El planteo de Argentina es anacrónico a ojos de los europeos

Daños ambientales: una "discusión ya concluida en Europa" por un estricto sistema de controles

Hace siete meses que ambientalistas, autoridades de ambos países, organismos regionales e internacionales y expertos en medio ambiente intentan encontrar una respuesta que no llega. O mejor dicho, que nunca convence a ambas partes.

Para los directivos de Stora Enso, el planteo de Argentina (de que las plantas de celulosa contaminan el medio ambiente) «ya está terminado en Europa». La vicepresidenta de Sustentabilidad de área de Comunicaciones, Eija Pitkänen, sostuvo que «la tecnología es de avanzada. La problemática entre Argentina y Uruguay no se traslada a Europa o Estados Unidos, por eso nos sorprende que allí suceda».

Las críticas de grupos ecologistas como Greenpeace se centran en el método ECF (libre de cloro elemental) que se emplea para la producción de pulpa de celulosa en la mayoría de las plantas del mundo. La organización señala que es «incomprensible que no se le pueda exigir a las plantas los métodos de producción que son perfectamente aplicables, como el TCF (totalmente libre de cloro)».

La diferencia entre ambos métodos es que el ECF contiene dioxinas de cloro, señaladas como las contaminantes y causantes de enfermedades como el cáncer, y el TCF no. A la hora de explicar por qué casi la totalidad de las plantas usan el primer proceso, desde la empresa explicaron que «el método ECF produce una mejor celulosa, más resistente, más blanca y es menos costoso». Y aclararon que «los dos provocan iguales impactos en el ambiente».

El vicepresidente de América Latina, Otavio Pontes, explicó que «los compuestos clorados acumulados en la grasa humana pueden producir cáncer. Pero no se conoce qué índice de acumulación debe registrarse para que llegue a provocar esa enfermedad».

Por su parte, técnicos ambientales de la planta instalada en la ciudad de Imatra reconocieron que «hay consecuencias para la salud si se usa un índice elevado de dióxido de cloro» pero inmediatamente aclararon que «la producción de dioxinas es tan chica que es imposible detectarlas».

 

Acortar el proceso de blanqueamiento

Más allá de los argumentos, el experto en pulpa Veikko Jokela precisó que desde 1970 la tendencia mundial es «acortar el proceso de blanqueamiento, en el que se utilizan los productos químicos. La idea es que los vertidos del blanqueamiento se vuelvan a usar en la cocción y separación de la lignina de la celulosa».

Además explicó que los productos químicos que se emplean en el método ECF (como dióxido de cloro, ozono y ácido paracético) se recuperan en un 98 por ciento, mecanismo que se comenzó a aplicar en 1988 ya que veinte años atrás los residuos se arrojaban al agua sin pasar por el tratamiento de efluentes.

El agua que se extrae de los caudales para el proceso de producción de pulpa debe someterse a un tratamiento antes de ser vertida nuevamente en el río o mar. En la planta de Oulu, para la que se extraen del río Oulujoki unos 50 millones de metros cúbicos de agua por año, se aplica «uno de los mecanismos más eficientes y modernos del mundo para tratar los efluentes».

Para el purificado del agua se colocan en piletones millones de bacterias, que se alimentan de los residuos tóxicos que producen los químicos.

El olor que emanan las fábricas es otro de los cuestionamientos de ambientalistas. Según explicaron desde la firma europea, el olor surge porque en el proceso de desfibrado se utiliza un compuesto de azufre llamado sulfuro sódico. Y aclararon que se detecta entre cinco y diez veces por año, en el momento en que la fábrica está iniciando su actividad o se está cerrando para su programa de mantenimiento. La reducción de los olores se realiza mediante la incineración de los gases en calderas.

La duda de Argentina sobre la capacidad de Uruguay de controlar el funcionamiento de las plantas también es blanco de discusión. En Finlandia, esta condición parece aplicarse perfectamente. Tal es así que los responsables ambientales de la planta de Imatra dijeron que las autoridades ambientales, tanto de las distintas municipalidades como nacionales, realizan estrictos controles para determinar los niveles de contaminación.

Estudian la calidad del agua, el grado de emisión de gases, los residuos sólidos y los ruidos. Del resultado de los controles depende el otorgamiento de la licencia anual que las empresas necesitan para funcionar. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje