DESAPARICION DE UN NIÑO DESNUDA UNA CRUDA REALIDAD

Vecinos de asentamiento olvidado reclaman soluciones de fondo que impidan más dramas

Dicen los habitantes del asentamiento denominado «Cabañitas de Maroñas», que el barrio no existe, ya que en las oficinas municipales y en el Centro Comunal figura toda la zona como campo. Pero allí, entre la llamada Cañada de las Canteras y el canal Aurelia Viera, viven cincuenta familias, en su gran mayoría hurgadores, y el asentamiento sigue creciendo ya que en una de las márgenes del canal que hasta hace poco era campo libre ya se establecieron unas diez familias con sus viviendas precarias. Del otro lado de la cañada, que va a desembocar algunos kilómetros más adelante en los Bañados de Carrasco, está la casa en donde vivía Miguel Angel. El fondo de la precaria vivienda da directamente a la cañada. Mabel Quinteros, abuela del niño hasta ahora desaparecido dice que el padre ha levantado una y otra vez el muro, ha puesto chapas, «pero cuando llueve mucho la correntada se lo lleva, como se llevó a mi nieto, acá no hay culpables, es la situación. Hace más de diez años que ellos viven aquí, lo que pasa es que este barrio nunca lo nombran, lo discriman porque somos pobres». Autoridades municipales y del gobierno local, entre las que se encuentra el director de saneamineto Américo Rocco, hace un buen rato que han llegado al lugar y entablan conversaciones con grupos de vecinos. «No hablo sólo por mi nieto -asegura Quinteros-, aca se inunda todo cuando llueve, las casas también se inundan; este barrio nunca se nombró porque discriminan a los pobres, acá son toda gente honrada y de trabajo».

 

Un drama que continúa

El barrio se ha ido formando en lo que es una zona de bañado, razón por la cual, en los días de lluvia es imposible transitar. María Rey, vecina de 47 años, que hace dos años que vive en ese lugar, dice que «cuando llueve mucho los gurises no pueden ir a la escuela». Otro vecino señala hacia la cañada y explica, «fíjese, que los pastos todavía están peinados por el agua». Los vecinos se van acercando a las autoridades y explican que hace ocho años que no «existen», piden un vallado, reiteran una y otra vez que la cañada se indunda y que además no tienen un ecopunto para clasificar conveninetemnete los residuos. Otros, muestran indignados los cedulones de desalojo enviados por la IMM, incluso de aquellos que viven en casitas construídas por la ONG Techos por Uruguay, en «Canañitas de Maroñas». La delegación municipal se traslada hacia el otro lado del canal, en donde viven los padres del niño Miguel Angel. La abuela reitera que «lo unico que reclamamos ahora es que coloquen vallas y que aparezca el cuerpo de mi nieto, mi hijo puso chapas y muro en el fondo, y la correntada se lo llevó… este barrio lo tenían como oculto, pero somos seres humanos, familias con niños». Rosana Carina Maidana, la mamá de Miguel Angel, le cuenta a los jerarcas comunales la angustia que está viviendo desde hace seis días y señala el lugar en dónde halló los champeones de su hijo, al final de la canalización». Washington «Bocha» Gómez, consejal de Flor de Maroñas nos dice que es inaudito que en «Cabañitas…» hay gente con desalojo: «Están totalmente aislados. Acá hay problemas de seguridad, de insalubridad, no ingresan las ambulancias. Nos mienten constantemente, prometen cantidad de cosas pero no vemos nada… ¡Mire, mire esa rata grandota ahí!». Luego, señalando la maleza y la basura acumulada al final de la canalización, donde la cañada continúa en dirección a los Bañados, dice que «el niño debe estar metido en esos cañaverales, pero la Intendencia tiene que venir a limpiar para poder acceder allí… los bomberos llegan hasta ahí y se dan vuelta». Algunos vecinos reclaman viviendas decorosas para poder salir de esa zona inhabitable, a lo que Rocco responde que «el problema de la vivienda no lo puede resolver la IMM, hay un Ministerio para eso, lo que pasa es que la Intendencia siempre tiene que dar la cara».

 

Aguardando soluciones

También ha llegado el secretario general de la IMM, Hebert Ichusti, acompañado de un grupo de personas. De un lado al otro de la Cañada de las Canteras y del canal Aurelia Viera -zona cercana al cruce de la calle Eusebio Vidal con la costanera Aurelia Viera-, se escuchan los mismo reclamos, las mismas carencias y frustraciones, el mismo olvido. Desde este ángulo se puede observar cómo algunas viviendas están prácticamente sobre el curso de la cañada, pero Gómez asegura que «la canalización fue posterior y que no se respetó el margen conveniente para que ello no sucediera». Américo Rocco le explica al grupo de vecinos que «esto es consecuencia de una política económica de gobiernos anteriores que ha ido expulsando a la gente hacia la marginalización, obligándolos a vivir en estas condiciones». Una vecina dice que por eso «hablamos con ustedes, porque sabemos que nos escuchan». Comienza a caer la tarde en ese rincón olvidado de Flor de Maroñas, los habitantes de los asentamientos continúan aguardando algunas respuestas a sus reclamos, las autoridades municipales intentan hallar soluciones, el cuerpo de Miguel Angel todavía no aparece, ratas enormes saltan de un lado a otro de las cunetas, la desazón y el dolor abaten a una familia y al vecindario, y todos miran hacia el cielo esperando que no vuelva a llover. *

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