Mucho trabajo para el maquinista y foguista

El tren a vapor llegó a San Ramón en cinco horas y revolucionó los pueblos a su paso

Para llegar de Montevideo a San Ramón el tren a vapor gastó dos mil litros de fuel-oil y diez mil de agua, precisó a LA REPUBLICA el secretario del Círculo de Estudios Ferroviarios del Uruguay (CEFU), Luis Hernández. En los 82 kilómetros de recorrido paró en cuatro estaciones: Peñarol, Santa Rosa, Cazot (en San Bautista) y Castellanos.

El trayecto duró mucho más de lo esperado: estimaban unas dos horas y media de viaje y finalmente el tren arribó a la estación de San Ramón en cinco horas y media. Pero llegó. Y como se trataba de un paseo, casi todos optaron por una espera paciente. Hasta bromearon al decir que la detención era por un corte en las vías del ferrocarril organizado por los ambientalistas argentinos.

Para unas 150 personas la travesía arrancó a las 9.30 horas de ayer en la estación de AFE de Montevideo. Allí se concentraron los primeros pasajeros, dispuestos a vivir una experiencia ya olvidada para la mayoría. Antes de subir a los vagones de 1952, muchos se detuvieron a observar la locomotora inglesa a vapor de 1910, advertidos por el humo negro que emanaba.

Una vez que se escuchó el primer sonido del silbato, ayudado por un «arriba que nos vamos», partió el tren. Eran las 9.47 horas. Ya no era posible arrepentirse. El CEFU, que organizó el viaje, no quiso dejar ningún detalle al azar. Por eso no faltó el guarda con el sombrero verde, silbato colgado en el cuello y la pinza para agujerear los boletos, también aggiornados para simular la época.

 

¿Argentinos cortando las vías del ferrocarril?

La primera de las cuatro sorpresas que hubo en el recorrido llegó antes de pasar por Sayago: cuando el tren había agarrado una buena velocidad de repente se detuvo frente a un cruce con otra vía. Estaba la señal en rojo para la máquina de casi 100 años y así se quedó durante media hora.

La explicación llegó cuando un tren de carga pasó frente a los pasajeros, pero antes se comentó que la máquina había levantado presión. Ellas escuchaban los argumentos pero no les importaba demasiado; estaban de paseo y sólo disfrutaban de la experiencia. Mirtha Vila, Lorena y Claudia Barrios, Clementina y Laura Posadas se enteraron del viaje por la prensa.

«Nos gustó la idea y además queríamos mostrarle el legado que nos dejaron los ingleses a una tía que vive justamente en Inglaterra (en Londres) desde hace 43 años», contó Mirtha. Su tía Clementina dijo que quedaban «muchos de estos trenes en Europa» pero es la primera vez que se sube a uno. Por eso el hecho de tener que sortear obstáculos durante el viaje la «divertía».

El ruido constante (chacacha, chacacha) del tren fue el atractivo del trayecto, al igual que los sonidos del silbato. Pero también lo fue descubrir el paisaje desde otra perspectiva y ver, por ejemplo, los fondos de las casas en vez de los frentes. «Lo interesante es que podés mirar las cosas desde otro ángulo. Es como si fuera una ciudad distinta, desconocida», soltó Leticia de 28 años, que viajó con Sonia, Rolando y Javier, amante del ferromodelismo.

Mirar para afuera y saludar a quien se asomara en algún cruce se convirtió casi en un hábito para los pasajeros, sobre todo cuando el tren atravesaba los pueblos. Autos detenidos en la calle o en medio del campo, con personas sacando fotos o filmando, fue una postal repetida del trayecto.

 

Todo un acontecimiento

Pero la llegada a las estaciones programadas era toda una revolución: no sólo esperaban los pasajeros que pronto subirían al tren sino también quienes los despedían y aquellos que no querían perderse ese raro acontecimiento desde que el ferrocarril dejó de funcionar por esos pagos.

La estación de Santa Rosa estaba repleta de gente a la hora que llegó el tren. Es que no sólo subieron vecinos de ese pueblo sino también muchos de San Ramón y de estaciones posteriores para hacer una parte del trayecto.

Graciela Díaz vive en Castellanos pero se subió en Cazot, una estación de antes. «Me trae emoción y nostalgia a la vez porque mi esposo trabajó en AFE», contó la mujer, que tuvo que viajar parada porque a esa altura del recorrido los tres vagones estaban repletos de gente.

Al igual que la mayoría, Graciela se informó en el trayecto que el combustible fue el causante de varias detenciones: «Es un fuel-oil que tiene unos cuatro años.

La antigüedad hace perder valor calórico y lleva más tiempo generar el vapor para funcionar», explicó Hernández.

A San Ramón llegó a las 15.15 horas y a pesar del retraso la gente no se movió de la estación hasta que el tren frenó definitivamente.

Una vez abajo, los pasajeros estiraron las piernas y empezaron a analizar qué transporte usarían para volver: si optaban nuevamente por el tren o echaban mano al ómnibus. ¡Que se repita!

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