El Premio Nacional de Medio Ambiente 1993 no se contuvo y lloró

Tabaré González y sus "bichos" ahora están del todo satisfechos

Ese hombre, muchas veces desconocido y maltratado en los últimos años, fue el creador artesanal de este espléndido paseo. Arrastraba su amor por los animales desde la infancia, cuando en la pequeña localidad de Estación Las Flores cada día salía a observar y capturar pequeños animales, no a «cazarlos». Luego ya radicado en Piriápolis, su casa supo ser nido de cuanto animal pudiera estar a su alcance; tenía desde serpientes hasta venados que amamantaba cual bebé de pecho. Era empleado bancario, pero optó por abandonar esa «cómoda» carrera.

Desde hace muchos años vive dentro de la Reserva; allí instaló a su familia y le puso el pecho a infinidad de balas. Conformó el rebaño de venados de campo en semicautiverio más grande del mundo. Ha intervenido en más de 20 jornadas, simposios, talleres y encuentros en Uruguay, Sudamérica y África y escrito alrededor de una decena de publicaciones, algunas de las cuales se han traducido al inglés y alemán.

 

No supo hacer un discurso

Al ser invitado el miércoles –como correspondía– a hacer uso de la palabra junto a otras autoridades, pero Tabaré González casi no hilvanó una frase; no supo desarrolar un discurso. Era literalmente «un animalito más» en aquel lugar tan agreste que él tanto ama; estaba viviendo un sueño impensado tras varios años de mucho dolor e incomprensión que, la verdad, también lo enfermaron.

Con demasiadas lágrimas en los ojos, le dijo a LA REPUBLICA, que «tantos años acá, que parecería que uno es un animal más (risas). Estoy saludando a los empleados municipales de acá, porque no es justo cuando a uno lo elogian tanto porque esto me parece hasta una mentira. Realmente ellos son los que hacen el esfuerzo, sin ellos esto no marcha, esto es un grupo», y destacó el trabajo de quienes están a su cargo, pero también el apoyo de las juntas locales de la Zona Oeste, y del personal del Ejército Nacional que también trabajó en el lugar para acondicionarlo de la mejor forma posible.

Tabaré González, hombre humilde y apasionado por los animales, confesó que los últimos años fueron los más duros de su vida. «Estos últimos cinco años pasados, fueron los peores de mi vida. Por momentos pensé que me iba a pasar algo; hubo un momento en que yo injustamente no pude cobrar el sueldo, solo parte, prácticamente solo para darle de comer a mis hijas porque yo en ese momento estaba separado de mi familia. Estuve cinco meses sin cobrar sueldo», pero además viendo que la Reserva se caía un poco más a cada instante.

«Yo hablé ahora de 700 animales que teníamos, y ahora tenemos 200; se caía. Se morían, los pumas por edad, otros animales por edad, y no podíamos ni traer un animal ni podíamos sacar ninguno. Entonces yo creí que nunca más iba a marchar, pero cuando vi que esta administración agarró esto con tanta fuerza, realmente me di cuenta de que sí se podía», agregó.

Finalmente reconoció que lo ocurrido parece un sueño. La Reserva abrió sus puertas, con todas las garantías para todos, con apoyo municipal y del propio Estado que, a través de un decreto suscripto recientemente por el presidente de la República, declaró «Monumento Nacional» a la ladera Sur del cerro Pan de Azúcar, justo donde está encavada la Reserva y donde aún persisten antiquísimas pinturas rupestres de las que también muy poco se sabe.

«Yo dejé el Banco República, dejé todo por esto. Iniciar algo es precioso, y es lindo ser un iniciador, pero volver a hacerlo de nuevo o vivir un día como hoy tan especial, parece mentira. Y bueno… la tercera ya no la voy a ver, porque esto sí se va a poyar definitivamente», concluyó Tabaré González, entre algunas lágrimas y también sonrisas de satisfacción. *

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