Mercosur: la hora de quedarse

Uruguay: la nación lastimada

El comercio internacional es una trama de una complejidad extraordinaria, en particular para los países pequeños. Las sucesivas rondas negociadoras en el ámbito de la Organización Mundial de Comercio desnudan, ocasión tras ocasión, la rigidez de las posiciones de los EEUU y la Unión Europea. Promesas de reducciones futuras y programadas de los subsidios y de las limitaciones para el ingreso a sus mercados de los productos agrícolas, son las únicas concesiones reales que ofrecen. La enorme disparidad del potencial económico de los distintos actores limita fuertemente las posibilidades de acuerdos razonablemente justos entre los países centrales y el resto del mundo en desarrollo. Esto impide avances sustantivos que le abran mejores condiciones a la producción de los países pobres, en particular a su producción agrícola. A pesar de lo dicho, para una economía pequeña como la nuestra es imprescindible participar del marco de negociación multilateral, máxime desde el surgimiento de articulaciones del Sur, como el Grupo de los 20 liderado por Brasil, China e India. Esa participación se fortalece, por otra parte, si se integra un buen espacio regional.

 

La vocación regional por el Mercosur

Desde su creación, el Mercosur contó con nuestro apoyo firme. En un mundo que enfrentaba los desafíos de la globalización, con una clara orientación a la formación de bloques económicos supranacionales y con nuestros dos grandes vecinos iniciando un proceso de acercamiento e integración, aspirábamos a que nuestro país no quedara aislado, y a una apertura selectiva a la región que sustituyera a la apertura impulsada por el gobierno de entonces hacia el mundo entero, irracional por indiscriminada y unilateral. Veíamos -y vemos- al bloque regional como la única forma de negociación equilibrada con los grandes actores económicos internacionales, pero también queríamos -y queremos- un proyecto más ambicioso en sus metas: partiendo de la mayor integración comercial lograr desarrollos zonales, cadenas regionales, coordinación de políticas económicas, sociales, culturales y científico-tecnológicas, y también el desarrollo de instancias políticas comunes.

Hasta el presente el Mercosur no ha pasado de una zona de libre comercio, no total, pero de importante alcance, con un Arancel Externo Común hacia el resto del mundo muy perforado. Sus logros se encuentran situados más en el plano político que en el económico y comercial, en el cual es tan notorio como innegable el estancamiento en que se ha caído.

 

El renacimiento del bilateralismo Argentina-Brasil

En un Mercosur con pocos avances, Argentina y Brasil sacudieron el tablero firmando el 1° de febrero último un Protocolo Adicional al Acuerdo de Complementación Económica 14 (ACE 14); el mismo establece «medidas que contribuyan a la adaptación competitiva, la integración productiva y la expansión equilibrada y dinámica del comercio». En este protocolo se establecen mecanismos de adaptación competitiva (MAC) y se admite, para el caso de verificarse una invasión de importaciones de productos que afecten una rama de la producción nacional, la protección del mercado con una sobretasa arancelaria al volumen de importaciones que supere una determinada cuota fijada por el Estado importador (artículo 16). La sobretasa permitida lleva la protección arancelaria a porcentajes muy cercanos al arancel externo común. Quiere decir que se agregarán nuevas excepciones al libre comercio en el interior del bloque.

Un acuerdo de protección de este tipo podría llegar a ser interesante si fuera general para todo el Mercosur (y procurara la industrialización y complementación productivas), pero la bilateralidad del acuerdo argentino-brasileño atenta contra la igualdad de tratamiento a los otros Estados asociados. Resulta un verdadero contrasentido que acuerden los dos países más grandes, a iniciativa de Argentina, cuando el desarrollo armónico en la región requiere la protección y promoción de las economías más pequeñas y más frágiles.

