Desafíos y oportunidades para la gobernabilidad migratoria
A comienzos del siglo XXI la migración internacional dejó de ser un tema interno de cada país para adquirir una dimensión local, comunitaria, regional y transnacional.
El documento Migración internacional, derechos humanos y desarrollo en América Latina y el Caribe, del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade) – División de Población de la Cepal, es un aporte a la reunión del Comité Especial sobre Población y Desarrollo, que tiene lugar durante el Trigésimo primer período de sesiones de la Cepal. Allí se ofrecen orientaciones a los gobiernos de la región para hacer frente a los desafíos y oportunidades que presenta la migración, incluyendo, en particular, la situación de los derechos humanos de los migrantes y sus familias.
Los países latinoamericanos están promoviendo posturas conjuntas frente a la migración. La región tiene experiencias valiosas en torno a la gobernabilidad migratoria que podrán ser presentadas como buenas prácticas ante el diálogo de alto nivel sobre migración internacional y desarrollo previsto por las Naciones Unidas para el 2006.
Dos foros
Existen dos foros intergubernamentales consolidados, hay iniciativas en la Cumbre de las Américas y en la OEA, y compromisos recientes adoptados en la Cumbre Iberoamericana de 2005. Los acuerdos de integración subregional dedican cada vez más atención a los asuntos migratorios y, junto con la importante labor de la Organización Internacional para las Migraciones, hay numerosas agencias de Naciones Unidas y organismos especializados que desarrollan acciones concretas en los ámbitos de sus mandatos. A su vez, la sociedad civil ha ido, progresivamente, consolidando su papel, estableciendo redes y participando en diversas iniciativas.
En los foros intergubernamentales de consulta se están acumulando interesantes experiencias: en 1996 fue creada la Conferencia Regional sobre Migración (Puebla, México, que reúne a los países de Centro y Norteamérica) y en 2000 se estableció la Conferencia Sudamericana de Migraciones (Buenos Aires, integrada por 12 países).
Recomendaciones de la Cepal
1) Proteger a todos los migrantes con el derecho internacional. Aunque aún no se logra consolidar la protección sistemática de todos los migrantes, varios países han ratificado los protocolos contra la trata y el tráfico de personas, y existen programas específicos de protección en el marco de la OEA y de la Cumbre de las Américas. Ya han adherido a la Convención para los Trabajadores Migratorios y sus Familiares, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú y Uruguay.
2) Promover una mayor liberalización de la migración dadas las restricciones a la movilidad humana, que contrasta con las facilidades de circulación con que cuentan los flujos financieros, de comercio, información e ideas. La Cepal estima que los acuerdos bilaterales y subregionales en temas migratorios específicos (como las acreditaciones profesionales y el trabajo temporal) son muy importantes al respecto.
3) Reconocer y estimular la contribución de los emigrados al país de origen, que se expresa en la colaboración potencial en proyectos de desarrollo, tanto a través de las diásporas científicas como de las remesas y el retorno. El aporte que realizan los migrantes a sus países de origen a través del envío de remesas merece seguir discutiéndose, para ahondar en las consecuencias sobre la pobreza y el bienestar.
4) Difundir la contribución de los migrantes en los países receptores para la competitividad y la prosperidad, lo que otorga legitimidad para la integración de los inmigrantes respetando la diversidad cultural, la regularización de quienes llevan residiendo varios años y la adopción de nuevos acuerdos de contratación temporal que regulen adecuadamente la migración.
5) Promover la vinculación de las diásporas y, en especial en el caso de los profesionales, de las redes científicas y tecnológicas para encarar las pérdidas de recursos humanos en los países de origen. Es importante desarrollar y fortalecer lazos académicos, propiciando la comunicación electrónica y las visitas temporales, fomentando y apoyando la formación de redes de investigadores y la conformación de programas de investigación compartidos, medidas que tienen que ir unidas a la incorporación de los técnicos y científicos emigrados a proyectos nacionales.
6) Respecto a la migración de mujeres, es imprescindible dar mayores cuotas de empoderamiento a las migrantes. Debe reconocerse la contribución que hacen a sus familias, comunidades y países de origen y de destino, e identificar las situaciones que impiden un empoderamiento y reproducen desigualdades de género. Especial atención merecen los múltiples inconvenientes que enfrentan las migrantes relacionados con la salud, en general, y la salud sexual y reproductiva, en particular, su inserción en ocupaciones de baja productividad, como lo ejemplifica el caso de muchas trabajadoras del hogar, y la trata de personas, que abarca también a menores. *
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