidos, Canadá y Suecia son los países que lideran en este índice global. Pero si se dividen las tasas por sexo y se toma en cuenta el femenino, la uruguaya es apenas superior a la estadounidense con 2,35 muertes cada 100 mil niños y 2,29 respectivamente. Pero es más baja que la canadiense (2,62) y la sueca (2,62).
En hombres, la tasa uruguaya es la menor de América Latina (3,67) pero más alta comparada con la canadiense (2,39) y la de Estados Unidos (2,68).
Imposible prevenir
En los niños es imposible prevenir el cáncer, señaló el oncólogo. «No existen formas de detectarlo precozmente ni de bajar la incidencia con medidas preventivas, a diferencia de lo que sucede con los adultos, porque los agentes que provocan esta enfermedad son desconocidos».
A fin de ampliar la explicación dijo que «generalmente no son patologías hereditarias pero sí hay una predisposición genética a un factor ambiental todavía desconocido, que se liga a agentes infecciosos y desarrolla esta enfermedad».
La mayoría de los tratamientos se realiza con quimioterapia, «arma esencial para combatir los tumores de los niños»; mientras que existe un 30 por ciento que necesita una combinación entre quimio y radioterapia. Si el paciente se mantiene estable y con las respuestas esperadas, el tratamiento dura dos años.
Castillo siente orgullo de que Uruguay registre estos niveles de mortalidad pero reconoce que el desafío es «mantenerse en esa posición privilegiada». Y eso «implica una demanda económica cada vez mayor porque la tecnología y la ciencia son cada vez más costosas. Mantenerse en punta tiene un precio altísimo, que lo venimos haciendo pero hay que seguir en esta línea».
A la hora de referirse a la confianza de los uruguayos en el tratamiento oncológico pediátrico en el país, el médico sostuvo que «cada vez son menos los padres que deciden mandar a sus hijos al extranjero para tratarse». No obstante aclaró que no ve con malos ojos esta decisión o la posibilidad de hacer una interconsulta.
«Es absolutamente normal que los papás quieran tratar a sus hijos en el mejor lugar que ellos consideren. Si tienen la posibilidad y el dinero para hacerlo en un centro de alta tecnología y capacitación nosotros los apoyamos». *
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