¿Qué hacemos con el Desfile de Llamadas?
Pero cuando para algunos esta espera comenzó a «oler» a excusa y cuando no son pocos los lectores que reclaman de algún modo una toma de posición, o un comentario más comprometido, llegamos al punto en que el cronista ya no puede mirar para el costado y hay que darle al teclado. Cuando iniciamos nuestras crónicas el pasado 7 de enero, bajo el título «Declaración de guerra o confesión de amor», decíamos entre otras cosas que, «desde la salida de la dictadura han transcurrido más de veinte carnavales, y lo que en un momento parecían soluciones necesarias para rescatarlo de su letargo se han ido convirtiendo con el pasaje de los años en metas inalcanzables». Pues bien, el Desfile de Llamadas se enmarca dentro de ese cuadro; ahora, frente a los hechos consumados surge la pregunta más clara: ¿cómo sigue esta historia?
Suspender o no suspender
He ahí la cuestión. Eso ya no tiene solución, como no la tiene la muerte de la joven bailarina Andrea Mendoza, pero aquí aparecen las primeras interrogantes antes de continuar adentrándonos en el tema. ¿Podría haberse hecho otra cosa? Cualquiera que estuviese desfilando, en un evento en el que participan entre 3.500 y 4.000 personas, podría sentirse mal o sufrir un quebranto de salud, pero ¿de qué manera un servicio de emergencia puede llegar hasta el hipotético lugar del accidente? ¿Cómo evacuar al herido o afectado si ello fuese necesario? ¿Qué hay de la máxima aquella de que «el espectáculo debe continuar»? ¿Continuar cómo? ¿En qué condiciones? Esto, sin duda deberá preverse en el futuro. Pero vayamos al punto concreto de la suspensión porque en la decisión tomada, a nuestro entender se encuentra una de las claves para discernir los próximos pasos. Una vez tomada la decisión de suspender, se evalúa qué hacer, si decretar la nulidad del desfile o hacer desfilar las comparsas que no lo hicieron al otro día, o fijar la fecha más adelante y pensar en otro sitio, que fue finalmente lo que se hizo. No estuvimos en esa situación y damos nuestra opinión ahora, a tres días de los sucesos, con muchas cartas vistas y en la tranquilidad de nuestra mesa de trabajo. La determinación en sí, de suspender o no las Llamadas no la vamos a analizar; eso ya está hecho, fue lo que se creyó más apropiado en ese momento y dadas las circunstancias. La cosa aquí es, qué pasara ahora y cómo evitamos la reiteración de la historia.
Segundas partes nunca fueron buenas
Les guste o no a muchos, el Desfile de Llamadas ya finalizó; comenzó pasadas las 20.00 horas del viernes 3 de febrero con la salida del grupo de Mundo Afro y acabó a las 3.25 de la madrugada del sábado 4. luego del pasaje frente al jurado de la comparsa La Jacinta. De lo contrario, para que ello no ocurriese así la finalización definitiva del Desfile , las doce agrupaciones restantes tendrían que haber continuado desfilando al otro día, sábado, en el mismo ámbito, con las mismas características y detalles. Por las causas y los motivos que fueren esto no pudo instrumentarse. Entonces se abren sólo dos caminos: anular el certamen el Desfile no se puede anular porque ya se hizo , declarando desiertos los premios y distribuir el monto total de las retribuciones previstas, en partes iguales entre todas las comparsas inscriptas. El otro camino es otorgar los premios tomando en cuenta sólo a las comparsas que desfilaron, distribuyendo el monto restante en partes iguales entre las sociedades que no desfilaron. Nos podrán odiar por este planteo, pero nosotros no vislumbramos otro. ¿Por qué? Porque pretender realizar el «complemento» del Desfile en el predio de la Rural del Prado es como querer jugar el pico de veinte minutos de un clásico entre Nacional y Peñarol suspendido por incidentes, en el campito del Ciclón del Cerrito, sin desmerecer a la querida institución de fútbol infantil. Se ha dicho que los propios integrantes del jurado habrían propuesto e impulsado esta solución, pero se nos ocurre