"RECLAMAMOS 400 MIL VECES Y NADIE SE HACE CARGO"

Vecinos de Tres Cruces denuncian a un indigente instalado hace 2 años

Brenda Pérez tiene un local de comidas en Presidente Batlle y Urquiza. Desde la puerta de su comercio se observa hasta con detalles el «hogar ambulante» que levantó un hombre en medio de la vereda. «Bromatología nos exige un montón de normas, pagamos los impuestos, todo el mundo sabe cómo están las ventas en este país y nadie puede sacar a una persona que vive en la mugre frente de mi negocio», se preguntó ayer la mujer.

La «mugre que se junta» donde está instalado el hombre es lo que más le molesta a Brenda. «Me da bronca por el local, porque es un lugar donde se hacen alimentos y por la presencia de este hombre bajaron las ventas», cuenta.

La comerciante agradece que de noche no tiene que ver a este hombre porque cierra el comercio cerca de las 16.00 horas. Pero los residentes de la zona, a metros de la terminal Tres Cruces, sí conviven con el indigente las 24 horas.

La opinión de Luis y Carolina, que viven en otra de las ochavas de Presidente Batlle y Urquiza, se repite en más de una vivienda de la zona. Ellos también lo ven y escuchan día y noche. «De día está tranquilo pero cuando empieza a caer el sol también comienzan a llegar sus invitados. Se juntan a hacer un asado, toman y después se escuchan gritos».

El matrimonio contó que «ya son pocos los vecinos que se animan a tirar la basura en el contenedor (ubicado a pasos del hombre), sobre todo las personas mayores». De hecho, la vereda es intransitable en el tramo donde está instalado el indigente, porque sus pertenencias (silla, mesa, tachos, telas y hasta una sombrilla) ocupan todo el ancho de la vereda.

Los niños que asisten a la guardería de la Federación Uruguaya de la Salud, ubicada a la vuelta del espacio del indigente, sufren asimismo las consecuencias. Las autoridades de este jardín decidieron suspender los paseos que hacían en el barrio, para evitar posibles problemas.

«Todo el mundo está preocupado por esta persona porque distorsiona la coexistencia social del barrio, contaron ayer a LA REPUBLICA la directora de la guardería, Graciela Villar y la administrativa Silvia Cabrera. Ambas manifestaron que «la asistente social del Centro Comunal 4 vino a verlo pero dijo que no pueden sacarlo por la fuerza».

Desde el Centro Comunal 4 aseguraron que recién anteayer ingresó una denuncia de los vecinos del barrio, por lo que todavía no hubo tiempo de intervenir. Mientras tanto, desde el Ministerio de Desarrollo Social aseguraron que esa cartera no tiene potestad para retirar a una persona por la fuerza; los ingresos a los refugios son voluntarios.

 

Las ratas, un capítulo aparte

Las ratas, que según los vecinos tienen el tamaño de «un gato», son otro dolor de cabeza para los habitantes de la zona. Tal es así que Luis y Carolina deciden mantener cerrada no sólo la cortina sino también la ventana de su casa por temor a que entren los gigantescos roedores.

«Baja el sol y empiezan a salir las ratas. Se nos meten en el patio, que no pueden usar los niños porque tenemos que poner veneno», se quejaron.

La guardería llamó a la Intendencia de Montevideo para desrratizar el edificio porque «si no las ratas se paseaban por todo el patio, donde juegan los niños cuando está lindo el día», dijeron las autoridades.

El predio fue fumigado el mes pasado, pero nadie tiene la seguridad de que no aparezcan nuevamente. Mientras tanto, apelan a la esperanza de que los roedores prefieran quedarse al aire libre y no debajo de sus techos. *

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