Prohibido para nostalgicos

El Loro Collazo

AHORA LE TOCO el turno al mismísimo Rey Momo de entonar la retirada. Entre los fallos del jurado, la bronca de algunos y la eufórica alegría de otros, cayó el telón de otro carnaval. ¡Qué mejor homenaje a estas carnestolendas que recordar al mítico y querido Ramón Collazo! Evocación de un imborrable personaje del Montevideo de antaño? Carnavalero de abolengo, poeta, músico y hombre de la época de oro de la radiotelefonía. Su pasión fueron las troupes y así quedaron acuñados en mil esquinas los recuerdos de la Oxford. Pero también fue el creador de la troupe ateniense que integrada por universitarios actuaba en teatros y salas barriales. Fue la troupe de «las 4 estaciones» como le gustaba llamarla al Loro porque sus presentaciones eran durante todo el año festejando acontecimientos como la llegada de la Primavera o los habituales triunfos del fútbol uruguayo. La muchachada de la Ateniense cuando ensayaba en el Teatro Artigas esperaba la llegada de su director en el bar Las Cuartetas. Y cuando veían a Collazo muy apurado, casi corriendo por la calle Andes, apuraban la ginebra o el popular «pucherito» de caña con orejones. Al rato, esos jóvenes donde había varios médicos y abogados se transformaban y lucían estrafalarios vestuarios femeninos mientras el Loro les marcaba los tonos y compases de unas pegadizas melodías. Actuaron hasta en el aristocrático Club Uruguay siempre presentados por su animador oficial Andrés Morales el popular Semillita. Ramón Collazo tuvo muchos momentos en que construyó inolvidables leyendas que alimentaron por décadas al Montevideo de cafetín y bohemia. Quizás su mayor gloria fue con la troupe Oxford cantando al pie del viejo murallón de la rambla costanera que caía «bajo la piqueta fatal del progreso». Fue un atardecer en que se reunieron alrededor del Templo Inglés y de ahí Collazo, Víctor Soliño y toda la Oxford arrancaron hasta la muralla donde cantaron por primera vez el emblemático tema «Adiós mi barrio». También lo llamaban «El Loro del éter» por sus programas radiales que alegraban a las familias con sus chispeantes ocurrencias. Las radios de capilla -cuando giraban su perillita hasta la CX 32, El Aguila, lo hacían buscando el desopilante humor de Collazo. A la hora de la cena, con la tradicional guiñada de la luz eléctrica, la familia paraba la oreja porque empezaba aquel «Suplemento Musical» donde el Loro presentaba su audición repitiendo su característica frase «no más penas» y nos acribillaba con una catarata de chistes. Lo acompañaban Rolando Gavioli en el bandoneón y Pellejero en el violín. Ya en la sobremesa en todos los hogares se escuchaban con atención las famosas adivinanzas que inventaba Ramón Collazo.

Si entre todos se ponían de acuerdo con la respuesta no quedaba otra que mandar una carta a Radio El Aguila y ganarse premios como porrones de Boltz o una botella de anís Sevillana. Todas las noches El Loro deleitaba a su fanática audiencia y al cierre del programa estaba su «Couplet de la Semana» donde demostrando talento se dedicaba a satirizar los acontecimientos que acaparaban la atención del país. Así fue el Loro Collazo, pura creatividad encarnada en un personaje inolvidable del carnaval de todos los tiempos.

Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.*

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