Los buzos trabajaron en el Río de la Plata a 15 metros de profundidad
Uno de los arqueólogos de la Universidad de Oxford que participa del rescate del Graff Spee, dijo a LA REPUBLICA que la pieza carece de valor arqueológico debido a que no aporta elementos nuevos al conocimiento histórico, pero sí posee cierto valor testimonial por su carácter de ícono de una ideología que sustentó el exterminio de seres humanos. «Verla salir del agua fue impresionante; fue como sentir a Hitler respirándote en la nuca», dijo conmocionado por el recuerdo de lo acontecido horas atrás.
La pieza de bronce, pese a la acción corrosiva que se supone el agua debe haber causado en los 66 años que permaneció sumergida a 15 metros de profundidad, aún mantiene la pintura original del buque e incluso las ranuras donde se insertaron los 147 gruesos tornillos que la sujetaron a la popa del Graff Spee desde 1936, se encuentran en perfecto estado.
Varias semanas atrás el equipo de buzos que comanda el rescatista de tesoros Luis Bado, la encontró casi por casualidad mientras rastreaba la zona con un sonar de barrido lateral, con la intención de localizar un cañón del barco alemán que será extraído próximamente.
Tras analizar las imágenes que daban una clara referencia de la posición del águila, se realizó una segunda excavación de un metro y medio de profundidad. Es el propio Bado quien toca por primera vez la cabeza de la escultura a unos diez metros de profundidad.
«Terminamos trabajando a quince metros de profundidad, enterrados en el barro, sacando uno por uno los 147 tornillos, cuya extracción supuso un octavo de vuelta por descenso», explicó el rescatista, quien agregó que los buzos permanecieron sumergidos realizando esta tarea entre 240 y 270 minutos por día.
De acuerdo con lo señalado por Bado, esta pieza posee un valor histórico importante debido a que el resto de las águilas que adornaban los buques nazis fueron removidas y destruidas en 1940 a causa de una decisión del gobierno nazi, motivada por la pérdida de ésta en diciembre de 1939, cuando el comandante del buque resolvió hundirlo tras la Batalla del Río de la Plata, mantenida con los cruceros ingleses Ajax y Achilles y Exeter.
«Estas piezas eran consideradas trofeos de guerra de manera similar a como se estilaba en el imperio romano, por ello los alemanes no quisieron que estas águilas fueran tomadas por sus enemigos. *
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