Grandes actuaciones de murga Momolandia y humoristas Los Carlitos
Una agrupación lubola debutante –Silanga Nsundu–, una murga con trayectoria reconocida, como Momolandia, y el popular conjunto de humoristas de Cachito De León, fueron quienes protagonizaron una etapa en la cual el balance final, aunque dispar, mostró los indicadores en dirección hacia arriba. El certamen ya entra en pleno clima y el público empieza a hacer sus pronósticos, comenzando las especulaciones a recorrer pasillos y mostradores del Templo de Momo. Hay quienes le llaman a esto, «la sal del Carnaval».
Entre olvidos y memorias
La comparsa lubola debutante confirmó la impresión que nos había causado en su presentación en la prueba de admisión, demostrando que llegó al «Ramón Collazo» a defender su espectáculo con muchos bríos y con argumentos variados. Fue así desgranando su propuesta que nos lleva de la mano al tema central del conjunto, a lo largo de toda la actuación. La memoria y el olvido. La memoria como forma de rescatar el pasado y revalorar lo que se ha perdido, a través de los propios personajes de la comparsa. Por su parte, el olvido juega sus cartas apuntando a la confianza en la vuelta a las raíces, sin esquivar la polémica en el sentido de lo que implica la supuesta «modernización» de la categoría. Textos bien realizados, buena musicalidad y un vestuario muy cuidado, cambiando en cada cuadro inclusive, lo que demuestra la preocupación del conjunto por atender todas las líneas del espectáculo. Hubo algún déficit en el coro, en general, y en algunos solistas en particular. Uno de los momentos de mayor destaque fue el cuadro del nacimiento, en el que el niño no viene con un pan debajo del brazo, sino con un tambor. «Las raíces están siempre y el candombe no va a morir», reafirma Silanga con fuerza y convicción.
Entre comunicación y abrazos
Excelente vestuario y un «coro de novela», y es Momolandia que irrumpe en escena para presentar una propuesta murguera para la cual reúne un plantel de experimentados murguistas, excelentes técnicos y un director escénico y arreglador coral como Daniel Pereira, a quien debemos aplaudir por su retorno a las tablas carnavaleras, para demostrar que está en un muy buen momento. Esta Momolandia que está acostumbrada, como la misma murga lo dice a «cantar contra todos los vientos», canta fuerte, claro y bien. Los «falsos» árabes del saludo presentación nos introducen en un laberinto de caminos varios, que van acercándonos de algún modo al proceso evolutivo de las comunicaciones a lo largo de la historia.
Notable trabajo de Tabaré Luzardo, «afincado» definitivamente y como pez en el agua, en la categoría, secundado por Jorge Velásquez, quien de pronto no está del todo bien aprovechado, y una participación colectiva que redondean una gran labor, regalándonos una hermosa despedida precedida por un emotivo solo del Canario Pereira.
El gran día de Los Carlitos
Con el marco de una escenografía bien resuelta y unos misteriosos espantapájaros dominando la escena, el popular conjunto de humoristas de Cachito De León inicia un «tour» por el humor, para deleite y regocijo de los espectadores. De esa forma, vemos aparecer en el escenario las más representativas vertientes humorísticas que confluyen en esta propuesta de Los Carlitos, de manera tal que se logran momentos de notoria calidad artística. Descollante Ledys «Panchito» Araujo, en uno de sus mejores años, acompañando con sus dotes natas de histrión a un elenco a todas luces solvente y participativo para defender un espectáculo redondo.
Humor en el saludo, en las tres minihumoradas, y como si fuese poco, humor en la despedida –¿será el año este de los sindicatos de los componentes de humoristas?–, dan rienda suelta a toda la comicidad de Los Carlitos. *
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