MONTEVIDEO SE HA QUEDADO SIN REPRESENTANTES

¿De dónde vienen los jinetes orientales de ahora?

En medio de vítores y aplausos, que además coronaban el éxito del emprendimiento que sería con el correr de los años uno de los mayores eventos tradicionalistas del continente, un paisanito salió en andas por las tranqueras del predio de la Rural, en el lejano 1925. Se llamaba Medardo Sosa y fue el ganador de lo que por entonces se llamaba «Concurso de Doma». Dos años más tarde, en 1927, volvió a obtener el primer premio. Hijo y nieto de troperos, Medardo arreaba ganado en la zona de La Tablada, pero además, a diario, todo lo hacía a caballo.

El era parte del «país de los jinetes», que se extendía en el departamento de Montevideo, «del Pantanoso pa’juera»; era la vida que bullía alrededor de La Tablada con su centro neurálgico en el viejo hotel encaramado en una loma de la cuchilla, en la encrucijada de los caminos Melilla y De las Tropas. De allí en más, cuajaba aquel microcosmos de pulperías, tiendas de ocasión, talabarterías, herreros, fondas de comida al paso con catre incluido… Muchas décadas más tarde, durante los años cuarenta del siglo pasado, en pleno auge del ferrocarril, que ya había «cumplido su misión», y después de languidecer entre la indiferencia de «como el Uruguay no hay» y el éxito económico coyuntural derivado de la Segunda Guerra Mundial, los jinetes montevideanos eran ya una especie casi extinguida.

 

Florida a la cabeza

¿De dónde provienen los jinetes de ahora? Este año compiten en el Prado 90 jinetes provenientes de 18 departamentos. El pago que más jinetes aporta a la Criolla del Prado en esta oportunidad es Florida, 11; Paysandú, 9; Soriano, 8; San José, 6; Maldonado, Tacuarembó y Rocha, 5 jinetes cada uno; Cerro Largo, Lavalleja y Durazno, 4 cada uno; Flores y Rivera, 3 cada uno; Treinta y Tres, Artigas y río Negro, 2 cada uno; Salto, Colonia y Canelones, 1 cada uno. De Argentina llegaron 5 jinetes: 3 de Santa Fe; 1 de Córdoba y 1 de Entre Ríos. Brasil por su parte, aportó 9 jinetes, la mayoría del estado de Rio Grande do Sul, 8; y un representante de Santa Catarina.

Dos estados, tres provincias y diecinueve departamentos, pero Montevideo ya no tiene representantes, como en aquel 1925, en donde la mayoría de los competidores eran de la Capital, casi todos de La Tablada. Hasta 1904 el caballo era decisivo para la supervivencia de cualquier levantamiento insurgente, pero la vida en tiempos de paz tampoco se concebía sin el caballo. Arrear, juntar, trasladar el ganado; llevarlo hasta cientos de kilómetros a los mataderos, y, hasta para abrir la tranquera de la estancia se iba de a caballo. Las futuras esposas eran robadas a caballo.

Usualmente, la principal ocupación de los hombres en la estancia era trabajar con el ganado. El trabajo asimismo, era motivo de distracción para la mayoría de los hombres, quienes competían entre sí en despliegues de audacia y destreza. Fuera de los períodos de gran actividad, los trabajos de la estancia dejaban a los hombres mucho tiempo libre para fumar cigarrillos de tabaco negro liados con chala de maíz, cebar eternos amargos o tomar caña  de la buena y de la otra , en alguna pulpería, mientras hablaban interminablemente de caballos…

El hoy y el ayer

Muchas cosas han cambiado en ochenta años, desde Medardo Sosa hasta estos hombres que son jinetes de profesión algunos, domadores de estancia otros, peones rurales los más, que no hacen otra cosa que conjugar inconscientemente las claves de una identidad que está mucho más allá de los libros de historia; más allá inclusive, de los resultados circunstanciales de un concurso de jineteadas.

Ellos están haciendo lo que saben, lo que pueden, lo que les enseñaron o lo que aprendieron, y en la generalidad de los casos, lo que les gusta. También los hay alambradores, arreadores de ganado, tropilleros, vendedores, pintores, o desocupados la mayor parte del año… pero con un vínculo indisoluble con las cosas del terruño. No hay lugar para poses, ni en el ruedo ni en la vida, no se es jinete por un día… «cuanti menos gaucho». Derby Arbiza, cumplió 33 años el primer día de jineteada, es oriundo de Estación Ataque, Cuchilla de Tres Cerros, Rivera. Fue campeón en 2003. «Todos tenemos una forma distinta de jinetear, unos de otros -asegura Derby-; uno ya nace con eso, para jinetear. Yo mismo que trabajo con máquinas, nada que ver con caballos, desde gurisito ando jineteando. Todos me dicen que yo tengo un estilo distinto a todos los demás.

No sé cuidarme, acá mismo he llegado al final de la semana con buen puntaje y me piden que me cuide y no sé cuidarme, salgo siempre a jinetear de mi forma y con mi estilo, no cambio…» Víctor Brión, de Zapallar, Cerro Largo, tiene 27 años y compite en la Criolla del Prado desde 1999. «La jineteada se la puede destacar como un deporte -opina Brión-, pero también como un arte… el arte de jinetear; es la estirpe de la gente de campo; algo que cada uno de nosotros hacemos porque nos criamos en el medio, a veces necesitamos jinetear un caballo para amansarlo y por ahí empieza uno a tenerle amor propio a la cosa… Yo desde chico soñé con jinetear; los tres primeros años míos, gané premios». Fue Federico Engels quien escribió que «la tradición merodea como un duende en la cabeza de los hombres». Uruguay entonces es una «tierra encantada».

El hoy y el ayer se dan la mano en el Prado montevideano, que vibra también con las décimas inflamadas de los cantores repentistas que hacen danzar a los duendes de la tradición anunciando las Criollas por venir. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje