Proponen crear la primera escuela-taller de Montevideo para niños y jóvenes en diálisis
«Mi meta es liberar anímicamente a los niños y adolescentes en diálisis durante las sesiones. Que se entretengan y no estén todo el tiempo mirando televisión», contó la maestra jubilada Irma Ponzo, que trabaja desde hace dos años en el Centro de Diálisis para Niños y Adolescentes (Cedina), ubicado en Estero Bellaco 2588.
Irma llegó al centro de diálisis, que trata a unos 30 niños y adolescentes con enfermedades crónicas renales, como «una prueba piloto del proyecto escolar de la fundación. Para comprobar la efectividad de la propuesta», sostuvo Zavalla, trasplantado de riñón hace 16 años. La docente jubilada pasa «un rato» con cada uno de los pacientes mientras se somete a la hemodiálisis (una máquina limpia las impurezas de la sangre) o diálisis peritoneal (se conecta un catéter directo al peritoneo por el cual se cambia un líquido que ayuda a eliminar las toxinas). «Cada niño y adolescente es una situación particular. No todos tienen el mismo nivel de escolarización. Algunos ni siquiera saben hablar», sostuvo Irma, quien pone en práctica distintos métodos de enseñanza de acuerdo a la realidad de cada paciente. Algunos sólo dibujan y hacen manualidades, mientras que otros aprenden la lecto-escritura «como cualquier alumno de primer año». El objetivo es que «cumplan la función de comunicación, aunque sean tres palabras. Aprender el nombre de la calle donde viven, el destino de un ómnibus, es decir, manejarse en la vida cotidiana».
En busca de apoyo oficial y privado
Para garantizar un proceso de escolarización permanente, la fundación presentó en el Ministerio de Desarrollo Social un proyecto que plantea la creación de una escuela para los niños «porque la realidad de este centro de diálisis se reproduce en otros 37 institutos del país (27 en Montevideo)», manifestó Zavalla.
La iniciativa fue planteada, pero no tienen un lugar físico donde poder llevar adelante esta propuesta.
Por eso la fundación «necesita no sólo apoyo oficial sino también privado. Muchos niños no tienen ni siquiera socialización. Con los únicos que juegan es con aquellos que se sientan al lado en la sala de espera del centro de diálisis».
El acceso a la enseñanza es una «herramienta básica para el futuro. Qué van a hacer estos chicos el día de mañana», se preguntó.
Con la mira en los jóvenes, muchos de los cuales llevan años en tratamiento, se planteó la creación de un taller con el dictado de cursos acorde al horario de los pacientes. Un comedor autogestionado por los mismos enfermos es otra iniciativa a implementar.
Una propuesta que ya tiene el visto bueno del presidente Tabaré Vázquez, según Zavalla, es el emprendimiento llamado «Bosque de la vida».
La idea, que se concretará a partir del año que viene, consiste en que cada trasplantado plante un árbol en honor a su donante. Los ejemplares se levantarán en el Arboretum Lussich, en Punta Ballena (Maldonado). *
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