Todos los primeros premios de cada categoría desde 1985

El Carnaval desde el fin de la dictadura hasta nuestros días

El 1º de marzo de 1985 asumía el doctor Julio María Sanguinetti, y esa misma noche en el Teatro de Verano del Parque Rodó, actuaba en el Concurso Oficial, entre otras agrupaciones, la que iba a ser una de las ganadoras del certamen, La Nueva Milonga, de Tito Pastrana, con textos de Eduardo «Tanito» Di Lorenzo. Muchas cosas han ocurrido en dos décadas de Carnaval, mucho han evolucionado casi todas las categorías, y difícilmente un espectáculo del año ’85 por ejemplo, resista la comparación con otro de 2006, sin implicar esto un desmerecimiento de aquéllos. De todos modos, el Carnaval de aquel año tuvo connotaciones muy particulares, enlazándose en su seno una serie de factores de la más diversa índole, que acabaron recreando un fuerte polo cuya orientación precisa apuntaba a lograr la mayor apertura posible, ampliando notoriamente los espacios de libertad, en lo expresivo, en lo gestual y claro, en la vida social de la nación. Se iba la dictadura pero el Carnaval permanecía, luego de soportar todos los embates posibles e imaginables, entre los cuales, la censura feroz que destrozaba textos y desvirtuaba actuaciones, y la represión despiadada y selectiva, que terminó incluso con carnavaleros presos y exiliados, y hasta con agrupaciones prohibidas.

 

Llegan nuevos vientos

Muchos de los conjuntos que intervinieron en el carnaval del ’85, habían jugado un papel preponderante en la campaña electoral del ’84, participando activamente en los mítines del renacido Frente Amplio, además de espectáculos solidarios en merenderos, centros sociales, sindicatos, o en actos a favor de la amnistía. En la categoría de murgas se constató un verdadero torrente, registrándose la friolera de ¡33 agrupaciones! en el Concurso Oficial. Debutaban títulos como Misia Dura, La Embargada, La del Futuro, La Que Vuelve, La Solidaria, Antimurga BCG, o Murgamérica. Resurgían Asaltantes con Patente, Las Marionetas, Los Maragatos, La Censurada o los Clásicos Asaltantes. Los escenarios ya comenzaban a sentir el cimbronazo de los años duros, la falta de planificación y la orfandad absoluta de políticas oficiales orientadas a la preservación y mantenimiento no sólo de la fuente de trabajo de los carnavaleros, sino de una de las columnas vertebrales del Carnaval nuestro: el tablado. A pesar de ello, en ese año hubo un renacer sintomático del tablado  aunque es sabido que una golondrina no hace verano , con una concurrencia masiva de público a los escenarios de todos los barrios y una cantidad de contratos de conjuntos que superaba por lejos, la de los últimos cinco años. La integración del Jurado para el Concurso Oficial de aquel año, ya no mostraba nombres de militares o policías que preferirían no oír aquéllos repertorios. El maestro de ceremonias fue Servando Ruiz «El Boyero». De ahí en más, el camino es largo y muchos de los acontecimientos vinculados a los diferentes avatares de nuestra máxima fiesta popular son muy recientes, o están bastante frescos, aún cuando los tiempos que corren, vertiginosos y globalizados, nos imponen respuestas rápidas e impostergables. La gremial de los carnavaleros recuperó su institucionalidad, su nombre, su personería jurídica, retornando a su sede a fines de 1985. Comienzan a afianzarse los mega o súper tablados; luego de la llegada de la izquierda al gobierno municipal capitalino, cobran nuevo impulso los corsos barriales, y a medida que la crisis avanza se instrumentan los escenarios populares. Se lleva a cabo la experiencia del Voto Popular, se gana en transparencia en la elección de los integrantes del Jurado, en 1991 se realiza el Desfile Inaugural en el Estadio Centenario, se revitaliza  posicionándolo como un evento trascendente en el programa oficial , la elección de las Reinas, y se determina de una vez que el comienzo del Carnaval se concrete desde el primer día de febrero al margen de los vaivenes del almanaque.

En 1997 la IMM deja toda la organización y administración del Concurso Oficial en manos de Daecpu, retomándolo al otro año luego de la nefasta experiencia. A partir de 1999 se instaura el sistema informático para la emisión del puntaje de los integrantes del Jurado y se crea la Liguilla. *

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