¿Adónde va la categoría de Humoristas?
Es corriente que en la farsa cotidiana / de la noche a la mañana / presente esté el otro yo. / Si lo elogian o sonríen complacidos / sean sus parientes o amigos / no olviden el otro yo…» Así comenzaban cantando en 1948, el cuadro humorístico «El otro yo…», los inolvidables Humoristas del Betún, con la dirección responsable de Agustín «Potolo» Ferreira, y letras del genial Ernesto Viegas «Chevalier». El conjunto había sido fundado en 1943 y le cupo un protagonismo insoslayable en lo que a la consolidación y arraigo de la futura categoría se refiere. Además, el grupo estaba integrado por excelentes componentes que conformaban un verdadero cuadrazo: Luis Fernández «Peloche», Eulalio Vargas «Gradín», Hugo Alberto Balle, Alberto Aparicio «Campolito», y el «Curimba» Luis Rodríguez, entre otros, acompañados por las guitarras de los hermanos Botta. Es que desde siempre, la categoría humoristas convocó a los mejores exponentes artísticos, no sólo del quehacer carnavalero, y si bastara con un solo ejemplo, mencionemos a quien hoy da nombre a nuestro máximo escenario de Momo, el «Loro» Ramón Collazo. La evolución de la categoría da un salto enorme luego de mediados de la década del sesenta; todavía en el ’64, los propios Humoristas del Betún seguían planteando su espectáculo en base a canciones y no a humoradas. En ese año en particular, con aquella descacharrante «Receta de cocina: El arrollado de huevos», con letras de Paul Duffó. Sin afán –ni espacio–, de repasar la interminable lista de títulos que dieron vida y realce a la categoría, creemos que «los del Betún», La Escuelita del Crimen, y Jardineros de Harlem fueron pilares esenciales. La Escuelita, con un reposicionamiento a fines de los sesenta, que proyectó al conjunto como uno de los animadores de la categoría hasta el inicio de los años noventa y Los Favios, han sido tal vez, las agrupaciones que más claramente marcaron las pautas del humorismo de los últimos treinta años, hasta la aparición de Los Buby’s y Los Carlitos primero, y de Sociedad Anónima después.
El humorismo del Reglamento
Hasta allí, ya estaba «institucionalizado» el esquema de un saludo, dos humoradas y la despedida. Con pequeños matices, como comenzar a actuar a telón abierto, realizar una sola humorada, o recrear cuadros humorísticos en saludo o despedida, llegamos al humorismo de nuestros días. El Reglamento Oficial es bastante avaro a la hora de definir una categoría que le ha dado tantos nombres de lustre al Carnaval, y que ofrece un enorme potencial creativo, desde que invita a la originalidad, la inventiva y la libre creación. Dice el referido texto: «Esta categoría se basará en la libre comicidad de escenas, situaciones o personajes, no pudiendo basarse en argumentos de una obra literaria, hecho o suceso real. Podrá utilizarse una creación jocosa única o plantearse varios cuadros con pequeños intervalos muy ágiles, enmarcados siempre en una faz cómica». Y como dice el famoso dibujo animado, «eso es todo amigos». Más adelante se definen aspectos formales, como por ejemplo que «los conjuntos que concursen en esta categoría deberán ajustarse también a los siguientes aspectos reglamentarios: el tiempo de actuación se establece entre un mínimo de cincuenta minutos y un máximo de sesenta. Los conjuntos estarán integrados con un mínimo de doce y un máximo de diecisiete componentes, pudiendo registrar un número ilimitado de suplentes.
En cuanto al acompañamiento musical podrá ser orquestal o con pistas secuenciadas, no teniéndose en cuenta en ninguno de los casos para estimar el valor del puntaje en ese rubro». Este año concursan en la categoría cinco conjuntos, de los cuales tres –Jocker’s, Los Carlitos y Sociedad Anónima–, han ganado el primer premio en alguna oportunidad. Los cinco han pasado a la Segunda Rueda y en líneas generales se observa un nivel que va de aceptable a muy bueno.
La categoría hoy
Quienes hace cinco años se consagran como los mejores –Sociedad Anónima–, se mantienen fieles a un estilo que le ha dado excelentes resultados –dentro y fuera del certamen, hay que decirlo–; Los Carlitos apostaron a una forma de humor por la que el propio Cachito De León ya ha transitado con éxito en otras ocasiones. Los Jocker’s mejoraron sustancialmente lo hecho en los últimos años, abriendo caminos para que, en carnavales inmediatos puedan aspirar a marcar mayor presencia. Los Choby’s han insistido en una propuesta que denota un ligero perfil, ajustando muchísimos aspectos, pero ligados férreamente a la capacidad histriónica de un solo personaje, que marca los tiempos y el ritmo del espectáculo; lo válido es el resultado, al menos para la categoría: provocan la risa constante. Cyranos dio un paso atrás, y seguramente deberá servirle al conjunto para plantearse cuál es el camino que quieren recorrer y de qué manera. A nuestro entender, precisamente los tres conjuntos primeramente nombrados, que han obtenido alguna vez el primer premio, son los que clasificarán a la Liguilla. Más allá de los avatares del Concurso, este año la categoría se ha revitalizado tímidamente, aún cuando no aparece el gran espectáculo. Seguimos viendo en la categoría un enorme potencial y grandes posibilidades expresivas, incluso, más allá de la escueta definición que les reserva el Reglamento.
Hacer reír es la consigna y el fin último de quienes eligen participar en Carnaval dentro de esta categoría, pero los caminos para alcanzar esa meta son variados y disímiles, teniendo únicamente como elemento común, la necesaria cuota de inventiva y originalidad, ingredientes insustituibles a la hora de armar cualquier espectáculo de humorismo. Era la herramienta de los viejos maestros, como «los Betunes». *
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