"Muchas veces los hombres no hacen tareas del hogar porque las mujeres no los dejamos"
La institución, que cumple once años el 29 de junio próximo y es presidida por Mabel Lorenzo, tiene más de mil socios. De ese total, el 12 por ciento son hombres y el resto mujeres.
A la hora de referirse a la razón por la cual la mujer sigue teniendo mayormente el papel de ama de casa, reconoce que «muchas veces nosotras los expulsamos de ese lugar de la casa que creemos nuestro y nos parece que nos están invadiendo». Aunque también sostiene que quedan rastros de machismo.
–¿Cómo define a una ama de casa?
–No hay un prototipo del ama de casa, tampoco un manual de cómo se desempeña. Es algo que no se aprende en la escuela, es innato. Hay distintas realidades del ama de casa: las jefas de hogar, las que viven solas, aquellas que son madres de familia. Incluso están las mujeres que realizan las tareas propias de un ama de casa pero no quieren sentirse encasilladas en esa palabra. Y otras que no sienten como tal porque les parece que les faltan condiciones para serlo.
–¿Por qué todavía en el siglo XXI este papel le es otorgado mayormente a la mujer?
–Hace diez años conformamos la institución. En aquel momento se dijo que era feminista. Nosotros reformamos nuestro estatuto y dimos espacio a la categoría de socios hombres. De esta manera se convirtió en una de las primeras instituciones en abrir su puerta a los hombres. Lo decidimos porque es lógico hablar codo a codo entre ambos sexos.
–¿Qué perfil tienen los socios hombres?
–Muchos de ellos son nuestros esposos. La forma de actuar ha ido cambiando con el correr de los años: antes el rosado era para las nenas y el celeste para los varones, los hombres no debían llorar y las mujeres sí. Esto cambió.
–¿Realmente hubo un cambio de mentalidad?
–Todavía quedan rastros de los viejos tiempos; son esas pequeñas cicatrices que afloran. Pero a veces somos las propias mujeres, que cuando vemos que los hombres se interesan por algunas de las tareas que desempeñamos nos ponemos bravas y les decimos que la cocina es nuestro reino, no se metan porque nos ensucian. Hay varias lecturas. Por un lado hay más racionalidad porque la mujer ha tenido que salir a trabajar afuera, entonces el hombre tuvo que ponerse las pilas y dividir las tareas con su compañera. Y por otro aún quedan expresiones de machismo, de aquellos que exigen las tareas de la casa a sus esposas porque ellos aportan el dinero.
–¿Hay amas de casa de clase alta o es un mito?
–Hay de todas las clases sociales, todas las religiones y posiciones políticas: ser ama de casa es universal. No voy a negar que las mujeres de clase alta no tienen una cantidad de personas que las ayudan y asisten en las tareas. Pero ser ama de casa no es simplemente lavar los platos y pasar el trapo al piso: una ama de casa hace más de 30 tareas diferentes. Es enfermera cuando lo necesita alguien de la familia, es chofer para llevar a sus hijos a la escuela o al médico. Y es contadora porque hace que el sueldo llegue a fin de mes.
–¿Tendría que remunerarse el trabajo de la ama de casa?
–No. Pero sí creemos que la sociedad nos debe la jubilación por esta tarea. En Alemania la jubilación de la ama de casa sale del aporte que hacen los esposos e hijos mayores de edad solteros, porque la mujer contribuye para que los hombres puedan trabajar más horas y que puedan llegar a su casa, encontrar la comida pronta y la ropa limpia. No queremos un subsidio sino que surja de un aporte. Hay proyectos de este tipo en Uruguay pero lamentablemente están durmiendo en un cajón.
–¿Cuáles son las tácticas para convencer a un hombre de que trabaje en la casa?
–Al hombre no hay que convencerlo sino conducirlo. Las mujeres debemos buscar las maneras para que el hombre tenga ganas de hacerlo. Mi marido me ayuda y no soy de las jóvenes generaciones, llevo 35 años de casada. Pero es como todo: hay parejas que logran compartir las tareas y otras que no. Lo importante es tenerse respeto y saber que los derechos de uno llegan hasta donde empiezan los del otro.
—Hoy la expectativa de vida de las mujeres en Uruguay es mayor que la de los hombres. Por lo tanto, ¿qué pasa con las mujeres que dedicaron la vida a su esposo y cuando quedan viudas tienen que enfrentar la vida solas?
–Me he dado cuenta de que la mujer sabe llevar mejor la vida sola que el hombre. El varón queda más perdido cuando fallece su compañera, por lo que generalmente tiende a formar otra pareja. La mujer siente la carga de la pérdida pero tiene más armas para defenderse. *
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