Mil dólares obstaculizan encomienda para uruguayos que estudian en Cuba
Todos los años, cientos de jóvenes se presentan a concurso para obtener algunas de las becas que ofrece el gobierno cubano para estudiar medicina en la isla. Al día de hoy alrededor de 300 uruguayos se preparan en ese país para ejercer esa carrera en Uruguay.
También decenas se presentan a la beca de la Escuela Internacional de Educación Física y Deporte. El año pasado cuatro uruguayos egresaron de este instituto, como parte de la primera generación de alumnos latinoamericanos que se entrena en Cuba. Hoy son 34 los alumnos que continúan estudiando allí para luego de seis años de cursos obtener el título de Licenciado en Educación Física y volver a Uruguay.
Estas carreras son las que concentran más alumnos uruguayos, pero además de ellas hay otras nueve disciplinas que cuentan con compatriotas en su lista de estudiantes, por ejemplo agronomía, arquitectura, ingeniería química, ingeniería hidráulica e historia.
Las becas incluyen además de los cursos, el material de estudio (hasta la indumentaria adecuada para cada disciplina), el alojamiento, la alimentación y viáticos mensuales por cien pesos cubanos, lo cual es una cifra considerable dentro del promedio de ingresos local.
Sin embargo, las diferencias entre los recursos de Cuba y las costumbres uruguayas, a veces se sienten. Por esa razón los padres de los 404 jóvenes estudiantes conformaron un grupo que, con el apoyo del Departamento 20, pretende enviarles un contenedor con elementos básicos, cuyo valor en la isla suele subir varios puntos.
El envío había sido previsto para el 10 de febrero pasado, pero debió postergarse debido a que el costo de la «encomienda» creció mil dólares, por algunos impuestos y gastos de aduana que o pudieron exonerarse a causa de la normativa vigente.
Ahora los padres y el Departamento 20 contactan a entes públicos y empresas privadas para obtener donaciones monetarias que les permitan llegar a esa suma, junto con los cien pesos que cada familia debe aportar a la cuenta que se abrió en el Banco República (Nº 152.022.089 -6, Container Cuba) para pagar los 3.300 dólares del alquiler del contenedor.
Esto significa una carrera contra el tiempo, puesto que el depósito del dinero a la cuenta bancaria debe efectuarse a más tardar el viernes, de manera que el lunes 20 pueda ser traspasada a la empresa que realizará el traslado marítimo de la encomienda, cuya nueva partida está fijada para el martes 21. De no lograrlo, nuevamente el envío sería postergado, pero esta vez sin una fecha concreta para volver a intentarlo.
La distancia cambia la Navidad
María Ester Bontink es la mamá de Mauricio Arévalo -más conocido por «el Mauri»-, estudiante de educación física en Cuba desde hace tres años. Es su único hijo, y aunque dice sentir solo nostalgia, se nota que lo extraña mucho, «pero que vas a hacer, es su futuro, no le vas a cortar las alas, porque justo cuando salió la beca acá había muchos problemas en el Instituto de Profesores de Educación Física que le impedían cursar con normalidad», dice.
La partida de Mauri provocó grandes cambios, por ejemplo, en su casa las fiestas (todas las fiestas hasta el cumpleaños de «el nene», que es en diciembre), pasaron a celebrarse en junio y agosto, meses en que él regresa a Uruguay a disfrutar de sus vacaciones.
María Ester, asegura que también ella cambió a causa del nuevo relacionamiento que tiene con Mauri. Antes conformaban un hogar, ahora sortean la distancia a través de algunos mails semanales llenos de besos y mensajes de aliento, y escasas llamadas telefónicas debido al costo de las mismas.
«Con esta experiencia aprendí mucho de mi hijo. El siempre dice: ‘para atrás, ni para tomar impulso’. Es así que su partida me motivó a terminar el liceo. El día en que sale el contenedor doy el último examen de sexto año de Derecho», subraya emocionada, conteniendo las lágrimas, igual que en cada ocasión que se ha despedido de Mauri en el aeropuerto.
Bicicletas, yerba y jabón
Antes de la creación del Departamento 20, este grupo de padres si quería enviar algo a sus hijos debía abonar al Correo 180 pesos por quilo, de un paquete que debía pesar 30 quilos, para obtener esa tarifa especial. Ahora el contenedor les significa un gasto de 300, pero pueden mandar hasta 50 quilos por estudiante.
Ella asevera que su hijo no precisa nada y que éste se resistía a que se le enviara cualquier tipo de producto, pero que cuando surgió esta posibilidad accedió siempre y cuando «se le pudiera mandar la bicicleta», pedido que también hicieron otros cuatro estudiantes. Consultada acerca de qué cosas componen la encomienda, María Ester exclama: «yerba, quilos de yerba». Y después alarga la lista mencionando jabones, pasta dental, champú, papel higiénico, y hasta termos. Ella afirma que la escuela «aprovisiona a los chicos de productos de tocador pero no en la cantidad a la que estamos acostumbrados, sino en la medida de las posibilidades de un país que padece el bloqueo comercial. Por eso es necesario que reciban estas cosas que parecen mínimas, pero es algo muy importante para ayudarlos a completar sus estudios en un país que generosamente les brindó la oportunidad de formarse aun cuando no tuvieran los recursos necesarios».
Dentro de un mes, cuando el contenedor llegue a La Habana, el embajador uruguayo en la isla, Jorge Mazzarovich, lo recibirá y reenviará los paquetes a las distintas escuelas universitarias, facilitando la llegada de los mismos a sus destinatarios, quienes antes debían sortear varias dificultades de transporte para recibirlos.
Por otra parte, el grupo de padres planea que si esta experiencia «sale bien», en los próximos envíos incluirán útiles escolares y otros productos como donativos para los centros educativos, ya que el sentimiento general es de que por allá hacen mucho por los uruguayos. *
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