Celulosa: ¿conflicto ambiental?

La fuerza de la razón

 

Un país forestado. ¿Qué hacer con la madera? Desde hace casi dos decenios, a partir de la aprobación de la ley forestal, nuestro país impulsa la actividad forestal. La plantación de árboles se transformó en una alternativa atractiva para las áreas del territorio definidas como de prioridad forestal y en la actualidad la superficie plantada supera las 700.000 hectáreas. Sin duda habrá que diversificar esa matriz en el futuro.

Este desarrollo productivo obliga a una definición como país: dedicarse a exportar materia prima básica para que sea procesada en otra parte, o alentar la industrialización agregando valor y trabajo nacional al producto exportable. Se optó por lo último. El destino final de la madera puede ser diverso: la leña, la construcción, la mueblería u otros, como los enchapados multipropósito que exportamos, pero el mayor volumen en los años inmediatos (no es ineluctable en el mediano plazo) se concentrará en el procesamiento industrial para la extracción de la pulpa de celulosa, materia prima básica para la elaboración de papel, un producto cuya demanda mundial crece.

 

Las tecnologías posibles. En el pasado estas industrias siempre fueron acusadas con justicia de ser altamente contaminantes, en especial por la utilización de cloro libre o elemental para el blanqueo de la materia prima. Pero se puede minimizar el impacto negativo de las plantas de celulosa con tecnologías avanzadas. A esa nueva generación pertenecen las plantas que se construyen en el Uruguay. La tecnología llamada ECF (Elemental Chlorine Free), basada en la utilización de dióxido de cloro como agente oxidante principal, así denominada como contraposición a la tecnología históricamente tradicional de blanqueo con cloro elemental o hipoclorito de sodio, significó un importante avance. La tecnología de producción ECF es la que aplicarán las dos plantas de Río Negro. Esta tecnología se ha ido imponiendo y la inmensa mayoría de la producción mundial de pulpa de papel se blanquea así, mientras que una mínima parte aplica procesos totalmente libres de Cloro (TCF), los que además de ser más caros y generar productos de inferior calidad, alienta sospechas de provocar otros problemas, mayores o al menos equivalentes, para el ambiente y la salud. El sistema sin nada de cloro, ni siquiera dióxido de cloro, utiliza otros químicos que contaminan en alguna medida.

En 1996, el Banco Mundial recomendó el blanqueo TCF, pero la Convención de Estocolmo validó en 2001 la tecnología ECF. El proceso ECF está señalado dentro de las Mejores Tecnologías Disponibles establecidas por la UE. La Directiva 96/61/EC relativa a la prevención y control integrados de la contaminación establece lineamientos para evitar, o en su defecto reducir las emisiones a la atmósfera, el agua y el suelo (incluida la generación de residuos) aplicables a una lista de actividades que incluye a las fábricas de pulpa de celulosa. Quiere decir que el proceso industrial se hará en Río Negro con la tecnología de mayor aceptación mundial y de probado menor impacto ambiental. Se debe tener en cuenta que la UE no permite construir a ninguno de los países que la integran, plantas fuera de su territorio que no cumplan con los mismos requisitos que en sus naciones.

 

La actitud del Uruguay. El Uruguay ha sido especialmente cuidadoso en cada una de las etapas, de forma de minimizar los riesgos e impactos posibles. Cumplió escrupulosamente con toda su legislación e incluso la adecuó para mejorarla. El resultado de los numerosos estudios realizados ha sido unánime: los impactos esperables serán admisibles con los máximos establecidos en la normativa nacional e internacional de referencia. Así se han expresado todos los consultores y técnicos que analizaron la situación. A nosotros no nos basta con que una agencia o consultora haya realizado un estudio sobre el impacto ambiental acumulado de las dos plantas a pedido del BM y emita una opinión preliminar favorable. Somos más exigentes. Y confiamos en la capacidad e independencia de criterio de nuestro gobierno.

