Cuando la identidad y foto de alguien aparece ofreciendo sexo a troche y moche en Internet
En la cosmovisión antropológica, el delito que trajo la modernidad seguramente comenzó cuando el hombre aun andaba en las cavernas. Alguien alguna vez pintarrajeó en aquella pared de piedra jeroglíficos que eran acusación falsa y anónima contra otro cavernícola. Para que muchos lo supieran. En la era de Internet, el delito que a todos niveles se multiplica principalmente en el viejo continente es la «venganza en red», entramado de delitos de distinta configuración pero igual fin. El que más gente ha llevado ante los tribunales es el «colgar» datos personales de otros, sin permiso, en foros de contactos. Tan sólo en España se denuncian hasta veinte casos diarios, más aún en Francia e Inglaterra. Mujeres que reciben llamadas, mensajes de texto y mails, de gente que desea cumplir fantasías sexuales, a su vez víctimas de otro engaño: descubrieron un mensaje en algún foro y contactaron lo que allí se decía. Por lo general dentro de este rango, mujer joven atractiva, casada, insatisfecha, desea contacto reservado con hombre.
Peor aún cuando a los mensajes se han agregado fotografías sustraídas de algún otro sitio web.
La Policía europea ha descubierto que en la gran mayoría de los casos, el delito había sido cometido por razones sentimentales. De mujeres despechadas a hombres engañados, toda una gama de cavernícolas tecnologizados eran responsables de los dolos. «Cada día tenemos más de estos delitos y ahora se extienden a algunos ramos empresariales», dijo recientemente Benjamín Blanco, responsable de la sección Investigaciones Tecnológicas, del Cuerpo Nacional de Policía de España. Tal el caso de una empresa de modelos cuyas fotografías con los nombres reales, estaban siendo colgadas, para ofrecer servicios muy distintos en sitios de contactos internacionales de oferta sexual.
Pero el gran volumen de las denuncias está relacionado con gente que accede libremente a Internet y a la venganza desde el anonimato, algo alentado aún más por la levedad de las sanciones penales que se aplican a los culpables en casi todo el mundo
En Uruguay
Al cuerpo de Delitos Complejos de la Policía uruguaya corresponde entender en estos casos que según afirman »son todavía puntuales». El oficial A. Ferreira, de dicha repartición, dijo a LA REPUBLICA que en modo alguno puede interpretarse que haya generalización de estos delitos en el país. Se reconoce no obstante que estos delitos están aumentando y en momento alguno su tasa decrece.
A nivel técnico si bien cada computadora tiene su IP, y se le puede rastrear, alcanza con ir a un cibercafé para cumplir la infracción. Los infractores cargan fotos autoenviadas desde otra PC, escapando prácticamente a cualquier rastreo.
Las autoridades consideran posible un control más efectivo a futuro en tanto las páginas web «del ramo» publicasen los mensajes una vez que han verificado al usuario, lo cual podría hacerse telefónicamente o con débito bancario ínfimo, de una cuenta identificable.
De los casos en Uruguay revelados por la Policía, dos resultan particularmente interesantes. Una esposa sabía de la amante de su marido: una mujer negra. Averiguó de algún modo el correo electrónico de la amante y comenzó a enviarle mails, desde su propia computadora. Después de las advertencias, pasó al racismo y a las amenazas; el juez la procesó por ambos delitos, sin ni siquiera recurrir a figura alguna referida a la internáutica.
Más aun el caso de un joven que peleó con su novia. Durante un tiempo la joven estuvo recibiendo correos y mails amenazantes al principio, aterrorizantes después. La Policía indagó de inmediato al novio, pero éste logró eludir la pesquisa, ya que había operado desde distintos cibercafés en el anonimato. Las amenazas empeoraron, pero una falla, que la Policía no revela, permitió capturar al amenazador que se derrumbó ante la evidencia. Sin embargo alegó que ya no lo hacía más, porque se había reconciliado con su novia. La novia reconoció que era verdad. Pero el Juez, igual lo procesó. *
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