Coordinación interinstitucional salvó la vida de una prematura
El convenio entre el Banco de Previsión Social y el Hospital de Tacuarembó permitió ayer que una cirugía cardíaca le otorgara una nueva esperanza de vida a una niña de dieciocho días de edad que pesa 680 gramos.
Irene, primera hija de una joven de 20 años, nació tras 25 semanas de gestación, y su peso actual, después de 18 días de vida, es de 680 gramos,
Entre las dificultades que se presentan en un caso como este, se encuentra el del ductus arterioso que, tras el parto, se torna una malformidad cardíaca debido a que continúa funcionando tal como lo hacía en el interior del útero.
De acuerdo a lo explicado por el doctor Luis Pereira, médico intensivista de guardia en el CTI infantil del mencionado hospital, esta conexión que permite la circulación de la sangre de izquierda a derecha durante la gestación debe cerrarse naturalmente en el momento del nacimiento. Y esto fue justamente lo que falló en el corazón de Irene.
La falla cardíaca fue detectada mediante una ecocardiografía realizada en el hospital público norteño, luego de que la recién nacida, usuaria de los servicios médicos del BPS, fuera trasladada desde la mutualista local al CTI del centro de Salud Pública gracias al convenio de cooperación firmado por este nosocomio y el instituto de seguridad social en diciembre último.
Si bien el estudio permitió un diagnóstico certero de la gravedad de la situación, la cirugía fue decidida luego de que en la madrugada se presentaron serias complicaciones que pusieron en riesgo la vida de Irene, e incluso impedían su traslado a Montevideo a causa de que prescindir del respirador artificial no era una opción válida, y de que el tiempo era escaso.
Fue así que en la mañana el equipo de médicos comandado por el doctor Rafael Ansibar, realizó la riesgosa intervención a cielo abierto (que en términos coloquiales significa abrir el pecho para llegar al corazón), que conllevó una hora. En casos menos urgentes, los médicos suelen optar por tratamientos menos invasivos, como la anulación del ducto a través de la aplicación de indometacina por vía intravenosa.
Un final distinto
El procedimiento quirúrgico fue bien tolerado por Irene, quien en la tarde de ayer todavía se encontraba en estado delicado, pero más estable que el que presentaba anteriormente. Pereira, el médico intensivista pediátrico que vigila el posoperatorio indicó que el hecho de tratarse de una prematura dificulta la capacidad de realizar pronósticos acerca de la recuperación, sin embargo aseguró que «la cirugía es un elemento muy favorable para pensar en un pronto retiro de la paciente del respirador».
Consultado acerca del procedimiento, el director del hospital de Tacuarembó, doctor Ciro Ferreira, afirmó que es la segunda vez que esta intervención se realiza en ese centro, remarcando que en esta oportunidad se trata de un hecho que «hace a la recuperación de la equidad y a la posibilidad de que los niños puedan salvarse también en los hospitales públicos». Y agregó que por sobre todo «demuestra la importancia de la coordinación público privada», refiriéndose con esto a que antes de la firma del acuerdo entre el hospital y el BPS un niño en las condiciones de Irene habría tenido que ser trasladado al Hospital Canzani, centro de atención médica del Banco ubicado en Montevideo, con altísima probabilidad de morir en el camino. *
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