Por otra parte, conviene también recordar que el ACE 14 es anterior al Tratado de Asunción, por lo cual este acuerdo implica el retorno al bilateralismo argentino-brasileño de la segunda mitad de los ochenta. El ACE 14 abarcó y amplió todos los acuerdos de alcance parcial, de complementación económica y comerciales existentes hasta entonces. En esa etapa, en el año 1988, se firmó entre ambos países el «Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo» con el objetivo de eliminar todas las barreras tarifarias y no tarifarias como forma de crear antes del 31 de diciembre de 1994 las condiciones necesarias para el establecimiento de un Mercado Común Bilateral. Pero antes, en 1991 se creó el Mercosur.

 

El enrarecimiento de las relaciones con Argentina

La actitud agresiva en el tema papeleras no constituye un hecho aislado, y corre en forma paralela con lo anterior. Se invoca un anterior y presunto incumplimiento de formalidades en la CARU, absoluta y radicalmente desproporcionado en relación con el daño que se inflige y con los recursos que se anuncian. En cambio sí es indudable que Argentina violó el tratado de Asunción impidiendo el tránsito normal en la frontera. Aún más allá, ha violado las normas de convivencia pacífica, estableciendo una especie de bloqueo parcial que provoca un daño indiscriminado en la economía uruguaya, ya que perjudica a sectores que nada tienen que ver con las plantas de la discordia. ¿Qué pasaría si Uruguay asumiera una actitud similar y llevara a la Corte de La Haya tal violación? ¿O si en el plano comercial, invocando el riesgo para el status sanitario del rodeo nacional ante el foco de aftosa, estableciera una prohibición absoluta de ingreso a todo producto argentino? Sería llevar las relaciones a una tensión riesgosa e injustificada. No ha sido esa la conducta uruguaya; la respetuosa carta del presidente Tabaré Vázquez al Presidente argentino es prueba de ello. En la carta se reclama el necesario cumplimiento de la normativa vigente levantando los cortes de ruta, se sugiere la convocatoria de un Consejo Mercado Común extraordinario y se reafirma la apuesta al diálogo y la comprensión mutuas. Si hay voluntad de diálogo y acuerdo, las soluciones son alcanzables, pero Argentina hasta ahora no la mostró. Más: nos ha lastimado, en forma tan inmerecida como irresponsable. Inmersa en la recuperación de su actividad económica, parece ver como un riesgo toda inversión regional que no la incluya, y en particular el desarrollo de los puertos y del comercio de tránsito de la otra orilla del Río. En este marco no es hora de irse del Mercosur, como sostienen algunas voces, sino de quedarse y apelar a sus compromisos y al buen sentido de los gobiernos y los pueblos de la región.

 

El Uruguay está en la línea adecuada

La vocación latinoamericanista es un signo de nuestro país. No hemos perdido la vocación de integración regional, de construcción del Mercosur, máxime en una hora de cambios políticos progresistas. Los avances políticos nos han tenido como actores principales, pero las trabas comerciales también las hemos sufrido como nadie. La región es nuestra prioridad. Pero sabemos que en un proceso de integración se verifican marchas y contramarchas. No alcanza con la voluntad particular de uno de sus actores para allanar el camino; un diferente punto de partida, un potencial económico desigual, el peso de las realidades e intereses internos, e incluso las distancias culturales y las historias particulares, interactúan y dificultan el avance.

En este contexto, la política a seguir por Uruguay debe continuar explo
rando dos caminos complementarios, y saber administrar las tensiones entre los mismos: por un lado, preservar el espacio privilegiado del Mercosur, como plataforma de un regionalismo abierto y no excluyente; por otro, desarrollar un bilateralismo múltiple con acercamientos comerciales con todos los rincones del mundo, para aumentar y diversificar las exportaciones, y de esta manera también disminuir nuestra vulnerabilidad.

Para todo ello el presupuesto más importante radica en la firmeza y dignidad con la que defendemos nuestra soberanía y las condiciones de vida de los uruguayos. *

(*) Senador de la República

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