Miles de personas se acercaron ayer a la Gruta de Lourdes para pedir y agradecer
Anselmo Bovio, de 68 años, y Renata Chiavia, de 55, se definieron como «simpatizantes» de la Virgen María. Por eso los 11 de cada mes, no sólo de febrero, llegan religiosamente a la Gruta de Lourdes para pedir «trabajo y salud» y agradecer. Ayer, en la celebración de los 148 años de las apariciones de la Virgen, también dieron el presente.
Y aprovecharon para prenderle alguna vela.
Esta vez Anselmo prendió seis, número que no tiene un significado especial.
«Antes prendía doce velas, pero la cantidad no es lo que interesa», aclaró ayer el hombre, que vive cerca de la parroquia desde hace 33 años. Renata prendió dos velas y se quedó con la ganas de llevarse agua bendecida.
Igual no se preocupó demasiado porque todavía tiene guardada en su casa la que extrajo de la Gruta el domingo pasado. «Con el agua bendita me baño del cuello a los pies.
Y no me seco», contó la mujer. Al igual que Renata, cientos de personas se mojaron ayer con agua bendita o se la llevaron en botellas. Claro que para lograr su objetivo tuvieron que hacer una cola de varias cuadras.
La imagen de Santa Bernardita, única testigo de las apariciones de la Virgen María en 1858, también fue visitada ayer por los fieles. Desde las siete de la mañana y hasta las ocho de la noche circuló gente por la Gruta, pero entre las 14 y 18 horas se registró el mayor movimiento de la jornada.
Es que a las 17 horas presidió la misa el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, y muchos quisieron estar presentes.
Dominga Naya, de 79 años, hacía «tiempo» que no iba al santuario, como «cinco o seis meses», dijo. La mujer se acercó ayer para pedirle a la Virgen que le «cure los dolores en la cintura» y también a agradecer. Confesó que ya le hizo «varias promesas a la Virgen» y esta vez no fue la excepción.
«Siempre me ayudó la Virgen, por eso le rezo todas las noches. Es muy milagrosa», expresó Dominga, quien viajó desde Camino Maldonado y Libia en el 405. Y lo mismo hizo para volver. Pero no se hizo ningún problema porque logró su cometido: visitar una vez más a la Virgen.
Un poco de historia
Marie Bernard Soubirous, «Bernardita», tenía 14 años cuando vio la primera aparición de la Virgen. La joven iba a recoger leña y para eso tenía que atravesar un arroyo. «Apenas me había quitado una media oí un gran ruido, como si el viento hubiese soplado. Levanté la cabeza para mirar la Gruta y vi una señora vestida de blanco…La señora me hizo señal de acercarme pero no me atreví y me quedé en el mismo lugar. Y de pronto la visión desapareció», contó la joven.
La primera aparición fue el 11 de febrero de 1858. Desde ese día y hasta el 16 de julio de ese año, la joven presenció 18 apariciones en el mismo lugar. En una de ellas, la Virgen encomendó a Bernardita construir una capilla para recibir a los fieles en procesión. Desde su inauguración no pasó un día sin la presencia de devotos y peregrinos.
En Uruguay, los padres dehonianos fundaron el 2 de febrero de 1941 la parroquia El Salvador en la periferia norte de Montevideo. El segundo párroco de la iglesia, Pedro Bartels, decidió levantar una gruta en honor a la Virgen. Se inauguró en febrero de 1947 y el 11 de febrero de 1958, a cien años de las apariciones de la Virgen, la Gruta fue declarada Santuario Nacional. *
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