Con mucho público y singular brillo quedó inaugurada la 81ª Criolla del Prado

Coraje, baquía y Vueltas de Honor reavivaron el eterno pleito entre jinetes y baguales

Inmediatamente después, el capataz de campo, don Dimar «Yeyé» Delgado, solicitó a la intendenta interina de Montevideo, Hyara Rodríguez, la autorización para dar incio oficial a la Semana Criolla. En el palco, estaban presentes además, el Intendente de Canelones, doctor Marcos Carámbula, el subsecretario del Ministerio de Turismo, Alberto Prandi, y los directores de Turismo de Canelones y Montevideo, Susana Prat y Fernando González, respectivamente. Fue una jornada de verdadera fiesta la que se vivió en el Prado, desde tempranas horas de la mañana de ayer, cuando se abrieron los viejos portones de la Rural, y el público comenzó lentamente a poblar el predio. Poco después de la ceremoniaa inaugural, las tribunas en el ruedo lucían repletas. Todos los pabellones y galpones recibían la visita de miles de concurrentes, y el entorno estuvo a tono con el desarrollo de las actividades, tanto las que se llevaban a cabo en el ruedo, como con las que se desenvolvían en los diferentes escenarios. Con la presencia de autoridades municipales, el capataz de campo y todos los participantes de las faenas, se dieron por iniciadas las competencias en las cuatro modalidades: basto abierto u oriental  o sencillamente «basto» , pelo, internacional en pelo y basto argentino. Hacia el ruedo del Prado convergen este año los mejores jinetes orientales y destacados exponentes de la región; de la mayoría de los departamentos de la antigua Banda Oriental, llegan aguerridos paisanos, muchos de cuyos pares les acompañarán durante la semana desde las gradas, mientras que otros lo harán a través de la radio o de las páginas de la prensa. Medio país comenzó a vibrar con los relinchos y bufidos de los potros, y el emocionado canto criollo de nuestros cantores repentistas, nuestras milongas y danzas tradicionales.

 

Vueltas de Honor

Caballadas muy bellacas recibieron a los jinetes para su «bautismo de fuego», y en lucha desigual, los potros se llevaron los puntos en la rueda de basto. Allí se destacaron las faenas del tacuaremboense Marcelo Da Luz y del sanducero Fabián Leyes. La rueda de la crin fue altamente emotiva, luciéndose muchos paisanos, dos de los cuales vieron premiadas sus labores con la anhelada Vuelta de Honor: el floridense Carlos María Acosta, que doblegó a un duro bagual, y el maragato Henry Lidemar Fuentes, que defendió con garra su monta, «como nacido con el potro, no había Cristo que lo abajara»… Luego Alberto Casas protagonizó a nuestro entender una notable faena que mereció, más llá del puntaje otorgado por el jurado, el premio de la Vuelta de Honor; el público entendió lo mismo e hizo saber de su disconformidad con una salva de aplausos para el jinete de Puntas de Zapallar, en los pagos de Cerro Largo. El potro que le tocó en suerte a Casas salió con fuerza del palo 2, le pasó literalemente por arriba al potro que aguardaba en el palenque 3 y con inusitada furia se fue contra la empalizada, siempre con el jinete arriba. Casas se mantuvo firme y salvó la faena recibiendo una ovación desde todos los rincones del ruedo.

Para hoy, las faenas en el ruedo se presentan muy prometedoras. Es oportuno recordar que la gran mayoría de las líneas de ómnibus de todas las empresas que se desplazan por las Avenidas Agraciada, Suárez, Millán y Luis Alberto de Herrera, realizan desvíos hacia la Rural. Algunos ómnibus lo hacen por la Avda. Lucas Obes, otros por la costanera Avda. Hugo Balzo, con última parada en la esquina de Buschental. Al caer la tarde, cuando el ruedo y los palenques iban quedando en silencio, la animación crecía en los escenarios, peñas y fogones a lo largo y ancho del Prado, para completar una jornada de fiesta, de la que fue protagonista también, el constante reflejo luminoso del astro rey sobre el lomo reluciente de los baguales. Las majestuosas araucarias que contornean simétricamente instaladas, un sector del ruedo, parecían indiferentes al desarrollo de la fiesta, resguardando en sus verdes imponentes el secreto de sus presencias insoslayables. Mañana, cuando el sol vuelva a salir y el rumor de la gente comience a delinear otra jornada de criolla, seguirán allí, con su sombra y sus misterios, saludando silenciosamente el esfuerzo y el arrojo de nuestros corajudos paisanos. *

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