¿Faltó o sobró?
Esto se parece a lo del vaso medio lleno o medio vacío. Es según cómo se mire. Cuestión de sensaciones o de predisposición. Siento que lo veo de una manera u otra, o me dispongo a verlo de una determinada forma.
Pues bien, hoy siento una incomodidad, muy bien representada por ese vaso, debido a las declaraciones del presidente Vázquez antes de viajar a Chile. ¿Sobró o faltó algo en lo que dijo para que yo tuviese luego, al anunciarse el acuerdo con Argentina sobre las papeleras –objetivo anhelado, positivo e impostergable–, una sensación ambigua?
Vázquez dijo que no negociaría mientras los piquetes de los ambientalistas siguiesen poniendo sitio a Uruguay. Pero luego lo hizo sin que los piquetes se hubiesen movido un centímetro.
¿Sobró algo en sus declaraciones previas al viaje? Si es así, no debió ser tan preciso ni terminante; no había necesidad.
¿Faltó algo? Si es así, no debió omitir que el conflicto y sus circunstancias son muy complejos y que, con contactos reservados en marcha como había, todo podía cambiar en un momento.
El lenguaje es imprescindible pero suele tender trampas. Se dice que el mensaje no es lo que yo digo sino lo que el otro entiende. Y si el otro entiende mal, algo falló en mi mensaje. Los gobernantes de un país, desde el presidente para abajo, deberían reflexionar acerca de esto.
Sobre todo el vicepresidente Nin Novoa, a quien se le podría sugerir –con todo respeto– un retiro para meditar.
Entre el adjetivo «impertinente», que regaló a Kirchner en televisión, su afirmación tajante de que Uruguay jamás pediría a las papeleras suspender sus obras, y su versión de lo que oyó decir a Vázquez de una supuesta e improbable disolución del Parlamento, ha impuesto el recuerdo de Thomas Carlyle, quien pasó los tres primeros años de su vida sin pronunciar palabra y luego se convirtió en uno de los hombres más lúcidos de su época.
Tal vez Nin debería considerar la posibilidad de no dirigir palabra a los medios durante tres años. O cuatro. *
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