Niños que viven a 20 minutos del Centro viajarán hacia el mar por primera vez
«A pesar de que habían resuelto partir a las cuatro, Rataplán llegó a las tres. Era el primero en llegar.
En el café había un solo hombre, sentado al lado de la puerta, desconocido para Rataplán, lo que quiere decir que no era del pueblo.
-Buen Día – dijo aquél al entrar.
-Bueno -respondió el otro, y acercó una silla al recién llegado como si le conociera o estuviera esperándole y, tras un silencio, agregó:
-¿Madrugó, eh?
-Sí -respondió Rataplán-, estamos de viaje a la playa.
-¿A qué playa?
-¿Hay más de una?
-¡Uf!… Muchísimas. ¿No conoce el mapa?
-No señor, no lo conozco…
-Pues playas hay muchísimas…
-Habrá.
A nosotros nos lleva Rodríguez.
¿No ve que nunca hemos visto el mar? (…) *.
No es fácil pensar que en Uruguay, y en especial en Montevideo, haya niños que no conocen la principal avenida de la capital. No es fácil tampoco escuchar a un niño decir que por primera vez sale de viaje y no conoce el mar.
Con 23 años, Paola por ejemplo no ha salido de la Cachimba del Piojo. «Sólo conozco acá», dice con voz tímida a LA REPUBLICA. Y aunque cuenta que está nerviosa, sus ojos se emocionan y algo le impide expresar lo que quizás quiere gritar.
Lo único que supo hacer desde niña, fue salir con un carro a recolectar basura, siempre con un andar lento y la cabeza gacha. Hoy se fue de su hogar y su suegra la alberga en su casa.
Bertha (la suegra) es parte del grupo de siete adultos que acompaña a los 38 niños y adolescentes de entre 9 y 14 años que viajan hacia el balneario Punta Ballena, ubicado en el departamento de Maldonado y a 14 kilómetros de Punta del Este.
Su vida no ha cambiado mucho desde la niñez, hace 43 años que vive allí. Hoy tiene seis hijos que no fue fácil criar, «me las vi en figurillas», dice entre tímidas sonrisas.
«Cuando era chica con mi familia pasamos muy mal, pasamos mucha hambre desde que mi padre falleció, en ese momento yo tenía 6 años.
Estaba acostumbrada a tener todo, de un día para el otro no tenía nada. Tuve que comenzar a escuchar el «no» mucho más seguido; que le pidas pan a tu madre y ella te tenga que decir «no hay», o leche y te decía «no tengo», y pasar dos o tres días sin comer. Tragar saliva, seguir y tomar mate con yerba de varios días. Ibamos con mi abuela a la feria y pedíamos o juntábamos lo que quedaba de los puestos, verduras, frutas o lo que fuera para poder comer».
La vida de Bertha pese a todo hoy parece pegar un giro. La señora tiene otras esperanzas y aguarda con ansias que los trabajos proyectados puedan efectuarse, así también como un taller de Costura y Confección que piensan instalar. «No pedimos vivir como reyes pero por lo menos poder sobrevivir».
Hacia Punta del Este
Desde el merendero ubicado en Molina y Eredia partieron hoy los 38 niños y adolescentes hacia Punta Ballena. Allí se instalarán hasta el jueves 23 en uno de los principales campings del balneario, ubicado a 14 kilómetros del principal balneario esteño Punta del Este.
Estas personas que viven a tan solo 20 minutos en ómnibus del centro de Montevideo y a media hora de las playas de la zona oeste, no han salido nunca de La Cachimba.
Para Jorge esta experiencia es inolvidable: «No sé cómo explicarte, porque yo de chico nunca tuve la oportunidad de conocer otros lugares. Todos los niños tienen que tener el derecho de conocer. Es un poco el ir a conocer que hay un lugar que está apartado de Uruguay.
Para los niños esto es inolvidable. Yo estoy contento porque ellos van a disfrutar de algo diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados. Mi goce va a ser a través de ellos y para que puedan sentir que ese país que ven por televisión también les pertenece».
