Palo y Tamboril
Grandes fogatas esquineras en el barrio Reus al Sur. Por las canchitas de la rambla, por las rocas y las olas comienza el repique. Cae un sol tan rojo como allá en la selva africana. El convento del Medio Mundo era tremendo alboroto. Morenazos que salían corriendo, las doñas de mota apretada con floreadas pañoletas y los negritos con estrellitas y luces pintadas en sus caras. «Largó la Llamada» es un grito que corre por los adoquines, choca contra las agrietadas paredes y se pierde en un cielo que ya quería ser negro.
Viene la negra Jhonson, diosa de ébano que descalza siente a los duendes telúricos que le dan candela y sabor. Espejitos y pieles con las voladoras escobas de Triqui Triqui, Melonio, el Tito González y Luis Lara. Las siluetas se contonean en su rito ancestral y las banderas ondean los colores de la libertad. Por las calles chiquitas llega Pirulo Albín, el pibe Zulú y un joven Piel Canela que sacuden, bailan y se quiebran sin cesar. Espléndida Marta Gularte que el Macho Lungo estaba moldeando en su novedoso rol de «vedette». Aún quedaban fuerzas en los veteranos Esclavos de Nyanza que muestran lanzas y feroces máscaras para librar a su pueblo de todo mal. Es un hervidero el boliche Casupá de Isla de Flores y Minas, todo un bastión de los poetas del verso afro que rodeaban al maestro González Prado. Por el Café Palermo por Maldonado y Ejido, corre el tinto semillón, mientras el Ãato Pedreira cuenta el penúltimo chiste antes de arrancar a vichar las comparsas. Dándole al parche y con la cara cubierta por un mascarón es difícil reconocer a la «Maravilla Negra», Leandro Andrade, que asombró a los franchutes y fue codiciado por las finolis madames del linajudo París. Pasa la Morenada del querido Juan Angel y son un junco las cinturas de los gramilleros Grillo y Gariz. El vestuario tiene el arte y la elegancia del gran Salvador Picó. Todo el desfile es como una Fantasía Negra, poema de panteras, leones y un médico brujo que te alivia el dolor. Llegan desde la Villa de la Unión, Los Pobres Negros Orientales de Luis Pereyra Gardelito. Entre ellos, algún blanquito atrevido, con la cara tiznada a puro corcho quemado, que ahora al recordar garabatea de lo lindo y sueña que el paso del tiempo es una ilusión. Del fondo de la sede de Mar de Fondo surge la figura de Emilio Peduto, deportista, vecino del barrio y candombero de ley. Invitado por las comparsas está el genial Romeo Gavioli que homenajeó a la raza negra con sus temas «Tamboriles», «Abuelito Blanco» y el mítico «Baile de los Morenos». Dejando un rato sus guantes de boxear aparece Basilio Alvez. La sonrisa de la jovencita Rosa Luna empezaba a encandilar y la noche del tambor resplandece con su andar. Palermo y el Sur, todos son iguales con la sangre que mancha el parche querendón. Para zafar del botón destino como antes habían derrotado a la esclavitud. Son Las Llamadas, golpeteo, fuegos, media lunas y una estrella marcando el camino de la Libertad. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
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