Paso de la Arena conmovido por una tragedia con muchas interrogantes
«El no es el culpable de mi muerte, la decisión la tomé yo». Eso habría escrito Luciano Durán, de 12 años, en la carta que dejó antes de supuestamente ser ejecutado por su padre de un tiro en la sien. La única versión sobre los textos de las cartas que dejaron los fallecidos en la finca de Camino de las Tropas y Carlos de la Vega, en Paso de la Arena, es de la Policía, porque según los datos recogidos por LA REPUBLICA, nadie de la familia quiso leerlas.
Eduardo Durán Patrón, de 56 años y su hijo Luciano murieron en Pascuas, y provocaron un drama familiar. Eso se sabe. Resulta difícil en cambio desentrañar qué pasó por la mente del hombre para arribar a tan drástica resolución, matar a su hijo y luego suicidarse con la misma arma. Si es que así fue.
Nada puede declarar acerca de los hechos acaecidos el domingo, la esposa de Durán Patrón, que se encuentra radicada en España desde fin de año, y que enviaba dinero desde allí para el tratamiento de su hijo, que sufría de esquizofrenia. Testimonios obtenidos por LA REPUBLICA sugieren que la partida de quien fuera su esposa a España, no estuvo motivada por necesidad económica ni por la búsqueda de la meca, sino más bien por una honda sensación de acorralamiento, debido a los continuos maltratos y golpizas que Durán Patrón le propinaba. De hecho hay denuncias radicadas en la Seccional del barrio. La mujer había prometido a su hijo Luciano que vendría a buscarlo. El joven concurría a un colegio privado que también pagaba su madre con el dinero que enviaba desde España. La relación de Luciano con los chicos del barrio no era mala a pesar de su «bipolaridad» psíquica. Su padre Durán Patrón, a juicio de uno de sus vecinos, no era un hombre de mucho hablar. Era más bien «drástico » con su hijo, y con su familia, con la cual no tenía una buena relación. Había estado internado en el Vilardebó en el año 2002, también con síntomas de esquizofrenia.
Padre e hijo fueron hallados muertos por la madre de Duran Patrón, una anciana de 90 años, que reside a los fondos de la casa, cerca de las nueve y cuarto de la mañana del domingo. Un familiar que vive pegado a la casa de los Durán, informado por la señora, decidió llamar a la Policía, antes de ir a ver qué era ciertamente lo que había pasado en la casa. Como conocía a Durán, éste temía que ambos no estuvieran muertos, y que el dueño de la finca se alterara y entonces lo corriera a él con un fierro.
Según los testimonios, Luciano tenía la cabeza vendada, y tanto los ojos como sus oídos, tapados con algodón. Su padre yacía muerto sobre la cama, con el revólver que utilizó para victimar a su hijo y luego suicidarse.
Nadie escuchó nada pero muchos se preguntan: ¿es posible que el padre hubiera intimado a su hijo a escribir la carta, mediante la cual, aquél dice que deslinda a su progenitor del crimen preparado? Y si fue así, por qué se suicidó. Es verdad que los lectores no quieren preguntas, en un diario buscan respuestas. Pero, en este caso, sólo sobran preguntas. Dicen que la letra de Luciano se ve despareja, pero firme. *
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