Son niños y niñas, hijos de padres que no han tenido la oportunidad de tener un trabajo fijo, con un salario digno. La mayoría hace changas, trabaja con los carritos tirados a caballo o a mano en la recolección de basura, pero siempre para todos hay escasez y la comida es uno de los problemas del día a día.
La vida en la Cachimba es muy rutinaria, «no es como en otros tiempos, cuando funcionaban los frigoríficos y fábricas, la gente iba y venía a trabajar y era otro el movimiento, los jóvenes iban a estudiar y los niños andaban bien», cuenta Luis.
«Ahora desde que se levantan andan en la calle solos, hay muchas madres solteras acarreando con los gurises, viendo cómo pueden sobrevivir.
Ves que los jóvenes no tienen futuro, hay drogas por todos lados y de toda clase. Esto es muy feo».
Luis nació y se crió en el barrio junto a cinco hermanos hace más de 40 años y el cambio que ve es que «la miseria ha avanzado mucho más».
Otro país lejos de la Cachimba
«El mar -decía Rodríguez- es una cosa muy soberbia y bárbara… Para mí es un misterio que no me puedo explicar…»
A cada niño le será entregado un lápiz y cuaderno de manera que puedan escribir sus emociones e impresiones del lugar que visitarán hoy. Camila que tiene 10 años es la primera vez que viaja y cuenta estar feliz, porque es la primera vez que va a salir , «Pienso que voy a estar con mis hermanas, que me van a cuidar, que no me va a pasar nada y que voy a estar segura allá». Desde Montevideo viajarán en un ómnibus que la Intendencia de Montevideo puso a disposición, ya la idea del viaje tiene su origen en la visita que el intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, hizo a la Cachimba a fines de diciembre de 2005. En esa oportunidad el barrio le planteó sus necesidades e inquietudes y sobre todo la preocupación que existe por los niños y niñas del lugar. Cuando lleguen a Maldonado un ómnibus dispuesto por la intendencia de Maldonado será por su parte el encargado de trasladarlos en los siguientes días dentro del balneario.
«Después de ver Punta del Este y al ver la Cachimba, te da bronca…..te da impotencia, vos ves cómo son las calles allá y venís a tu barrio y ves a los niños comiendo de la basura. Todo es distinto, desde la manera en que te criaste, cuántas escuelas tienen, cuánta gente de la que está allá puede tener trabajo (…)», expresa Celia, de 34 años, que ya visitó el balneario en vísperas de los preparativos. Celia también es oriunda del lugar, de adolescente tuvo alguna oportunidad de salir, «conocí 18 de Julio cuando tenía 19 años, yo sentía a la gente hablar y pensaba que era algo especial».
Los más veteranos del lugar piensan que este viaje cambiará las esperanzas de sus niños y niñas, o al menos les alegrará sus días y tendrán algo hermoso para contar.
Los sueños de ellos van mucho más allá, Luis expresa su esperanza de que «los jóvenes cambien el porro por una trinchera de lucha, que cambien la botella de vino por un lugar más social, que se interesen por los que les rodea» y recuerda que «todo se logra pero en base a lucha».
–«Ya estaban frente a aquella cosa soberbia, bárbara y misteriosa -según Rodríguez-, callados, esperando cada uno la voz del otro. Caía el sol.
-¿Qué te parece? -preguntó Rodríguez a «Siete y tres diez», señalando con el brazo extendido hacia el poniente.
-Y…-respondió aquél- es pura agua… Más o menos como la tierra que es tierra… nada más que es agua…
Rodríguez sintió rabia y desilusion. ¿Aquélla era una contestación? ¿El y el mar merecían esta afrentosa respuesta?…
-¿Y
si es agua qué te voy a decir? ¿Qué es tierra? -terminó «Siete y tres diez».
El Vasco se había agachado. Apretaba y soltaba el puño levantando y dejando caer puñados de arena.
Rodríguez se dirigió a él:
-¿Y a vos qué te parece?
El Vasco lo miró como si hablara en inglés.
-¿El qué? -preguntó.
-¿El qué? ¿Qué va a ser? ¡El mar! (…)»
* «El Viaje Hacia el Mar», de Juan José Morosoli.
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