GRAN FAENA DE HUMORISTAS LOS CHOBY'S EN 6ª ETAPA

Noche de Zíngaros reafirma popularidad del conjunto

Cánticos, banderas, globos, carteles, camisetas celestes –color distintivo este año del conjunto de Ariel «Pinocho» Sosa–, gritería ensordecedora por momentos, con entradas agotadas desde hacía bastante tiempo, conformaron un aluvión de sensaciones que sólo una fiesta popular como el Carnaval puede ofrecer. Sabido es que la popularidad de un conjunto va mucho más allá inclusive de los eventuales resultados que la agrupación pueda obtener en el certamen. La adhesión que Zíngaros recibe de parte de su hinchada, tal vez escape a cualquier tipo de consideración racional, pero lo cierto es que le da un empuje y le transmite una fuerza al grupo, imposibles de no reconocer. Esto hizo de la jornada del domingo una verdadera fiesta de Carnaval.

 

Entre lo posible y lo verdadero

Abrió la sexta Etapa, la debutante murga La Quimera, que fundada en el barrio La Blanqueada, en el año 1999 para participar en el Encuentro de Murga Joven, llegó en esta oportunidad al Carnaval oficial. Lució bien vestida y mostró un coro bastante solvente que tuvo momentos de tenues brillos, y una batería sumamente participativa. Así, comenzó a rodar la peatonal de La Quimera, por donde fue desfilando toda suerte de artistas callejeros, logrando pasajes muy interesantes. A medida que avanzó el espectáculo se fue perdiendo algo de ritmo y el libreto, que supo de aciertos, dejó al descubierto algunas debilidades, aun cuando sin remates logrados, se alcanza un inusitado éxito con la intervención del stripper. Las carencias interpretativas y de libreto se acentuaron en el cuplé del relojero, pero aun así, la murga recogió la adhesión del público y bajó del escenario con mucha fuerza y aplaudida de pie. Ya lo dice el diccionario de la Real Academia: Quimera, es aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo. Esta quimera sin embargo, fue posible.

 

Entre el cielo y el infierno

Aun cuando el excesivo protagonismo de Leonardo Pachela pudiese conspirar contra el balance final del aporte colectivo al espectáculo de humoristas Los Choby’s, el resultado fue sumamente beneficioso para el conjunto, pero más para quien tuvo la posibilidad de disfrutarlos: el público. A pesar de los malos recuerdos de la primera incursión del grupo en el certamen, persiste en el entramado textual que da de alguna manera soporte a la propuesta, una de las claves que no son fáciles de alcanzar y manejar por quienes realizan humorismo: el placer y la grandeza de reírse de sí mismos. No sólo el actor-protagonista Pachela, se encuentra en el dilema, entre el cielo o el infierno, sino que todo el andamiaje de Choby’s, a lo largo de su única humorada descansa en la elección constante entre el humor y el absurdo, con momentos de aciertos indudables, como la intervención de los pingüinos de Vázquez Melo, y algunas «caídas», como en el pasaje del piquete. En definitiva, Los Choby’s lograron lo que la categoría pide: ¡hacer reír! El monólogo final de Leonardo Pachela fue de lo más reidero de la noche.

 

Entre Disney y Guevara

Otra vez el popular conjunto de «Pinocho» Sosa apostó fuerte al espectáculo global, apelando a una infinita gama de recursos técnicos y estéticos, combinando inclusive mecanismos clásicos del mejor «music hall», con elementos tradicionales del Carnaval nuestro y en particular de la categoría, que Sosa conoce al dedillo.

Desde el vamos «los matadores de tristezas» consiguen la complicidad de la enfervorizada platea que acompaña con un «ole», y en ese clima va desenvolviéndose la propuesta de Zíngaros, con la parodia de Walt Disney -¡qué bueno hubiese sido haber elegido a Peloduro! , que ofrece momentos de aciertos como el homenaje a la despedida escrita por el «Diablo» Machín y cantada por la murga Nos Obligan a Salir hace casi cuatro decenios. En la parodia del Ché Guevara, también encontramos pasajes muy bien logrados, como el recurso de armar una embarcación con dos escaleras, el tiro al blanco, o la aparición de Mercedes Sosa; con un Aldo Martínez siempre inspirado. Finalmente, Zíngaros «baja la luna» para un público que no se movió de su asiento hasta la finalización del espectáculo. *

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