Tronar de Tambores, Araca la Cana y Sociedad Anónima tallaron bien alto
De alguna manera, en la noche del lunes se combinaron algunos factores que tienen que ver con la convocatoria masiva. Tres grandes imanes para el espectador: Julio Sosa «Piel Kanela», Araca la Cana y los «gauchos patones». En ese marco de graderías colmadas y público expectante, el certamen Oficial de Agrupaciones prosiguió su marcha avanzando hacia las instancias definitivas. Hasta ahora sólo hubo una suspensión por mal tiempo. En otro orden, se sabe ya que el conjunto de parodistas Momosapiens, que actuó en la cuarta etapa, será penalizado por haber descendido del escenario pasado el tiempo reglamentario.
Tronar y su ópera negra
Buena escenografía, bien resuelta, con sencillez, pero con cierta dosis de ingenio y un vestuario llamativo y colorido; un cuerpo de baile de los mejores que ha logrado conformar Julio Sosa, la presencia de Daiana Rodríguez y Jacqueline Gularte, y una poderosa «cuerda», son cartas que Tronar de Tambores exhibe ni bien se descorre el telón, y nos introduce en un sueño largamente acariciado por el mítico bailarín: la ópera negra. Con letras y textos de Eduardo Tano Di Lorenzo, la agrupación va desplegando en escena toda gama de recursos que convergen al mismo fin, reivindicar las raíces del negro, la vigencia de la Madre Africa y llevar al público a reflexionar acerca de un tema que no se agota en Carnaval. Tronar de Tambores se vale para ello de experimentados actores, como Carlos Cabral de pronto no del todo aprovechado , y Juan Luis González, de un coro firme y armonioso, y de muy buenos solistas como Joseline Torena y Sergio Pérez. Fue sin dudas una apuesta grande la de Kanela, que no midió recursos y puso como ya es su costumbre «toda la carne en el asador». Fueron momentos de destaque, entre otros, el cuadro del escobero, el de los gramilleros y el instante crucial en que hablaron los tambores, más allá de la atención natural que despierta la aparición en escena del interminable Kanela. Confirmando su opción por la comparsa tradicional, manteniendo su consecuencia con un estilo de hacer candombe Tronar llega al final con una fiesta de sonido y color.
Araca y el dolor de festejar
A segunda hora, llegó al escenario del «Ramón Collazo», la vieja murga de los canillas, Araca la Cana, sorprendiendo con su vestuario original, colorido y vistoso. De entrada, la platea pudo comprobar que estaba frente a un coro potente al mejor estilo Araca, resultado en gran medida de la labor de quien resultó ser un notable hallazgo de Catusa Silva: Pablo Porciúncula, además director escénico. Estos pintores de obra que la murga nos propone pintan desde el vamos, una propuesta hilvanada con acierto, contando para ello con un plantel que dio sobradas muestras de solvencia, destacándose Mónica Santos en su rol de mujer, representativa de todas aquellas mujeres que de alguna forma son «sobrevivientes del sistema». Araca colorea en todo momento, haciendo vibrar las estructuras del Teatro con su canto, alcanzando puntos altos en la aparición del sicólogo, con un notable Gonzalo Queiroz, que resultó otra grata revelación componiendo un personaje singular, que intenta ayudar a la murga, la que de todos modos seguirá sufriendo el dolor de festejar. Una actuación redonda de Araca la Cana, que nos conmueve, nos sacude y nos «murguea» por los cuatro costados.
Los gauchos «no se venden»
El cierre de la etapa fue a toda risa, con la actuación del conjunto de humoristas Sociedad Anónima, que vuelve a proponernos un espectáculo integral desde el comienzo mismo, con un tan absurdo como insólito reclamo sindical en pleno saludo, lo que da pie al desarrollo de toda la trama, que se irá tejiendo en torno a la posibilidad de vender lo que sea para poder comprar una casa en Montevideo y evitar así los agotadores viajes diarios del conjunto. Fieles a su estilo, con la misma receta aplicada con éxito hasta ahora, los humoristas de San José logran ingeniosas situaciones de mucho humor, como en el «remate» del compañero componente, contando además con la gustosa complicidad del público.
Ambas humoradas, «el hospital de veteranos», habitado por «soldados usados», y el viaje inusual de los tradicionales gauchos patones a Holywood, recrean y confirman una línea de hacer humorismo, que si bien no siempre logra los resultados esperados, es defendida a capa y espada por Sociedad Anónima, que tampoco descuida aspectos sustanciales como el vestuario, la escenografía o la puesta en escena.
Luego de muchas idas y venidas, los famosos «Jilgueros» deciden «no venderse» y emprenden el viaje de retorno, que también es de alguna manera el retorno del grupo a las fuentes, con Barceló y Esteche como piezas claves del andamiaje. *j
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