Presos, desocupados, escolares y niños del INAU aprenden a trabajar la tierra para vivir de ella
Fernando Grecco, duraznense que durante muchos años vivió y trabajó en España, dirige junto a Rafael Casas una propuesta educativa que ha recibido el visto bueno de las instituciones estatales y ONG descriptas.
«Por ejemplo estamos trabajando con sectores excluidos en edad escolar, en centros escolares suburbanos. Allí presentamos a Primaria la idea de las huertas orgánicas y ya fue aprobado por los inspectores, con ello unas cinco escuelas ya fueron receptivas de la idea en los barrios La Curva, Sandú. También hacemos lo propio con personas desocupadas en cuanto a horticultura y fruticultura. Nosotros ponemos el espacio (es decir la chacra), el tractor y alguna otra maquinaria, y las aves, y con ello creamos la estructura del curso, siempre apoyados en la economía social como pilar», cuenta uno de sus responsables, Fernando Grecco.
Otro sector se dirige hacia los productores que estén desorganizados. Los ideólogos hablaron con ellos, los agruparon y obtuvieron el beneplácito y la tarea de doce hombres que dirige técnicamente Rafael Casas Mendy.
El proyecto es realidad y ha creado cuatro puestos de trabajo permanente en la ciudad de Durazno: para producir y comercializar luego con los supermercados.
A modo de cooperativa
«Otro aspecto que fomentamos es la utilización en común de la maquinaria como forma de optimizar recursos. Así comparten el tractor pequeño que compramos, la sembradora, el arado. Efectuamos un asesoramiento técnico caso a caso, compartiendo experiencias y resolviendo las dificultades que se van planteando sobre la marcha. Este método sirve para mejorar los ingresos económicos y para advertir que con menos costos se ha logrado elevar la producción. Asimismo se compra en forma común», agrega Grecco, hombre y trabajador al mismo tiempo entusiasmado con lo que ha logrado en su zona.
Hacia tres sectores
El proyecto se dirige hacia los escolares, hacia los sectores de exclusión social (la cárcel de la ciudad, los obreros desocupados del PIT-CNT) y hacia los productores.
Por citar un ámbito, los presos utilizan las 50 hectáreas de huerta que poseen mediante el método «2 por 1″. «Se trabaja para el consumo propio y eso ya fue elevado como proyecto al Ministerio del Interior de manera que los reclusos desarrollen autoemprendimientos».
La fase de instalación ya ha culminado, ahora se aprecia el trabajo de educación porque «no hay formación sin salida laboral», reflexiona Grecco.
Mientras la chacra genera espacios de manejo del campo con la cría y el engorde, la horticultura, la cría de suinos, la fruticultura, etc., los docentes enseñan cómo cuantificar los precios y educan por cada rubro ayudando a generar recursos. Lo mismo realizan con los chicos del INAU, en este caso un total de 25, elaborando el proyecto propio donde no es ajena la planificación anual, de forma de «no improvisar, de optimizar recursos, de organizar la actividad del año. Cada rubro es independiente del otro, pero ayuda a mantener al otro».
¿Y lo producido?
En cuanto a las posibilidades de tener un mercado que demande lo producido, Grecco sonríe y cuenta: «un estudio de la Intendencia Municipal de Durazno nos ilustró de que el 5% de lo consumido en la ciudad es producido aquí».
Vaya si habrá mercado para la noble tarea de educar para el trabajo en la tierra.*
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