Se trata de otra cosa
La mitología enseña pero pocos apelan a ella. Prefieren libros de autoayuda o manuales de éxito económico en quince días. Allí, no obstante, no serán advertidos de las tragedias que causa, por ejemplo, el desconocimiento.
Osiris, rey legendario de Egipto, muere por una trampa de Seth, su hermano; es decir, muere porque no conocía la verdadera naturaleza de Seth. Luego renace, es cierto, pero sólo reaparece en el centro de las esperanzas religiosas cuando se restablece el orden natural en su reino.
Lo recordé a raíz de la decisión del Banco Hipotecario de contratar a una empresa privada para instalar un Sistema Integrado de Gestión de Riesgos –las denominaciones ampulosas me tienen podrido–, a fin de controlar los créditos que concederá con recursos de la securitización de sus carteras.
Dicen que se trata de recurrir a la gente que más sabe, lo cual conduce a una conclusión inquietante: quienes están en el Hipotecario no saben. Ignoran la verdadera naturaleza de lo esencial.
¿Y qué es lo esencial? Que antes de contratación alguna y antes, incluso, de dar nuevos créditos hay que resolver el problema de las cien mil familias –pocas más o menos– que no pueden seguir honrando sus deudas porque ya han pagado varias veces lo que valen sus viviendas.
Y nadie crea que es cosa de un directorio. Es el gobierno el que no puede seguir pensando que resolverá el problema de la vivienda social salvando al Hipotecario y olvidando a esa gente. Hacerlo sería sumar a la marginación, tarde o temprano, a esas familias.
Hay que restablecer el orden natural.
Pero, claro, está la tendencia de resolver problemas por la desaparición radical de sus supuestas causas.
Como en aquella anécdota de un misionero católico. Le dijo a un indio que no podía tener más de una esposa. El indio volvió a la semana: «Padre, ya tengo una sola». El reverendo preguntó: «¿Has devuelto la otra a la familia?». Y el indio respondió: »No, padre, me la comí». *
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