CON GRAN PARTICIPACION POPULAR LOS BARRIOS VIVEN SU CARNAVAL

Cómo hacer un buen corso y no "morir" en el intento

«Nene, salí de adelante que no dejás ver nada…» «Señora, se puede correr un poquito por favor». Son algunas de las muchas frases escuchadas hasta el cansancio en cuanto Corso de barrio se realice; y es que la organización de estos desfiles de Carnaval se ha vuelto todo un problema, siendo el de la visibilidad uno de tantos, y no de los más complejos precisamente. Si usted concurre muy animado al Corso del barrio y pretende sentarse en una silla plegable o banquito o similar para observar tranquilamente la evolución del desfile, de seguro que lo que más verá serán padres o acompañantes que van «escoltando» a quienes desfilan. Esto trae a colación la otra pregunta: ¿qué pasaría si no lo hicieran, si padres o allegados no «escoltaran» el conjunto? Es innegable que los uruguayos tenemos una larga tradición de corsos de Carnaval, enriquecida por la memoria personal de cada uno, creciendo el brillo y los fastos virtuosos a medida que crecen las canas en la cabeza. Pero en verdad ¿eran muy diferentes aquéllos corsos de antaño, de estos de ahora? Pregunta hecha, al margen de los recuerdos puntuales, del carro del Chaná que no podía dar la vuelta a la esquina en el Corso de Villa Colón; de los famosos «colchones» de serpentinas y papelitos. No descubriremos la pólvora si decimos que hoy por hoy, con sólo observar uno de los tantos corsos barriales, se han desvirtuado peligrosamente las reglas más elementales de urbanidad y las normas básicas de convivencia.

 

Reinas pasadas por agua

Entonces, debemos pensar cómo hacemos frente a esa realidad que rompe los ojos para poder organizar un buen Corso barrial y no «morir» en el intento, o naufragar en medio del cruce del río. Vayamos de atrás para delante. Indudablemente la IMM cuenta hoy con una experiencia acumulada de más de tres lustros, lapso de tiempo en el cual las sucesivas administraciones, y en especial en la repartición que hoy se denomina División Turismo, han impulsado y reposicionado a los corsos barriales, rescatándolos prácticamente del ostracismo, constituyéndose en uno de los más significativos logros en lo que a políticas relacionadas con el Carnaval se refieren, y creemos que ha llegado la hora de apoyarse en viejos pilares además de crear otros nuevos. Los Corsos zonales de hoy se están llevando a cabo sin ningún tipo de vallas, sin ninguna clase de asiento para el público, con cierto descontrol en los horarios, y debería reverse el tema de la seguridad, vinculado a un repaso y eventual refuerzo de la red lumínica de las calles por donde habrían de transcurrir. Tomemos como medidor el Corso de Carlos María Ramírez, el sábado 18. Comenzó con un atraso de casi hora y media, quienes acompañaban a los conjuntos obstruían la visual, no sólo del público sino de los jurados, y las reinas debieron desfilar cubiertas por una mampara semicircular que las protegía de las bombas de agua, lo que no impidió que los desubicados sin límites, se las ingeniaran para «atacarlas» por la retaguardia, reventando las bombas en sus espaldas. ¡Y tanto que se habló este año del Edicto policial! Hasta los insulsos programas matinales de la TV, se ocuparon de ese Edicto que es más viejo que la batería de murga. ¿Quién fabrica las bombas de agua? ¿Quién las vende? Y, en última instancia, los hechos demuestran que pueden ser llenadas de agua  en el mejor de los casos , y ser lanzadas con absoluta libertad. Un Corso barrial con horario previsto de largada para las 20.30 o 21 horas, que acaba comenzando una hora, y hasta hora y media más tarde, seguramente finalizará en un horario impropio  en el ejemplo que mencionamos, a las dos de la madrugada continuaban desfilando. Si algo tenemos que aprender de lo que ocurrió este año en las Llamadas, es que la prevención, la óptima organización  talón de Aquiles de los corsos , y el cumplimiento de algunas premisas que están en la tapa del libro, son una buena garantía para evitar desbordes y situaciones de riesgo. Hace unos días, un lector escribía acerca del Corso de Justicia, recordando idos carnavales, y es verdad sí, que los locales comerciales que están cerrados en esa calle, lo seguirán estando.

Los cafés, las pizzerías y los bares no volverán por una noche de Carnaval, pero desde la planificación y la organización podemos darle a ese Corso otra viabilidad y proyectarlo con mejores perspectivas. Existe mucho de positivo para destacar, y en qué apoyarse, como la concurrencia masiva de la gente, el entusiasmo y la gran participación del barrio, la alegría y las ganas de los integrantes de las diversas agrupaciones que desfilan, la originalidad en muchos de los disfraces de quienes participan, el ingenio y la creatividad en la confección de carros, y el clima festivo sumado al deseo de todas las barriadas de vivir su fiesta carnavalera. Para conjugar todo ello, de pronto hace falta algo más que disponer de un simple corte de la arteria por la cual se desarrollará el evento. A todas luces es cosa buena que se realicen los Corsos barriales, pero recordemos también que no hay imagen más cruda que la de un desfile triste. *

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