Queso Magro y A Contramano hicieron "Carambola" doble
A segunda hora, lo de Carambola sólo confirmó el llamado de alerta en relación al pozo en el que ha caído la categoría de revistas, dos de cuyos conjuntos concursantes ya han jugado todos sus boletos, quedando muy lejos del nivel competitivo que esa expresión carnavalera requiere, más allá inclusive de recursos o posibilidades, desnudando carencias creativas y conceptuales que no se suplen con aportes materiales. En virtud de lo realizado por ambas murgas participantes de la etapa, la misma puede catalogarse con saldo favorable para el espectador.
Todo vuelve a empezar
Se plantó firme esta Queso Magro 2006. Una ambiciosa propuesta nos introduce en un fantástico mundo recreado por los dirigidos magistralmente por Tabaré Aguiar, en donde hasta los cigarrillos cantan y elevan su protesta. Durante casi toda la actuación, la murga enfrenta a la muerte amenazante, echando mano para ello a los recursos más inverosímiles, aún cuando en el propio saludo canten que «esta murga se muere por salir en Carnaval». No tenemos dudas de que estuvimos ante una de las mejores propuestas vistas hasta ahora en la categoría, en lo que va del certamen; propuesta que encuentra su única limitación en las escasas posibilidades de lucimiento de un coro pequeño, lo que no obsta para que el disfrute del público sea completo. El irreverente director escénico contagia a sus compañeros, marcando de alguna manera el ritmo constante de la actuación, y «con la espada de Damocles» pendiendo sobre sus cabezas, ya que la muerte decidió ir por ellos, desenvuelven su arsenal pleno de sátira y comicidad. Aun cuando, al igual que en uno de los cuplés, Queso Magro «casi, casi» redondea un gran espectáculo, a la hora de la despedida, lo absurdo de la situación una murga que se va volviendo , quebrando el sentimentalismo tradicional, únicamente nos deja espacio para reír y aplaudir la ocurrencia, que también es reflexión. Porque para Queso Magro todo vuelve a empezar, aunque «queden en la orilla».
Todo sigue como está
A segunda hora, se presentó la revista Carambola, desarrollando un espectáculo a través del cual se pretende reivindicar al artista nacional, intentando hilvanar en cada cuadro, a partir de las situaciones recreadas, una trama argumental que hasta el momento final de la actuación no aparece clara. Es un buen plantel del que dispone Carlos «Bocha» Pintos, pero las debilidades del texto conspiran incluso contra las posibilidades de los actores, que podrían haber dado muchísimo más, de contar con otros recursos de libreto. Hugo Blandamuro, a quien no le vamos a descubrir nosotros sus dotes actorales, no encuentra «el» personaje, y todo el potencial de los promisorios Virginia Rodríguez y Gustavo Antúnez naufraga en la misma confusión, cayendo incluso por momentos en algunas imprecisiones. Los mejores chispazos como el show de tambores , se logran gracias al esfuerzo extraordinario del elenco, pero sin ideas, o cuando los caminos no conducen a ninguna parte, es difícil balancear las situaciones. Las dos pantallas gigantes colocadas a ambos lados del escenario no aportan nada al espectáculo, ni como complemento, ni como soporte visual, y de esa manera ineluctable el hilo argumental se va desvaneciendo como el humo que brota en la escena. Creemos y esto es una opinión muy personal , que utilizar la imagen del recientemente fallecido Horacio Buscaglia es más un recurso oportunista que acertado. En definitiva, todo sigue como está en la categoría.
Todo se convierte en duda
Cierre a toda murga en la décima etapa; con una A Contramano que sigue fiel a su estilo de hacer murga, y de alguna manera continuando con una secuencia argumental que ha posicionado al conjunto, más allá de los avatares del Concurso Oficial. En el vestuario, en la puesta en escena, sabemos frente a qué murga estamos, y nos preparamos para el viaje… Esta vez, en dirección al «beneficio de la duda», que convocará indefectiblemente a una variada gama de personajes. Desde el ilusionista interpretado por Pablo Barrios, hasta el despistado Tardini, personificado por Pinocho Routin, en donde la batería protagoniza un «minishow» excepcional. A Contramano nos sube al escenario y nos coloca en medio de todas las situaciones, sin retacear la crítica punzante ni la aguda denuncia, «en la bandera uruguaya vamos a ver estrellitas». En un pasaje de la obra de Heinrich Böll, «Opiniones de un payaso», el protagonista dice que «hace tiempo que pienso en una pantomima con llaves: pienso en un manojo de llaves de hielo, que se van derritiendo mientras transcurre el número».
Se nos ocurre un cierto paralelismo con la propuesta de A Contramano, pues con esos elementos tan fugaces como perecederos, la murga recrea cada situación, con profundo espíritu poético sin perder la esencia carnavalera, alcanzando su punto más alto en el cuplé del malabarista, con un Albino Almirón dando todo de sí.
El corolario de la presentación de A Contramano es la hermosa despedida que en el momento de la bajada, la gente acompaña de pie sin escatimar aplausos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad