El alcohol
Si hay problemas graves en este país son el alcohol y la droga. No el rectificado ni la aspirina. Usted me entiende, lector.
Ahora le están complicando la vida al Plan de Emergencia. Sus responsables confirmaron que han tenido que suspender casi dos mil quinientos ingresos ciudadanos por «diversos incumplimientos» de los beneficiarios. «Diversos» suena un poco excesivo, apenas se hurga un poquito en la investigación realizada. La cantidad de borrachos y faloperos a los que se sacó tarjeta amarilla es impresionante.
Como esta no es una cuestión sencilla de resolver, me permitiré algunas sugerencias a mis amigos del Panes, a fin de que, en lo que a este programa le quede de vida, se libren de los que andan pirando.
Sugiero sospechar en los siguientes casos: si el potencial beneficiario declara que vive en las inmediaciones de Juan Paullier y Coquimbo o de Nicaragua y Minas; si al ser interrogado acerca del consumo de agua potable responde «sí, de la casa, en damajuana»; si mira al frente con ojos enrojecidos y responde al funcionario diciendo «ustedes dos»; si explica que el perfume de su aliento es porque anduvo despolillando el ropero con hojas de laurel; si al levantarse para acompañar al funcionario a la puerta (siempre que la tenga) va dando unos pasitos extraños y bamboleándose, y explica que está aprendiendo tango en la milonga del Club Húngaro; si atiende de pie y recostado a la pared porque tiene «problemas lumbares»; si cuando le preguntan qué trabajos hace y contesta «reparto y caliento la cucharita»; y, en fin, si al recibir al funcionario le espeta, soplando entre los dientes que le quedan: «¿Te fumás un porrito, gomía?».
Si habrá tenido visión de futuro el presidente Vázquez, que ya anunció que el tiempo del Plan de Emergencia concluirá pronto y viene amaneciendo el tiempo del Plan de Equidad.
Siempre y cuando, claro, que algunos no se hagan la peregrina idea de que la equidad es para que nadie quede sin mamarse y falopearse como en la guerra. *
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