TEMPLOS TAMBIEN SON OBJETIVO DE LOS DELINCUENTES

A San Rafael le robaron el pez y a Jesús, el pan

Las iglesias católicas vienen siendo atacadas desde hace mucho tiempo. Sin golpear la puerta, los delincuentes atropellan contra las parroquias, capillas y templos e ingresan sin rodeos.

Esto ha llevado a que las iglesias cierren sus puertas durante la mayor parte del día, y abran una hora antes de la misa o de cualquier otra celebración especial que se vaya a desarrollar. Los párrocos no pueden pagar como «se debe» a un sereno para cada templo.

«A veces la gente pasa y dice: este cura no quiere trabajar, las puertas de la iglesia siempre están cerradas», expresa el Padre Bonilla, párroco de la iglesia del Cerro. Empero, no es así. Sólo toman las medidas pertinentes y que no cuestan dinero.

Bonilla opinó que aunque el fenómeno de los robos es antiguo, ahora se ha agravado y es acompañado por otros actos de vandalismo, maldad y pillería. «La gente no entiende que hoy en día los robos a las iglesias son mucho mayores que antes».

Incluso hay malvivientes que hasta se atreven a usar los templos como si fueran baños públicos. También sobran anécdotas protagonizadas por parejas que se hunden en los rincones de los templos para declararse el amor con fogosidad, cosa que sorprende y horroriza a solitarios fieles que de pronto se hallan concentrados en orar.

Antiguamente las iglesias se encontraban abiertas durante todo el día, actualmente, salvo excepciones, los horarios para abrirlas se relacionan estrictamente con los oficios religiosos.

Según testimonios de los propios curas, hoy se roba todo lo que es robable, bancos, manteles, candeleros, candelabros, lamparitas de los confesionarios, se arrancan los cables, los parlantes y todo lo que se encuentre al alcance de sus manos.

El padre Bonilla cuenta que por ejemplo en la parroquia del Cordón le robaron a San Rafael el pescado que llevaba en la mano, acá en el Cerro se llevaron el pan del corazón eucarístico de Jesús. «No sé si esto lo hacen por fetichismo, superstición o solo por hacer daño».

Los conocidos sacristanes, que podrían paliar el estado de cosas, hoy sin embargo no abundan. Sucede que hay que pagarles un salario digno, «más allá de lo que establezca la ley y hay que tenerlos con todos los beneficios sociales».

También las alcancías ubicadas muchas veces debajo de las imágenes de santos a ambos lados del templo o en los laterales del altar son objeto del hurto.

Para robar, los cacos introducen unos ganchos con chicles, de manera que los billetes quedan pegados y se pueden sacar con facilidad.

En fechas especiales, como casamientos, el Día de San Valentín o el Día de Lourdes, o de San Cayetano, algunas parroquias llaman al servicio 222 para que realice la guardia. *

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