Planteada la preocupación argentina, nuestro país ofreció toda la información solicitada y existente, y también establecer mecanismos de monitoreo conjuntos, incluyendo a la sociedad civil y a los gobiernos locales de ambas márgenes. El cuidado del medio ambiente debe ser preocupación permanente, regional y mundial, ya que hay ejemplos de daños que no respetaron fronteras. Incluso el Mercosur puede tomar este entredicho como punto de partida para iniciar una tarea conjunta de reglamentación y control ambiental (no basta con el Acuerdo Marco), ya que todos sus miembros están fuertemente interconectados por la cuenca del Plata y los grandes ríos que la integran. Seguramente en el ranking de los contaminadores regionales vamos a quedar muy lejos de nuestros socios y vecinos.

 

Las inconsistencias de Greenpeace. No obstante esto, desde la otra orilla del río se ha desatado una especie de «guerra santa» contra la construcción de las plantas. Se han difundido sistemáticamente informaciones alarmistas y falsas y desatado una campaña aterrorizante. Incluso alguna organización ambientalista prestigiosa como Greenpeace se ha subido al carro en forma totalmente incoherente con su actitud en el resto del mundo, particularmente en Europa. Como lo ha recordado el edil de la Vertiente Artiguista Luis Masey, Greenpeace central admite como ambientalmente válido el proceso ECF, no hace campaña en Finlandia, donde hay numerosas plantas ECF, ni en Alemania, donde recientemente se inauguró una planta ECF en Stendal subsidiada por un gobierno integrado por el partido Verde, a 500 mts. de una reserva de biosfera, ni en Suecia donde la planta de Vallvik ha dejado de fabricar TCF pasándose totalmente a ECF. Bien sabe además que el desastre de Pontevedra se debe a la época en que se aplicaba la tecnología de cloro elemental, y que el debate sobre las causas de la muerte de los cisnes de cuello negro en Valdivia, Chile, está abierta y con opiniones muy encontradas entre las universidades chilenas. Sin embargo la filial argentina ha perdido totalmente la objetividad y la seriedad científica. No se debería incursionar en conflictos que afectan a más de un país con efectos tan contraproducentes, ni incurrir en errores de apreciación política que dañan al movimiento ambientalista mundial (del que somos parte).

La actitud del vecino. Nada fue suficiente: lo que debió ser una discusión civilizada y diplomática se transformó en una causa que afecta la dignidad nacional en ambas márgenes, debido a la actitud agresiva y prepotente alentada desde el gobierno provincial de Entre Ríos, aplicando cortes de ruta que impidieron el paso de miles de turistas y secuestrando varios camiones con mercaderías. La posición argentina no tiene fundamento científico alguno, y resulta poco consistente con el atraso de las papeleras propias. Desde Misiones y Corrientes se ha cuestionado la actitud de sus compatriotas, seguramente para evitar ser blancos de campañas ambientalistas.

En marzo de 2004, el canciller argentino Rafael Bielsa y el canciller uruguayo, Didier Opertti, firmaron un protocolo declarando solucionado el diferendo sobre las plantas de celulosa. El 18 de noviembre de 2005 el doctor Atilio Savino, secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Ministerio de Salud y Ambiente de la RA y el arquitecto Mariano Arana dirigieron una carta al director regional de Pnuma por la cual solicitaron colaboración para fortalecer las capacidades de Evaluación y Control Ambiental de Industrias Forestales. Recientemente el doctor Savino reiteró opiniones moderadas, compartibles y coincidentes con la de destacad
os técnicos de la Argentina como Enrique Martínez, ingeniero y presidente del INTI.

Por intereses político-electorales provinciales y también comerciales (¿adónde irían a procesarse los troncos uruguayos de no haber plantas? ¿adónde habrán ido a veranear los argentinos bloqueados?), se echó a andar un proceso que escapó del control oficial, y se han cometido abusos graves que de ninguna manera lograrán modificar nuestras decisiones.

La acción diplomática de nuestro gobierno ha tenido el apoyo unánime de todas las fuerzas políticas y las organizaciones sociales más representativas. La misma debe complementarse con acciones destinadas a informar a la opinión pública argentina (los conflictos de esta naturaleza se ganan en la cabeza de la gente). La fuerza de la razón pesará más que la razón de la fuerza. *

 

(*) Senador de la República

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