que debe ser potestad de la División Turismo, decidir qué hacer y cómo hacerlo. ¿Alguien pensó en las complicaciones y los riesgos que esta medida puede aparejar? ¿Ese supuesto desfile va a ser con público? ¿Cuánto público? ¿El que ya pagó su silla o su palco para el viernes pasado tendrá derecho de estar presente para ver lo que no pudo? ¿Será con entrada libre? La Rural del Prado es una pequeña villa, con sus calles, plazas, construcciones… ¿imagina usted lector, al caer la noche, un sinnúmero de personas con entrada franca, pululando entre galpones, pabellones y cuanto recoveco tiene el predio? ¿Van a instalar gradas? ¿Se apiñará la gente contra el vallado para ver mejor a cada comparsa? ¿Vamos a seguir jugando con fuego? ¿Vamos a hacer ese desfile a puertas cerradas como el partido de los 9 contra 11? ¿Qué va a evaluar el jurado en ese contexto? ¿Qué puede sacar en limpio? ¿Será una «fiesta del tambor», una noche de candombe o una triste parodia de las Llamadas, que contribuirá aun más al deslucimiento del evento? Señores, el desfile acabó, por la razón o el motivo que fuera. En 1967 se suspendió el Concurso Oficial de Agrupaciones por causas varias, entre las cuales una huelga de municipales. En 1955, Salud Pública suspendió la Semana Criolla del Prado por la epidemia de poliomielitis, no hubo jineteadas ni payadas y por consiguiente no hubo premios para nadie, y ninguno murió por ello. Son decisiones difíciles, y admitámoslo, nada populares, pero jugarse por alternativas que sólo contemplan una parte del amplio espectro, también puede llevar a un callejón sin salida.
De dictadores a demócratas
Si alguien cree que criticar es fácil y proponer ideas o realizar aportes también lo es; entonces les daremos el gusto con lo segundo. No existen más condiciones para realizar este Desfile popular en una callecita cuyas veredas son tan angostas y las propias características de las edificaciones no permiten mayor juego a la hora de resolver la circulación del público. Las Llamadas no deben salir de la zona, pero deben realizarse por la Avenida Gonzalo Ramírez desde Jackson hasta Blanes, disponiendo de amplias gradas en buena parte del trayecto, dejando librado al pasaje de gente un sector de las veredas, de por sí más anchas. El vallado que rodee la zona, desde algunas cuadras antes debe ser efectivo; si no se puede ingresar al estadio para un partido de 90 minutos , con botellas, termo y mate, y sin pasar en muchos casos por un cacheo policial, ¿por qué permitirlo para entrar a un evento de casi ocho horas de duración? ¿Qué puede hacer un energúmeno en estado de ebriedad con una botella vacía en la mano? ¿Tenían razón los dictadores al «sacar» las Llamadas de su ámbito natural? No, y además las razones eran otras, cuando al decir de Víctor Manuel, ellos mismos eran «el resumen a vencer», pero además, eran otros los concursantes no sólo en cantidad , era otro el entorno y otra la realidad. Hoy, para el lumpen medio, para el desclasado sin cultura, para el marginal, el enemigo es el que está en la vereda de enfrente, el que se viste distinto, el que es de otra comparsa, el que tiene una mina más linda, el que habla diferente… y en esta realidad dura y compleja, el Desfile de Llamadas tal como está, en ese lugar y con estos parámetros, sólo es un caldo de cultivo para desgracias mayores. Debe realizarse además, en pleno Carnaval, un Desfile clasificatorio de comparsas en 8 de Octubre, o en Gral. Flores, o en la Rambla Portuaria, con 15 agrupaciones, las primeras de las cuales participarán al otro año en el Desfile de Llamadas del Grupo Especial, que tendrá que ser de 15 también, y cuyas última
s pasarán al Grupo Clasificatorio. Es la hora de cambiar, y de cambiar a fondo, no hay más espacio para remiendos o parches, y si es verdad aquello de que «cada solución genera nuevos problemas», busquemos de todos, el mal menor. La ciudad y su gente lo reclaman. *
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