Polémica en torno al destino del águila nazi
El equipo de rescatistas consultó a Alemania e Inglaterra acerca del posible valor monetario de la escultura, la respuesta fue unánime: «No tiene precio».
A pesar de que Bado fue terminante y aseguró que la empresa no está interesada en conservarla, fundamentando tal postura en la «connotación especial» de la misma, esto no constituye una decisión definitiva sobre el destino de la pieza, puesto que por ley el 50% de ella es propiedad del país donde fue encontrada.
En tal sentido, el buscador de tesoros reiteró que «si es posible y el gobierno lo entiende conveniente, lo mejor es venderla y de lo que se saque de ella invertir en centros educativos u otras obras sociales importantes».
Acerca de este punto el presidente de la Comisión Nacional del Patrimonio, Manuel Esmoris, quien al momento de la consulta no estaba al tanto del rescate debido a que sólo se informa por la prensa prescindiendo de la televisión y la radio, dijo discrepar con la venta de ese bien cultural, aunque aclaró que esta resolución trasciende las potestades de la organización que dirige.
«No me opongo a la finalidad de lucro si esto se incluye dentro de un plan de manejo cultural de todo el bien, en este caso del buque en su conjunto, que garantice a los uruguayos algún retorno. Esto es, la conservación de la pieza en el país. Ya hubo una fantasía de que con la venta de las monedas recuperadas de un buque se iba a pagar la deuda externa y eso no pasó», detalló.
En medio de las diferencias que surgen en relación a la venta se encuentra una polémica mayor que atañe a las condiciones en que se realizan los rescates de tesoros en Uruguay.
Según Bado, para la recuperación total del Graff Spee se requieren 30 millones de dólares y sortear «muchas trabas, que si bien no son aplicables a este naufragio en particular, la Comisión de Patrimonio ha aplicado para rescates de otros buques, y que hacen que todo el que pretende invertir esté siempre temeroso de que las autoridades uruguayas incumplan con los contratos».
El presidente de la Comisión de Patrimonio remarcó que las actividades desarrolladas por Bado se efectúan al amparo de una ley de cascos hundidos que no se refiere a bienes culturales sino a la limpieza de los puertos La misma será modificada próximamente para que el rescate de tesoros hundidos pase a la órbita cultural con las exigencias correspondientes.
«Los derechos adquiridos hasta el momento hay que respetarlos aunque diezmen los bienes culturales, porque eso es lo que sucede cuando se rescatan piezas aisladas. Muestra de ello es el telémetro que tras ser sacado del agua fue colocado en un ambiente inadecuado, sin mantenimiento y hoy está muy deteriorado», afirmó Esmoris.
Finalmente, el jerarca aseguró que el Estado «fue estafado» por los rescatistas debido a que «el buque Nuestra Señora de Loretto no está donde habían dicho que se encontraba», y remarcó que velará por «los intereses de todos los uruguayos para que esto no vuelva a ocurrir y no se sigan perdiendo bienes culturales». *
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